EL VERANO SE CONSOLIDA COMO UNA DE LAS ÉPOCAS PREDILECTAS PARA LA LECTURA ENTRE UNA POBLACIÓN VASCA EN LA QUE CASI EL 70% LEE POR OCIO
Con más tiempo libre y menos prisas, el estío se asoma como una de las épocas predilectas para la lectura entre una población vasca en la que, por cierto, casi el 70% lee por ocio, según el último Barómetro de Hábitos de Lectura y Compra de Libros en España. El verano no hace sino reforzar ese hábito. De acuerdo con el mismo estudio, el 30,9% de los lectores asegura leer más durante las vacaciones estivales. Si usted se encuentra entre ellos, aquí van algunas recomendaciones.
En las páginas de la primera propuesta se respira el ambiente de los prolegómenos del verano. Ambientada en las últimas semanas de mayo, cuando la primavera comienza a ceder terreno al estío, Albión (Libros del Asteroide, 2026), de Anna Hope, se adentra en los recovecos de la psique de los Brooke, una acomodada familia británica que se reúne en la mansión de campo familiar para despedir al patriarca Phillip. Sin embargo, Frannie, Isa y Milo no solo deberán afrontar su funeral. Lo que comienza como un duelo pronto se convierte en una confrontación donde salen a relucir intereses contrapuestos, secretos enquistados y un legado construido sobre privilegios que ya nadie puede seguir ignorando. Porque esa imponente mansión neoclásica, construida en 1789, es también el monumento a una contradicción histórica: la de una riqueza amasada gracias al tráfico atlántico de personas esclavizadas mientras Europa proclamaba los ideales de libertad e igualdad.
Como una Jane Austen posmoderna, Hope reinventa la novela de campo inglesa para abordar cuestiones como la raza, la clase, el colapso climático o la búsqueda de la identidad en una obra de prosa elegante y lirismo envolvente que atrapa desde la primera página.
Nada que ver con la crudeza y la violencia verbal de El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes (Impedimenta, 2019), de la escritora moldava Tatiana Tîbuleac. Tan breve como intensa, la novela relata el último verano que comparten una madre consumida por el cáncer y su hijo, Aleksey. Su convivencia aparece en un primer momento marcada por el rencor y la incomprensión mutua, hasta el punto de rozar el odio. Sin embargo, unas vacaciones en un pequeño pueblo del norte de Francia terminan convirtiéndose en un proceso de reconciliación que transformará para siempre la vida de ambos.
Estructurada en capítulos cortos, la novela se articula a través de frases igualmente cortas –y cortantes– que destilan la rabia de quien lleva años asediado por sus propios fantasmas. Tîbuleac describe con precisión quirúrgica las emociones más incómodas de habitar y construye una historia desgarradora, pero irremediablemente adictiva.
Ganadora del Premio Cálamo al Mejor Libro del año en 2019, El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes ha ganado tantos adeptos como detractores desde su publicación. Quienes lo critican, suelen reprocharle el odio que destilan sus páginas, una objeción a la que Tîbuleac ha respondido en más de una ocasión: quienes piensan así, sostiene, es porque nunca han vivido una experiencia semejante.
GÓTICO SUREÑO La literatura también puede convertirse en la puerta de entrada a universos tan inquietantes como el de la saga Blackwater (Blackie Books, 2024), de Michael McDowell. A lo largo de seis tomos, el autor desgrana los misterios que encierra una pequeña población del sur del Estado de Alabama, habitada entre otros por los Caskey, una poderosa familia de propietarios de aserraderos cuya historia se ve alterada por la llegada de la enigmática Elinor Dammert tras una devastadora riada. Este es el punto de partida de una historia que recorre cinco décadas de la vida de los Caskey, desde 1919 hasta finales de los años sesenta. Medio siglo narrado desde una voz enraizada en la tradición del gótico sureño que, por momentos, evoca a grandes maestros del terror como H.P. Lovecraft o Edgar Allan Poe y, en otros, se acerca a la voz de los grandes nombres del realismo mágico. Este cóctel de influencias viste una narración de ritmo adictivo en la que los grandes acontecimientos que marcaron el devenir de Estados Unidos se entremezclan con elementos legendarios propios del folclore sureño y con encarnizadas luchas de poder. En ellas, las mujeres ocupan un lugar central. De hecho, los personajes femeninos –y los feminizados– poseen una profundidad y una complejidad muy superiores a las de sus homólogos masculinos, relegados deliberadamente a un papel secundario, como si McDowell quisiera resarcir, desde la ficción, a tantas mujeres apartadas durante siglos del primer plano literario.
Que las mujeres sean quienes sostienen el peso narrativo es un rasgo común en la bibliografía de Michael McDowell. Si, tras el atracón de Blackwater quieren seguir explorando su universo, no dejen de leer Hijas de la venganza, publicada también por Blackie Books. Una historia que no les dejará indiferentes.
—Alejandro López

