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Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial Cultural 2008 (Grupo Contexto)
«Enterrado en vida», en Suma Cultural

En el postfacio a esta novela se cuenta que Arnold Bennett (1867-1931), un novelista inglés muy prolífico y popular en su tiempo, perdió relieve debido al enfrentamiento que tuvo con Virginia Woolf y el círculo de Bloomsbury.

La principal razón es que a Bennett no le interesaba entrar en las interioridades de sus personajes sino, principalmente, lograr buenas tramas y entretener al lector: “si alguien piensa que mi objetivo es el arte por el arte siento decirle que está tremendamente equivocado”, decía. No es extraño que se le acusase de “ser un mercenario de la sintaxis, un mercader del párrafo y un fariseo de la literatura”.

Bien, pues para comprobar su valía es una buena recomendación Enterrado en vida, que su mismo autor consideraba la mejor de sus novelas humorísticas y satíricas. Su protagonista es un afamado pintor patológicamente tímido y asocial llamado Priam Farll. La historia comienza cuando su criado para todo, Henry Leek, enferma y muere, y Farll, arrastrado por los acontecimientos, toma el nombre y la identidad de su secretario, con lo que asiste así a su propio funeral. Lo echan también de su casa y conoce a una mujer, Alice Challice, con la que Leek había concertado una cita a través de una agencia matrimonial. Farll le cae bien y ella coge las riendas de su vida: se casan e instalan en un barrio londinense popular que, para Farll, resulta un enorme descubrimiento. Y los embrollos continúan.

El relato se puede colocar en la tradición de aquellos que presentan confusiones entre personajes, no al modo de algunos melodramáticos de Dickens o Wilkie Collins, sino con aires de comedia ligera. Se lee con gusto, primero porque interesa saber qué ocurrirá y porque algunas escenas son muy divertidas, pero también porque muchos diálogos y descripciones son excelentes y porque las observaciones irónicas del narrador aciertan en su crítica social y al mercado del arte. En efecto, el autor no pone gran interés en perfilar a los personajes salvo, en la medida que lo requieren los acontecimientos, a Farll y Alice, una mujer directa y con muchos recursos de la que, se afirma, “era comprensiva porque quería ser comprensiva. Y cuando no podía comprender las cosas, se engañaba a sí misma haciendo como que las comprendía, lo cual viene a ser poco más o menos lo mismo”.

Por Luis Daniel González

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