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Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial Cultural 2008 (Grupo Contexto)

«Gospodínov es uno de los autores europeos más sobresalientes de la actualidad. Hay muy pocas novelas que se le presenten al lector experimentado como absolutamente nuevas. Física de la tristeza es una de estas raras excepciones».

                                 Alberto Manguel

«Un gran libro que se muestra ya como la prosa más avanzada del continente y que se desarrolla como un emocionante estudio del mito que acontece siempre y en todas partes».

                                  Olga Tokarczuk

Resulta curioso, al menos a mí así me lo parece, que el libro del que voy a hablar, tuviera en el momento de su publicación un éxito enorme, agotándose en unos días, y se convirtiese en el libro más vendido en 2012, en Bulgaria. Más allá de las fronteras también le acompañó el éxito al conseguir algunos premios de prestigio: el Strega Europeo y el Brücke Berlin PreisMe, Seleccionado para el 2017 International Dublin Literary Award (además de ser nombrada comomejor novela búlgara del año 2013 y unos cuantos premios y nominaciones más).Y si muestro cierta extrañeza es debido a que no es una obra de lectura lineal, sino que es un entrelazamiento de historias que a veces deviene collage, disparándose las diversas historias en torno a bien distintas y dispares situaciones que a veces avanzan por los bordes del delirio, cuando no chapotean en él, penetrando en terrenos propios de la mitología griega en especial y en las leyendas y creencias tradicionales de aquellos pagos. Conste, que lo que no se ha de poner en duda es la calidad literaria del laberinto de Gueorgui Gospodínov (Yambol, Bulgaria, 1968) y la fluidez de sus narraciones; y me estoy refiriendo a su «Física de la tristeza», editado por Impedimenta.

El libro sorprende desde el inicio, no dejando de hacerlo a lo largo de sus trescientas páginas, al tomar la memoria como materia prima de las historias, a veces por los bordes del casi nada, mas en lo aparentemente insignificante reside en ocasiones la vida en sus diferentes expresiones, con sus sentimientos, sus poliédricas voces y sus vivencias que son plasmadas con prosa brillante; leo: «una mezcla peculiar entre leyenda y biografía […]una historia en la que los tiempos se alcanzan y entretejen. Algunos sucesos suceden ahora; otros en un pasado remoto e inmemorial. Los espacios también se confunden, palacios y sótanos, reyes cretenses y pastores locales construyen el laberinto de esta historia […]La narración serpentea como un laberinto de esta historia […] Una historia con pasillos sin salida, hilos que se rompen, puntos ciegos e incoherencias ciegas…», estas palabras pronunciadas por quien, en una carpa, presenta al niño Minotauro, pueden aplicarse, sin rizar rizo alguno, a la prosa que avanza y deriva en diferentes direcciones, en un deslizamiento de historias que dan descanso a las formas a priori de la sensibilidad de las que hablase Kant, espacio y tiempo. Se ha de tener en cuenta, para más inri, que el narrador de las historias padece un extraño síndrome: una empatía patológica, que le hace adentrarse en los recuerdos de los demás seres vivientes, ya que no solamente penetra en la mente humana sino también en la de otros animales (como en la de la babosa que va a ser ingerida por su abuelo). Esta penetración, no diré usurpación, hace que asomen las huellas de la guerra en algunos que la padecieron, y los recuerdos personales de algunos familiares y paisanos, entreverándose con algunos de los sucesos históricos que sacudieron aquellas tierras, lo que conduce a una mirada a las convulsiones que sacudieron en el siglo pasado al Viejo Continente, con destellos de nostalgia, sentido de pérdidas varias y de identidades cambiantes. No faltan tampoco episodios que hacen imposible no reírse, o algunas costumbres y hábitos alimentarios (caníbales vegetarianos…y otros individuos de la especie rara avis).

Geografías (Bulgaria, Berlín, Helsinki, museos franceses o la sombra de laberintos griegos con su castigado minotauro), hechos, sonados y menos, cuitas personales, o generaciones, y un saltarín escarceo genealógico que va completando un singular puzzle, sin obviarl os tonos humorísticos que el escritor emplea, ya que precisamente según cuenta comenzó la escritura de esta novela al escuchar que Bulgaria era un país dominado por la tristeza…sutil humor que, no obstante, no impide toques de melancolía y también de resabios nostálgicos e identidades lábiles que metamorfosean al propio narrador, haciendo que se den saltos repentinos en el cambio de persona gramatical. Si antes nombraba el síndrome que aquejaba al protagonista, no está de más indicar como el mismo protagonista señala que desde su más tierna juventud sentía vibraciones que le hacían simpatizar (sin pathos) con los dolores ajenos y los humores ajenos de, como queda dicho, animales humanos y de los otros; sensibilidad que con el paso de los años fue decayendo ante el horizonte de sus propia depresión crónica.

La novela puede ser considerada, sin recurrir a tópicas frases hechas, de culto, ya que las referencias filosóficas y científicas, psicológicas, antropológicas y otras no faltan, en una abundancia de cruces y líneas de fuga, que hace que se corra el riesgo de perderse…si bien el gozo está servido si en cuenta se tiene aquella aseveración del bueno de José Bergamín: si te empeñas en buscar la salida del laberinto, acabarás sin conocerlo.

Mezcla de rumias metafísicas y tendencias a fusionarse con la naturaleza, expresadas con formas líricas y el contagio de los pensamientos de su locuaz abuelo…con una destacada vena atrapalotodo tanto en el estilo, como en los desvíos temporales, tanto en su esfera existencial (de durée hablaba Henri Bergson) como en el cronológico y un cúmulo de nombres propios que, a modo de sorpresivos cameos, irrumpen en las paginas: canciones, novelas, teorías de las emociones y citas de diferentes personajes búlgaros, y de otros lares, históricos y políticos o de ficción. Y…cuentos, anécdotas, acontecimientos varios en una tela de araña que se pega a las mentes lectoras siempre que éstas no sean amantes de la roma linealidad, y de los hilos férreamente conductores.

Lectura para aficionados a las buenas historias, pertrechados, eso sí, de paciencia…lo que puede ser facilitado por la lectura a saltos, pues el libro se compone de diferentes, y señalados, pildorazos.

—Iñaki Urdanibia