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Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial Cultural 2008 (Grupo Contexto)
«La segunda vida de Viola Wither», de Stella Gibbons

Tras La hija de Robert Poste, la novela que supuso el descubrimiento en España de Stella Gibbons (1902-1989), la editorial Impedimenta ha publicado otros títulos como Navidades en Cold Comfort Farm, Flora Poste y los artistas y Westwood, que han consolidado su prestigio literario con historias bien construidas y con personajes sólidos y excelentemente descritos.

En La segunda vida de Viola Wither nuevamente vuelven a parecer protagonistas femeninos y la mezcla de romanticismo, ironía, humor fino y crítica social, donde tan a gusto se encuentra esta escritora inglesa.

La protagonista es Viola, jovencísima viuda del hijo mayor de una familia de pequeños burgueses rurales que decide irse a vivir con ellos, en parte porque no tiene familia ni dinero para vivir por su cuenta y en parte porque sus suegros consideran que es lo socialmente correcto. Viola se instala en The Eagles, la casa familiar de los Wither, y se introduce en una tediosa y cansina vida con dos suegros aburridos y preocupados exclusivamente por el dinero y las apariencias, y dos cuñadas, Madge y Tina, solteronas con pocas perspectivas.

Hay más mujeres en la novela: una amiga de Viola, sus antiguas compañeras de trabajo, la prometida de Victor Spring y, sobre todo, Hetty, sobrina de los Spring, vecinos de los Wither, nuevos ricos y con un hijo casadero, Victor, añorado por todas las mujeres de los contornos y lógicamente por Viola. Cada una de estas mujeres encarna una manera de ver la vida desde un variado prisma femenino. Pero la llegada de Viola trastoca estas vidas y una sociedad en la que todo parecía inmóvil y tranquilo.

Gibbons crea un cuadro armonioso, donde poco a poco los acontecimientos se aceleran, completando así los itinerarios vitales de cada una de estas mujeres con soluciones quizá previsibles, pero desarrolladas de forma que no queda ningún cabo suelto.

Como en otras novelas de Gibbons, hay también un fondo de exaltación de la mujer, de su independencia; un incipiente feminismo, propio de la época, que defiende a la vez los modelos clásicos establecidos. Y, además, es una novela romántica cargada de ironía, como se aprecia en los nombres de los personajes y hasta en la descripción de situaciones y fiestas.

Gibbons maneja un estilo moderno, con una sobria y realista descripción sobria de los paisajes; sus diálogos son ponderados y muy costumbristas. Aunque la novela comienza con una lentitud que puede llegar a exasperar, lentamente introduce al lector en una narración muy agradable.

Por Alberto Portolés.

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