Que las biografías se han asentado en el género del cómic de forma destacada ya no es noticia. La historieta, como fórmula de narración apoyada en el dibujo, ha adoptado naturalmente los géneros narrativos. Quizá llame la atención que dos escritores contemporáneos en su época, como Virginia Woolf y James Joyce, y relacionados entre sí, como es el caso, cuenten casi a la par con sendas y actuales biografías a modo de novelas gráficas sobre su vida. Aparentemente, Woolf y Joyce no tuvieron vidas muy atractivas para adaptarlas al cómic, pero si el caso de Dublineses (Astiberri, 2012) de AlfonsoZapico fue satisfactorio, el de Virginia Woolf de Gazier y Ciccolini es igual de interesante. Y lo es, además, porque aporta una nueva versión del cruce que los relaciona.
Joyce tuvo ciertas dificultades para publicar algunas de sus obras, como el Ulises, y en Dublineses se explica que Woolf rechazó la publicación en su pequeña editorial e «imprenta manual» Hogarth Press por ser una obra demasiado voluminosa. «Tardaríamos más de dos años en sacar la primera edición», se excusa. Sin embargo, en la obra que se publica ahora la razón que se aporta es muy distinta: «Nos ha parecido insoportable: grosero, inculto, vulgar», critica aquí Woolf.
Es cierto que la vida y obra de Virginia Woolf nunca parece alejarse en el
tiempo y que, ocasionalmente, su figura y su literatura resurgen comoreferencias ineludibles. Su suicidio sumergiéndose en el río Ouse en 1941 vistiendo un abrigo lleno de piedras es un poderoso símbolo visual («Una experiencia que nunca escribiré», escribe la guionista Michèle Gazier)
que le asemeja a la poeta argentina Alfonsina Storni, que en 1938 se tiró a las aguas delMar del Plata para morir igualmente ahogada. Impedimenta ha inaugurado con este cómic, el primero que publica, la colección «El ChicoAmarillo» y ya ha lanzado la segunda edición de la obra. Sus autores hablan de la misma como un «desafío», quizá porque en la vida de Woolf se unen muchos e importantes elementos que no es posible obviar.
Las 90 páginas que contiene el libro tal vez parezcan escasas para narrar la intensa y familiar infancia,
su frágil salud, su iniciación a la literatura, su desencantado matrimonio con Leonard Woolf, la gestación de algunas obras comoFlush y Tres guineas, la puesta en marcha de Hogarth Press, en la que el matrimonio publicó sus propias obras, la amenaza nazi, su enfermedad y su sentido del humor. Uno de los pasajes más sorprendentes de este cómic es la descripción de un popular engaño que protagonizó la autora inglesa. Junto a su grupo de amigos, el Círculo de Bloomsbury, llevó a cabo la broma «Dreadnought Hoax», en la que una falsa delegación de príncipes abisinios «visitó» Inglaterra y fue recibida por las autoridades y la marina militar.
Realmente eran ingleses de clase alta disfrazados, entre ellos, travestida y con barba, la propiaVirginia. «A veces la belleza y el desastre se rozan», reflexiona la escritora en esta obra.Su soledad, su vida interior, sus reflexiones, son parte esencial de este cómic, que pretende destacar la complejidad existencial de la mujer y la infructuosa búsqueda de la felicidad. Por eso las escenas pasan demasiado rápido en una narración que, no obstante, es interesante y ofrece una manera distinta de acercarse y conocer la vida de Virginia Woolf, ligeramente tratada en la película Las horas.El trazo limpio y realista de los dibujos de Bernard Ciccolini y un guion en el que priman tanto o más las imágenes que el texto ayudan a una lectura ágil pero que sabe a poco.
Por Diego Marín.

