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Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial Cultural 2008 (Grupo Contexto)
«La segunda vida de Viola Wither», de Stella Gibbons

Stella Gibbons (1902-1989) nació en Londres en un entorno familiar de clase media inglesa y con un padre aficionado al alcohol y al láudano y un profundo odio hacia las mujeres. Esto fue utilizado por Stella Gibbons en parte de su obra y, quizás, uno de los personajes de esta obra, Victor Spring, sea el reflejo de lo que ella vivió. Fue periodista y escritora de novelas, relatos y poesía, pero es reconocida especialmente por la novela La hija de Robert Poste (1932) y su secuela Flora Poste y los artistas (1949).

Publicó La segunda vida de Viola Wither en 1938 y en ella nos narra las vivencias de Viola, una joven guapa y sencilla, hija de un aficionado al teatro y que, a su muerte, la deja en una difícil situación económica.
Viola decide casarse con Teddy Wither, joven adinerado y por el que no siente ningún cariño. Pero al poco tiempo este también fallece y ella se ve obligada a vivir con los padres de Teddy, en Essex, porque su marido también carece de fortuna.

Los señores Wither son una familia burguesa que vive en un entorno opresivo, rural y bastante aburrido. Él está obsesionado con el dinero y quiere controlar las inversiones de todos los miembros de su familia. Ella es una mujer sumisa y muy conservadora y en la novela su vida sufrirá un importante revés.

Además de su hijo fallecido tienen dos hijas solteronas e inútiles: Madge, de treinta y nueve años, interesada por el deporte y los perros y Tina, de treinta y cinco, cuyo único interés es su cabello, la moda y los libros de psicología femenina.

Cuando Viola se instala en The Eagles (así se llama la casa de los Wither), no es muy bien recibida. La señora Wither no entiende cómo su hijo se casó con una vulgar dependienta y su suegro pretende controlar todo su dinero, sin saber que no tiene ninguna fortuna. De hecho, con la única persona con la que llega a tener una cierta amistad es con Tina.

La vida en The Eagles es bastante aburrida: «Madge no era muy ducha en interpretar sus sentimientos con claridad; solo sabía que siempre estaba más contenta en el desayuno que en la cena» (pág. 12) pero todo comenzará a cambiar cuando aparecen en escena algunos personajes masculinos: Victor Spring, un joven apuesto y rico, del que se enamorará Viola y Saxon Caker, el guapo chofer de la familia Wither, del que se enamorará Tina.

La segunda vida de Viola Wither nos recuerda a La Cenicienta aunque los personajes no son como en el cuento. Ni Viola es una fregona ni Victor es un príncipe azul.

Todo empieza en un baile estival, en casa de los Spring. Victor, el primogénito de la familia, además de ser guapo y rico es un joven profundamente machista. Según Gibbons «su opinión era estúpida, retrógrada y ultramasculina. Nunca abandonaba la idea (…) de que a las mujeres había que mantenerlas ocupadas con algún entretenimiento puramente femenino como coser, arreglar flores o cuidar niños hasta que un hombre requiriera su atención» (pág 295). A Victor «las mujeres que sobrevolaban océanos, ganaban carreras de coches, escribían novelas brillantes o dirigían grandes negocios no le despertaban ni un ápice de admiración» (pág. 295). Vamos, todo un dechado de virtudes. Pero Viola será muy feliz con él.

Como toda la obra de Gibbons, La segunda vida de Viola Wither es una novela inteligente y cargada de ironía. Stella Gibbons tiene una escritura clásica, no en vano es admiradora de Jane Austen. En Westwood criticaba la aristocracia londinense y en esta novela lo hace de la burguesía rural con ciertos dejes victorianos: no tolerar matrimonios dispares, actuar de determinada manera por el qué dirán, en definitiva, aparentar. Todo ello hace que alguno de los personajes quieran huir de Sible Pelden para instalarse en Londres.

De hecho, el escándalo se produce cuando Tina se enamora de Saxon, el chófer de la familia, y se casa en secreto con él antes de que éste herede una fortuna:«me enamoré de él en cuanto llegó. Es muy guapo y en esta casa… (…) Ninguno de nosotros es guapo y la vida que llevamos tampoco es bonita. (…) Ninguna mujer puede resistirse a eso, compréndalo padre. Sobre todo una mujer de mi edad que lleva años hambrienta de sexo…»(pág. 307). Imagínense este comentario en 1938.

Y al final de la novela, cuando Viola y Victor se están casando en la Iglesia de Sible Pelden, Gibbons se atreve a desvelar cuál será el futuro de todos los personajes.

Es una novela magistral. Divertida, tierna, sensual, en donde viviremos fiestas estivales, escapadas nocturnas al bosque y bodas con final feliz. Una fantástica lectura para disfrutar durante las vacaciones de verano.

Es una suerte que Impedimenta celebre sus cien títulos con esta novela y ponga a nuestro alcance la obra de esta gran escritora y en estas ediciones tan cuidadas.

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