Un viaje estratosférico y metaliterario a partir de textos desconocidos o directamente apócrifos
Adolfo García Ortega se apunta a la moda del turismo espacial y en su último libro nos invita a una evocador recorrido por la cara escrita de la luna. Los falsarios (en Impedimenta) funciona como una sofisticada guía para viajeros, en plan «cartografía de la luna a partir de sus representaciones narrativas». Se trata de una antología personal, y probablemente inventada, que repasa y cita por extenso supuestos textos de antiguos maestros, en su mayoría iluminados y orates.
Esta exploración meta literaria, que mezcla ensayo, crítica, biografía e historia, se centra en autores desconocidos o, directamente, apócrifos. Un simpático refrito del que uno se despide un poco más sabio pero también bastante exhausto. Y no por la distancia recorrida —afortunadamente para este viaje no es necesario levantarse del sofá—, sino por el marcado empeño culturalista, el inagotable despliegue de erudición, el tono auto satisfecho…
En palabras del autor: «La luna alimenta nuestra imaginación desde los griegos clásicos o las leyendas judías porque es nuestra única prolongación de lo terreno, una especie de lugar imposible que equivale a un ojo que nos mira con piedad, siendo, como es, una masa desgajada de la Tierra en la mque nunca podremos vivir más que en la ficción o el artificio». Así que ya se imaginan que embarcarse en Los falsarios es hacerlo en una aventura inclasificable.
Una estimulante frikada sostenida a partir del siguiente planteamiento: «¿Y si la historia de la luna no fuera la que nos han contado?» Mucho antes de que el Apolo XI aterrizara en el Mar de la Tranquilidad, la imaginación ya la había colonizado (…) Durante siglos, una extraña hermandad de lunáticos se consagró a una empresa prodigiosa: mirar habia la luna, poblarla de selenitas e imaginar civilizaciones y ciudades levantadas a imagen y semejanza de París».
García Ortega sitúa el origen de esta fascinación colectiva en 1835, a partir de la publicación (ejem) de los Nuevos descubrimientos en el cielo austral y la Luna, del astrónomo John Frederick William Herschel. Un visionario, este Herschel. Pionero en la catalogación de los habitantes del satélite, además de ofrecer ajustadas descripciones anatómicas teorizaba sobre su organización social y sus estilos arquitectónicos preferidos.

