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Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial Cultural 2008 (Grupo Contexto)

Se despidió la campaña de verano con el discreto cambio de escudería de Milena Busquets, autora que deja Anagrama para irse, más bien regresar, a Lumen, y arranca la rentrée con baile de sillas y jugoso mercado de fichajes. El más llamativo, sin duda, el de Patrick Radden Keefe, superestrella del periodismo de investigación que tras publicar toda su obra en castellano en Reservoir Books (Random House) se estrena ahora en Seix Barral (Planeta) con El hijo del oligarca, una fascinante historia de opulencia, adicción al dinero y corrupción en el Londres contemporáneo que, aquí no hay cambios, Edicions del Periscopi seguirá publicando en catalán. Más novedades. Roberto Saviano, hasta ahora en Anagrama, debuta en Alfaguara con Mi amor no muere, novela basada en la historia real de Rosella Casini y Francesco Frisina, algo así como los Romeo y Julieta calabreses; Andrea Abreu cambia de escala seis años después de Panza de burro con Pajaritos preñados, su estreno en Anagrama; y Lizzy Stewart, que causó sensación con la novela gráfica Alison, salta de Errata Naturae a Lumen con La ruina. En catalán, Joan Miquel Oliver también hace las maletas para mudarse de L’Altra, donde publicó sus tres últimas novelas, a La Magrana, sello en el que el mallorquín debuta con La vida no són matemàtiques. Buena añada para los veteranos con solera: Ian McEwan viaja al futuro con la distópica y juguetona Lo que podemos saber (Anagrama); George Saunders se rinde a Chéjov, Turguénev, Tolstói y Gógol en Un baño en un estanque bajo la lluvia (Capitán Swing); Éric Vuillard se atreve con la brevísima y legendaria vida de Billy el Niño en Los desesperados (Tusquets); Ali Smith sigue explorando las disfunciones de las sociedades contemporáneas en Glifo (Nórdica); y Peter Stamm ahonda en su metódica disección de la fragilidad humana en Cuando oscurece (Acantilado / Quaderns Crema). A su alrededor, un buen puñado de autores con marchamo de clásicos. Ahí están Tatiana Tîbuleac, que busca replicar el impacto de El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes con Cuando seas feliz, golpea tú primero (Impedimenta / Àmsterdam); David Szalay, ganador del último Booker con la sensacional y turbadora La carne (Feltrinelli); Nathacha Appanah, finalista del Goncourt con las historias de violencia entrelazadas de La noche en el corazón (AdN); y Douglas Stuart, superdotado explorador de abismos familiares y fracturas sociales en John, hijo de John (Random House / Edicions de 1984). En la cima del ‘best-seller’ Vuelve E. L. James, la autora que batió todos los récords con Cincuenta sombras de Grey, y lo hace con un romance ectoplasmático, Tierra de fantasmas (Grijalbo), que no tardará demasiado en reinar en la lista de los más vendidos. La británica tendrá que medirse con Camilla Läckberg, embarcada de nuevo en territorio Fjällbacka con El llanto de los muertos (Planeta) y, sobre todo, con la omnipresente Freida McFadden, protagonista por partida doble con La inquilina y El divorcio (Suma de Letras; Rosa dels Vents). Por ahí anda también, en su propia liga, Danielle Steel, de regreso a las librerías con Un baile en Versalles (Plaza & Janés) para seguir reivindicándose como la autora viva que más libros ha vendido. Contra la maldición de los Nobel, esa que asegura que pocos son los ganadores que consiguen producir obra decente tras ser distinguidos, se rebelan Jon Fosse y Peter Handke. El noruego regresa a las librerías con Hotel Vaim (Random House / Galaxia Gutenberg), segunda entrega de una trilogía metafísica ambientada en el pueblo ficticio de Vaim, mientras que el austríaco firma en La balada del último cliente (Alianza) una vaporosa reflexión sobre el paso del tiempo. Mia Couto, eterno candidato a un premio que insiste en pasar de largo, explora el impacto de la Primera Guerra Mundial en Mozambique en El río de la ceguera (Alfaguara / Periscopi), mientras que potenciales ganadores como el búlgaro Gueorgui Gospodínov se reencuentran con sus orígenes por obra y gracia de Física de la tristesa (Periscopi), publicada por primera vez en catalán. Pocos libros han recibido tanta atención y tantísimos elogios como Lázár (Salamandra), saga familiar épica y traumática con la que el jovencísimo suizo Nelio Biedermann, 23 añitos de nada, ha sido comparado con el Thomas Mann de Los Buddenbrook. Casi nada. De estreno se visten también Pedro Almodóvar, que firma con El hombre que solo escribía en los aviones (Reservoir Books) su primera novela, y Eduard Sola, guionista de Casa en flames y autor de El niu (La Campana / Ediciones B en castellano), debut narrativo hecho de vacíos, cicatrices y culpas arrastradas durante décadas. Lo de Laila Lalami no es tanto un debut como una deuda pendiente, ya que El hotel de los sueños (Sexto Piso) será su primera novela traducida al castellano. A quien no hay que perderle la pista es a Raquel Zas, cuya primera novela, Los años secos (Temas de Hoy), explora la sexualidad en la era de los vacíos emocionales.

—DAVID MORÁN