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Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial Cultural 2008 (Grupo Contexto)
«Enterrado en vida», de Arnold Bennet

La mejor comedia comienza con la tergiversación de lo cotidiano. Cuando se deturpan los significados o los escenarios de lo común es cuando encontramos inesperados e hilarantes sentidos, diferentes respecto a lo mil veces manido y trillado.

De ahí es de donde sale la carcajada. Y ahí es donde la literatura británica, en sus creaciones prolijas en descripciones ricas en detalles y matices, muestra toda su fuerza.
La comedia británica surge de situaciones normales o, por lo menos, poco excepcionales, cuya exageración eleva a la enésima potencia aquello que damos por supuesto. Durante la lectura todo nos parece estridente, hilarante o fuera de lugar hasta que algo, en el desarrollo o en el clímax de las tramas, sea durante una escena o en la actitud de un personaje concreto, nos muestra que, lejos de considerar estos nuevos contenidos algo extraño, forman parte de nosotros (y de nuestra actitud ante el mundo) mucho más de lo que nos gustaría reconocer.

En el manejo de la composición escénica hilarante y de la hipérbole como fórmula de humor irónico, capaz de evidenciar estas verdades como puños, Arnold Bennett (1867-1931) era un maestro en el sistema literario inglés de comienzos del siglo XX. Por desgracia, su educación en el s. XIX y su producción literaria en el s. XX le hacían un escritor de formas clásicas en tiempos modernos, indigesto para los miembros de la intelectualidad británica más jóvenes y, especialmente, para los caprichosos y resabidos snobs del Círculo de Bloomsbury. Bennett poseía un alma periodística que desquiciaba a algunos por su técnica narrativa, tan próxima a la crónica o la narrativa breve en la que destacaba, y le valió importantes discusiones y constantes críticas que, sin embargo, iban acompañadas por el conocimiento y cariño del público británico.

Una producción intensiva hace que la mayoría de su obra de ficción resulte insulsa o poco llamativa, pero aun así Bennett posee fantásticas novelas como, por ejemplo, las dos publicadas en 1908: ‘Cuento de viejas’ (RBA, 2011) y ‘Enterrado en vida’ (Impedimenta, 2013, disponible en FantasyTienda). Ambas poseen como objetivo el darle un somero repaso a la sociedad de su tiempo si bien sus tonos, descriptivo en la primera y satírico en la segunda, son buena muestra de la inteligencia de su intuición y de la habilidad de su pluma. Hasta el punto de llegar a considerar a la primera como uno de los mejores ejemplos de naturalismo literario inglés y a la segunda uno de los mejores ejemplos de comedia. Y eso que la novela que traemos aquí se escribió en apenas dos meses, precisamente mientras Bennett se relajaba de la escritura de ‘Cuento de viejas’.

La crítica social se esconde tras la exageración de su argumento y la finura de unos personajes principales absolutamente entrañables.
Sorprendentemente, ‘Enterrado en vida’ (1908; Impedimenta, 2013) permanecía sin reeditar en España desde hacía décadas hasta que, como siempre buceando entre los sombríos sótanos de la mejor literatura británica, la editorial de Enrique Redel decidió hacerle merecida justicia y devolverla a la luz por fin este año. Lo hace con una traducción de Vicente Vera (Salamanca, 1855-1934) de 1921 que, por su época próxima a la escritura de la obra original, trata eficazmente los giros británicos del texto y conserva los matices lingüísticos de entonces; beneficiando al lector y enriqueciendo la lectura. Además, el texto se acompaña de una presentación escrita por el bibliotecario y documentalista Jesús J. Pelayo (Granada, 1969), y por un postfacio a cargo del también editor de la novela y filólogo hispánico Jorge C. Vales (Zamora, 1965).

‘Enterrado en vida’ (Impedimenta, 2013) nos lleva a deleitamos con las peripecias y enredos del reputado y afamado pintor inglés Priam Farll, maestro en la figuración de pingüinos y policías, a quién su indeseada fama ha sido incapaz todavía de darle aquello que más desea sobre todas las cosas: que lo dejen en paz. La timidez y la fama, el aislacionismo y el populismo, pocas veces pueden ir de la mano. De hecho, en la literatura contemporánea tenemos casos como los de J.D. Salinger o Thomas Pynchon donde su vida y su trabajo creador, ante el ansia de reconocer esa labor por parte de fans o aficionados o groupies, los impelió a recluirse o esconderse. Pero, ¿qué pasaría si pudieses aprovechar que todo el mundo te cree muerto y además, rizando el rizo, pudieses adoptar la identidad de otro con la que vivir una nueva vida, quizás a la altura de lo que te hubiese gustado?

Pues bien, este es precisamente el caso de Priam Farll. Una sofocante sensación de acoso lo llevó a vivir al extranjero, desde donde regresa de incógnito a Inglaterra para una fugaz visita acompañado únicamente de su criado, un avieso pícaro de nombre Henry Leek. Nadie conoce la cara de ambos lo que, cuando Henry Leek fallece de repente, y el doctor cree por error que el fallecido era Priam Farll, este aprovecha para asumir su identidad con todos sus beneficios e hipotecas. Y es que Farll desconocía que Leek había mantenido correspondencia con una viuda de Putney, Alice Challice, con quién incluso había llegado a prometerse falsamente en matrimonio. ¿Qué pasará cuando en la vida del inocente y tranquilo Farll entre de repente la prometida del descarado y sinvergüenza Leek?

Para más inri, si bien Farll intentaba mantener controlada la noticia de su muerte con la única intención de conseguir un poco de tranquilidad, muy pronto el supuesto acontecimiento escapa a su control hasta convertirse, para su desgracia, en un asunto de importancia nacional. Los periodistas llamarán a su puerta para conocer detalles de la vida de Farll, se celebrará un funeral de estado en la Abadía de Westminster, y harto de no poder ser quién es tras el nombre de otra persona hasta celebrará un ridículo juicio para intentar recuperar su identidad perdida (¿es el nombre una simple etiqueta o también forma parte de nuestra identidad?). En el ínterin, la novela escupirá con humor desternillante reflexiones sobre el arte y la vida, sobre el nombre y su relación con la personalidad, o escudriñará en las miserias de profesiones a priori prestigiosas como la de artista, periodista o abogado –la profesión del padre de Bennett y por la que este sentía poco (por no decir ningún) aprecio. La crítica social se esconde tras la exageración de su argumento y la finura de unos personajes principales absolutamente entrañables.

Unos diálogos chispeantes y unas escenas hilarantes rematan esta novela, desternillante, sobre el arte y la vida. Una de las mejores novelas de su autor. Una de las mejores comedias británicas del s. XX. Lo que, todo sumado, convierte a ‘Enterrado en vida’ (Impedimenta, 2013) en una lectura imprescindible.

Por Fco. Martínez Hidalgo

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