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Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial Cultural 2008 (Grupo Contexto)

¿Habéis podido leer todos esos libros que metisteis en la maleta para las vacaciones? Seguro que alguno quedó pendiente. A esa lista de lecturas por completar tenéis que sumar las novedades que llegan en otoño y los libros de esta selección que os hemos preparado.

Los libros del mes en Zenda

A lo largo de los últimos 30 días, hemos recogido el diálogo entre libros de toda procedencia. Un mes más, en Zenda elegimos doce libros para resumir lo que ha pasado en las librerías a lo largo de las últimas semanas.

Primero llega el silencio, de Ioana Stancescu 

Nacida en 1975, en plena dictadura comunista de Nicolae Ceaușescu, Ioana Maria Stăncescu creció inmersa en una disonancia fascinante. Mientras su país sufría las privaciones, el miedo y la paranoia de una policía secreta que castigaba toda palabra indebida, su entorno familiar le proporcionó un oasis de libertad. Hija de la actriz teatral Dorina Lazăr y de un profesional de la radiodifusión, su infancia transcurrió entre las bambalinas del Teatro Odeon, rodeada de actores, intelectuales y escritores. Sin embargo, no siguió el camino de la actuación escénica y construyó su carrera como periodista y locutora en la sección francesa de la radio rumana durante casi tres décadas.

Su vocación literaria despertó de forma tardía, como un salvavidas ante un episodio depresivo. Volcó su angustia en la escritura de un diario personal que germinó en su ópera prima, Todo lo que le prometí a mi padre, galardonada en 2021 en el Festival de la Primera Novela de Chambéry. Fiel a un agudo nivel de autoexigencia y a un confeso terror al ridículo, para enfrentarse a su segunda obra Stăncescu acudió a talleres de escritura creativa, donde aprendió a depurar su estilo narrativo, reescribiendo su manuscrito hasta en tres ocasiones. El resultado de este aprendizaje es una voz literaria cincelada por la oralidad radiofónica, donde las frases fluyen con el ritmo exacto y sincopado de la respiración humana.

Si, como afirman los teóricos de la lingüística y pensadores como David Le Breton, el silencio jamás debe entenderse como una carencia, sino como una “no realización” que expone la incapacidad de la palabra para abarcar la complejidad del mundo, Stăncescu ha edificado una novela donde el mutismo adquiere una fisicidad aterradora. En el ecosistema familiar que retrata la autora, las palabras escasean, pero cuando irrumpen lo hacen por su vértice más punzante y despiadado. El silencio no actúa entonces como un remanso de paz ni como un refugio introspectivo; se transforma en una violenta condena hereditaria, como el síntoma de una patología crónica que se transmite de generación en generación. [LEER RESEÑA COMPLETA]