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Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial Cultural 2008 (Grupo Contexto)
Homeopatía literaria

"Ya no seré feliz. Tal vez no importa. / Hay tantas otras cosas en el mundo...", escribía Borges en un potente y musical poema. Y seguía: "un instante cualquiera es más profundo / y diverso que el mar. La vida es corta....".

Para todos aquellos que hemos dejado de creer que la felicidad se vaya a presentar en nuestras cortas vidas con cartelería en color y obertura de fanfarria, en lugar de en forma de homeopáticas bolitas de subrepticia y disgregada -pero intensa- alegría, que es como en realidad lo hace, el mes de septiembre nos ofrece una poderosa razón para avivar nuestra agostada jovialidad veraniega: R.I.P ha vuelto; sí nuestro Reginald Iolanthe Perrin está aquí de nuevo.

El lector que ya vivió las desventuras de este ejecutivo cuarentón, deprimido y hastiado de todo y de todos, cuya principal obsesión durante las desternillantes trescientas y pico páginas de Caída y auge de Reginald Perrin era lograr ser otro, borrar su pasado, empezar de nuevo, dispone ahora de un nuevo lunch -o brunch, según se mire- de diversión, de gozo, de lúcido hazmerreír, de corrosivo humor, de profundo estoicismo.

Sí, vuelve nuestro singular antihéroe, nuestro patético, nuestro iluminado, nuestro entrañable “cortapichas”.

Todo está dispuesto y planificado para que con El regreso de Reginald Perrin se repita -¿por qué no?- la esplendidez de la primera entrega: la firme y desinhibida mano de David Nobbs en la escritura, la impecable traducción de Julia Osuna (que no lo habrá tenido nada fácil, supongo, con estas novelas repletas de giros y guiños, con la dificultad de verter al español la coloquialidad de muchos diálogos, buscando de manera natural fórmulas equivalentes sin que chirríen, algo que consigue, supera Julia con pasmoso aplomo) y, por supuesto, la (me quito el sombrero) inconmensurable labor en la edición de Impedimenta.

“Para mí el problema de la identidad no es saber quién soy, sino saber demasiado bien quién soy: soy Reginald Iolanthe Perrin. Pato Patoso Perrin, Felpudo Coco Perrin. Soy absurdo, luego existo. Existo, luego soy absurdo”.

Absurdo, divertido, lúcido y mediocre Perrin.

Bolitas de sana lectura homeopática.

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