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Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial Cultural 2008 (Grupo Contexto)
«Las andanzas del impresor Zollinger», de Pablo d’Ors

Haciendo gala de la libertad que existe en el mundo de la literatura y no habiendo regla alguna que establezca quién es válido y quién no para ser protagonista de una novela, el autor de Las andanzas del impresor Zollinger, nos presenta a August Zollinger. Tal vez os preguntaréis por qué hago hincapié en que no hay nada escrito sobre cómo debe de ser un protagonista, cómo de alto, cómo de guapo, inteligente, valiente…y es que creo que ha de ser remarcada la personalidad de este personaje creado por Pablo d´Ors.

Un joven que bien podíamos llamar «raro» y no estaríamos descalificándolo, pues este es quizás el mejor apelativo que podíamos otorgarle, eso sí, excepcional y magnífico en una rareza que lo convierte en una persona entrañable y en el protagonista perfecto para la moraleja que persigue el autor.
Como podéis leer en la sinopsis, August debe abandonar su ciudad natal para salvaguardar su integridad y con este abandono se ve obligado a dejar atrás su sueño de ser impresor, el cual lo acompañará a lo largo de su vida. En su exilio visita ciudades y desempeña todo tipo de oficios, el primero de ellos como ferroviario, donde cada día recibe una llamada telefónica para confirmar si está o no preparado para cambiar las agujas de la vía. Él debe responder con una sola palabra y a pesar de ello, queda prendado de la voz que alegra sus días, enamorándose perdidamente de la propietaria de la voz e iniciando cortas conversaciones en cada una de esas llamadas… pero esta relación se ve truncada antes de iniciarse, ya que la chica pierde la vida en un accidente. August, deja el trabajo en el ferrocarril y prosigue con su vagabundeo por la vida, llegando a alistarse en el ejército, donde sin pretenderlo siquiera, descubre el verdadero valor de la amistad. Más tarde, abandona el «oficio» de soldado y en su huida de desertor, se adentra en los bosques, donde vive una fábula maravillosa, que enriquece su forma de ver y sentir la vida. Pues si algo aprende este errante, es a extraer lo bueno de todo lo que tiene a bien llegar a su vida y el poder experimentar el oír el clamor de cada uno de los árboles y combatir así en lo que se había convertido en ese momento su vida, que no era más que añoranza, apatía y soledad, no iba a ser menos.

Pero aún queda más oficios por ejercer, más rutinas que explorar, más pequeños detalles que perfeccionar y por los que obsesionarse hasta el extremo y más cariño de aquellos que le rodean, por ganar. Lo vivido por August aporta a su esencia y a su carácter lo mejor de sí, haciendo que el joven que tuvo que huir de su tierra, pueda volver sin peligro alguno para su vida y llevar acabo aquello que tanto ha deseado a lo largo de los años que ha durado su exilio, ser el impresor de su tierra natal.

El autor nos desgrana las diferentes etapas de la vida de su protagonista, con cada una de ellas conocemos algo más al honesto, inocente e ingenuo joven que se enamora de una voz y a la vez al adulto, inteligente y perspicaz, en que se convierte con el paso, más que de los años, de las experiencias que la vida le ha ido dando. Un magnífico trabajo por parte de Pablo d´Ors a la hora de definir a su protagonista.

La lectura de la novela es fluida, no se demora en detalles baldíos e insignificantes, de ahí que la novela no sea extensa, pero no por ello deja cabos sueltos, pues cada etapa de la vida de Zollinger queda bien cerrada tras él.

A todos los que estéis pensando leer esta novela, cosa a la que por supuesto os ánimo, pues su narrativa trabajada y las magia de cada uno de sus capítulos, os van a enamorar, quisiera daros un pequeño consejo. Al comienzo de la novela, encontramos la introducción realizada por Andrés Ibáñez (escritor) sin duda un estupendo trabajo de análisis, tanto de la narrativa de Pablo d´Ors, como del protagonista August Zollinger, como de la novela en general. Tanto es así, que mi consejo es dejar la lectura de esta introducción para el final, una vez que hayamos leído y disfrutado de la novela, sin grandes adelantos que rompen un poco con la magia de ir descubriendo por nosotros mismos «el qué». Es entonces cuando podemos leer y profundizar un poco más en Las andanzas del impresor Zollinger, con el trabajo analítico de Ibañez.

Reseña de Carmen Fernández del Barrio, autora de La trastienda del anticuario.

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