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Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial Cultural 2008 (Grupo Contexto)

Los relatos de «Esta es tu casa», el nuevo libro del riosellano Jon Bilbao, son historias en las que, entre realidad y ficción, memoria e imaginación, se abren hendiduras por las que se cuela la incertidumbre que atrapa el lector


Una pareja está sentada tranquilamente en lo que fue el antiguo gallinero de una vieja casa. Tienen tiempo por delante. Ella le pide que le cuente la historia del lugar en el que están. Y aunque no hay especial prisa, le insta a que lo haga de la manera más directa posible. Este es el planteamiento inicial del relato «Conversación en un gallinero», incluido en el nuevo libro de relatos de Jon Bilbao, titulado «Esta es tu casa». Escojo este cuento, situado hacia el final del libro, porque tuve la sensación al leerlo de que funciona como argumentario o motivación del resto de los cuentos. La casa de Ribadesella que le ha servido a Bilbao en muchas de sus obras como espacio narrativo (una suerte de casa tomada que asume un papel protagonista) adquiere en esta ocasión una dimensión nueva y mayor: determinando las historias que se narran y a sus protagonistas. En el subsuelo de «Esta es tu casa», como en el subsuelo de la mayoría de la obra de Bilbao, late la relación entre realidad y ficción. O entre memoria e imaginación: «Memoria e imaginación tienen la misma edad, pero la segunda se conserva mejor. Son dos hermanas mal avenidas, envidiosas de todo cuanto la otra posee».

Posiblemente, la demora en la narración sea lo único que pueda acercar a memoria e imaginación. Incluso confundirlas. Las decisiones del narrador, algo que maneja con especial destreza el autor de «Basilisco», sirven para abrir hendiduras y dejar a propósito huecos sin rellenar. Por esos espacios se cuela la incertidumbre del lector: es el instante en que el poder de una historia ha vencido.

Pero el camino no siempre es fácil. Hay que tomar decisiones mientras se avanza, el margen de error siempre existe: «Me pide que lo cuente como yo prefiera. ¿Cómo prefiero hacerlo? ¿Cómo sé hacerlo? Si me detengo a pensarlo, a discernir entre lo que prefiero decir y lo que no, entre lo que conozco y aquello de lo que apenas tengo una noción imprecisa, entre lo que se apoya en evidencias y lo que surge de mi imaginación, y entre lo que sé expresar y lo que no, nunca contaría nada».

Disculpas por la extensión de la cita, pero esta reflexión del narrador y personaje que comparte nombre con el escritor merecía la pena reproducirla porque es muy aclaratoria del proceder de un contador de historias: una circunstancia que le viene al pelo a Bilbao: el que se sienta ante el fuego con tiempo por delante y empieza a narrar. Así creo que ha sido desde sus primeros libros y así se ha ido puliendo y labrando en su trayectoria.

«Entre lo que prefiero decir y lo que no»: se podrían escoger numerosos ejemplos del arte de recortar; la insinuación es muy del gusto del de Ribadesella. «Lo que sucedió en la cueva» ejemplifica muy bien lo que no se quiere decir: un relato situado en la Guerra Civil y en la posguerra que deja claroscuros en la trama y personajes de los que se nos escamotea su identidad; el hecho de que esa casa (cuya dimensión espacial y temporal es casi insondable) esté incrustada en una pared rocosa horadada por cuevas enfatiza la importancia de lo oscuro; de lo sin resolver. Esto, en contra de lo que pudiera parecer, está mas cerca de la realidad de lo que parece».

«Entre lo que conozco y aquello de lo que apenas tengo una noción imprecisa»: la ficción crece a partir de la indefensión, que, en el caso del narrador y del autor, radica en el desconocimiento de aspectos de aquello que se narra. La aparente desconexión entre las dos historias que se cuentan en «Variación sobre un viaje en coche por Big Sur» nos lleva a la búsqueda desesperada y absurda de una coherencia que, por supuesto, no es obligatoria. Ya se insinuó más arriba: de una explicación a todo no tiene sentido que sea una ley literaria.

«Entre lo que se apoya en evidencias y lo que surge de mi imaginación»: qué bien puede ejemplificar esta dicotomía el relato «Un fin de semana largo», donde, en un guiño a Stevenson, el protagonista se enfrenta cara a cara a una posible versión suya distorsionada. En un juego muy bien tramado por Bilbao, cuesta determinar en cuál de los dos personajes, Jon o Abraham, radica la verdadera amenaza.

Y por último: «entre lo que sé expresar y lo que no, nunca contaría nada» es la disyuntiva del personaje que, trasladada de nuevo al escritor, menos recorrido tiene. Los libros que se publican son una carrera en pos de una expresión. Las ficciones buscan su expresión con el autor como ineludible mediador. Estamos a primeros de octubre y tenemos entre nosotros un nuevo libro de relatos de Jon Bilbao. Lo mismo que doblar una esquina en plena oscuridad sin saber, claro está, lo que nos espera: un desconocido, nuestra propia imagen reflejada en un escaparate o, simplemente, nada.

—Fernando Menéndez