El último libro de Steve Sem-Sandberg, titulado El Océano, llega a las librerías con una deliciosa mezcla de realidad y ficción que permite acercarnos a los lectores a la parte más humana del filósofo Rousseau. El autor se centra en los 45 días que Rousseu pasó en la Île Saint-Pierre, en Berna, escapando del ruido y los problemas que le llevaban tiempo ocasionando sus distintos escritos. Católicos, protestantes y sus propios mecenas se habían sentido ofendidos por la pluma y el pensamiento de el filósofo que, a sus 53 años, no gozaba además de una buena salud, marcada principalmente por unos problemas urinarios a los que el autor confiere máxima importancia. En la isla, Rousseau convive con Thérèse, su ama de llaves y amante, con la que el autor tendría varios hijos a los que internó en orfanatos, en una actitud que puede parecer contraria a lo que él mismo promulgaba, y que haría mella en la relación entre ambos.
El autor une la vida del filósofo al agua, ya sea mediante el lago, la obsesión con una pintura, la lluvia o su propia enfermedad para llegar, a través de esta estancia alejado del mundo, a un estado en el que el filósofo busca un descanso del mundo que habita para recrearse en el que le rodea. Rousseau pasea y desarrolla un placer en la observación de las plantas, que existen porque están ahí y se convierten en un deseo latente para él mismo: el deseo de lograr purgar aquello que no es realmente necesario en nuestras vidas. Somos testigos de su capacidad de observación mientras nos sorprendemos haciendo lo mismo, guiados sabiamente por la pluma del autor, logrando de este modo un estado de comprensión con su difícil protagonista. Las pesadillas, los recuerdos y la oscuridad se convierten en dolores tan presentes como los físicos, y el filósofo se humaniza en cada página hasta convertirse en una persona contradictoria, atormentada y, a ratos, casi motivo de lástima. La reclusión en la isla dista mucho de ser idílica, ya que sus vecinos parecen controlar cada uno de sus movimientos, lo que a la vez hace imposible olvidar la persecución a la que estaba siendo sometido y de la que pretendía refugiarse; igual que el mundo no puede liberarse de sus cadenas, Rousseu tampoco lo hace de quien es. Encontramos reflexiones salpicadas a lo largo de toda la novela, algunas como las referidas a la potencia sexual mucho más mundanas que lo que hubiera esperado en un primer momento, unidas a otras que se acercan a la filosofía, pero huyen de la erudición que uno hubiera podido esperar en esta novela.
Sem-Sandberg se vale de una narración fragmentada y una prosa elegante para dar mayor sensación de realismo, dejando en el lector la sensación de estar ante una biografía limitada en el tiempo de uno de los nombres más relevantes de la filosofía moderna, que muestra en este libro su lado más humano. Pesadillas, vigilancias, persecuciones y (sí, voy a hacer como el autor y volver a repetirlo) problemas urinarios que ofrecen un retrato puntual de un hombre tan admirado como vilipendiado.

