Una de las nuevas voces más brillantes de la literatura báltica se estrena en este corrosivo debut literario sobre la masculinidad más peligrosa y pasada de moda.
Todas hemos conocido a alguien así: un hombre tóxico, que se piensa que es el centro del mundo, que va soltando comentarios machistas a diestro y siniestro (”no te enfades, mujer, que es broma”) y que considera que todo el mundo le adora, a pesar de ser narcisista, insoportable, peligroso para quienes se acercan a él y, sobre todo pasado de moda e incluso una especie en extinción.
Así, pero peor, es el protagonista de uno de los debuts más interesantes que he leído en lo que va de 2026. Se trata de ‘Toni’ (Impedimenta), de Rumena Bužarovska (Skopie, 1981) que, hasta ahora, se había dado a conocer como una de las voces más destacadas de la literatura balcánica contemporánea gracias a sus colecciones de relatos. Esta es su primera novela pero continúa con el mismo humor corrosivo y su mirada implacable a la sociedad europea y, en particular, a la macedonia.
Desde las primeras páginas (tiene solo 256), ‘Toni’ me enganchó mucho; me divertía buscando paralelismos con mi ex. Como él, el protagonista aquí es un hombre de cincuenta y tantos años, funcionario gris y mediocre y seductor de saldo, que piensa que es el centro del mundo cuando el mundo ya ha pasado ampliamente de él.
Unas vacaciones desastrosas son el arranque de una novela en la que los accidentes, la pandemia, alguna que otra muerte y una auténtica mala racha son las que hacen bajarle los humos al protagonista, que se ve obligado a volver a vivir con su madre, obviamente lo más humillante para un hombre que se ve como el centro del mundo. Toni representa lo que yo, al menos, quiero más lejos en mi vida: el creerse muy viril, el pensarse un ser humano excelente, el ser incapaz de asumir ni una responsabilidad.
El problema siempre es de otros, nunca suyo
Toni se va envolviendo en su humo, en creerse lo que no es y, mientras tanto, va dejando mujeres por el camino. Algunas pagarán muy caro el precio de la relación, pero Toni no se da cuenta. Se va autojustificando; el problema siempre es de otros, él nunca tiene la culpa de nada, las mujeres están histéricas, etc. La masculinidad tóxica de manual.
‘Toni’ es una fantástica novela sobre la masculinidad viejuna y el autoengaño. El protagonista es un misógino que se ha construido su propia narrativa como si fuera una víctima. Toda esa vulgaridad y ese machismo, así como el acoso, lo ha heredado de su padre -ya fallecido-, otro dechado de virtudes: no mostrar vulnerabilidad, no cuidar la salud, no ceder autoridad.
Según se va leyendo ‘Toni’, nos vamos introduciendo en la mente y el comportamiento de un hombre ridículo, pueril (con esa adolescencia que parece nunca pasarse), muy desagradable y, sobre todo, dañino con las mujeres. No sabes cuál es el límite del protagonista; según pasas páginas te ¿sorprenden? más y más sus salidas de tono de macho contemporáneo y trasnochado que no sabe que la decadencia física está ahí delante y que menosprecia a las mismas mujeres de las que depende como un niño.
Si, como yo, has tenido en tu vida un ser así y te has desprendido de él, celebrarás lo que quedó atrás y respirarás aliviada por lo que no pasó. El final de la novela, quizás, es algo forzado y demasiado épico para el personaje, pero sin duda se lee con ganas y abre una profunda reflexión sobre el daño que el patriarcado ha hecho, también, a los hombres.
—Begoña Alonso

