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Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial Cultural 2008 (Grupo Contexto)
Osamu Dazai: «Colegiala»

Los personajes de Dazai son como delicadas figuras de papel doblado que se van desplegando ante nuestros ojos a medida que la narración avanza para convertirse al final en una hoja lisa, tersa, con la tensión que dan las marcas de dobleces pasados.

Hay autores cuya obra está irremediablemente ligada a su vida, de forma que para comprenderlos cabalmente es necesario conocer ambas. Osamu Dazai es uno de ellos. Nacido en 1909, durante su adolescencia y primera juventud es un aspirante a literato con conciencia social. También es un admirador del gran Ryunosuke Akutagawa, quien se suicidó en 1927. A partir de ese momento, la vida de Dazai se convierte en una serie de intentos de suicidio alternados con relaciones breves con mujeres rotas y con la publicación de algunas de las obras literarias más crudas y sinceras de la literatura japonesa del siglo XX. En 1929 se intenta suicidar por miedo al fracaso universitario. Poco después, se fuga con una prostituta, Hatsuyo Oyama, y su familia lo repudia formalmente. Nueve días más tarde, intenta suicidarse en Kamakura con otra mujer, Shimeko Tanabe. Solo muere ella. Meses después, se casa con Hatsuyo, con los parabienes de la familia esta vez, pero es arrestado por pertenecer al partido comunista. La familia le ayuda, a cambio de que abandone la actividad política. En 1933, y con el apoyo de un novelista reconocido, Ibuse, logra publicar Ressha (Tren), su primera historia en primera persona, lo que será su sello personal. Se intenta suicidar de nuevo en 1935, se hace adicto a barbitúricos y es internado en un hospital mental. Mientras está allí, su mujer lo engaña con su mejor amigo. Al salir, Dazai y su mujer intentan suicidarse juntos sin éxito…

Para qué seguir. Hasta 1948, fecha de su suicidio exitoso junto con otra mujer, Tomie, Dazai jugó al matrimonio, a la huida, al alcohol, a la pobreza, a la marginación, al suicidio y a la gloria literaria que culminó con Ningen Shikkaku (Indigno de ser humano) en 1948, una obra tan descarnada como sorprendente. Con su vida, Dazai mostró que era más japonés que el sushi o el ikebana (el suicidio en pareja es quizá el tema más hondamente tradicional de la cultura japonesa), y que era un romántico empedernido. Con su obra, Dazai desarrolló un género particularmente interesante: el que une la primera persona (la watakushi shosetsu o novela del yo), con la sinceridad más acusada y la crudeza más descarnada.

Colegiala es un compendio de relatos breves escritos entre 1936 y 1947. En ellos, la voz narradora es siempre femenina. Todas las protagonistas son mujeres, excepto en un relato, «Dinero», en el que la voz narradora viene de un billete de cien yenes, aunque el autor se cuida bien de declarar el principio que el billete es femenino. Las narradoras son variopintas, pero todas tienen algo en común: sus relatos son confesiones de estados interiores de la conciencia. En Dazai, la literatura se convierte en un recurso, no para reflejar la realidad, sino para mostrar esa vida interior invisible a veces hasta para el propio protagonista. Su literatura no es el testimonio de lo que pasó dentro de la persona hace tiempo, no da fe de un hecho anterior, sino que refleja un proceso interno que está ocurriendo ahora. Los personajes de Dazai son como delicadas figuras de papel doblado que se van desplegando ante nuestros ojos a medida que la narración avanza para convertirse al final en una hoja lisa, tersa, con la tensión que dan las marcas de dobleces pasados.

En sus relatos habita la magia de las grandes y las pequeñas cosas, una magia muy obvia en «El árbol de cerezo y el silbido mágico», o en «Un grillo» por citar dos cuentos excepcionales. Y que culmina en «Nadie sabe», una expresión tan japonesa, tan aparentemente intrascendente, pero tan definitoria de lo que existe pero no se ve en todos nosotros. Sus mujeres luchan por explicarse con sencillez y sinceridad, y a menudo confiesan que se sienten indignas de ser humanas. Terrible ironía de una afirmación que nos admira tanto como nos sorprende; porque, ¿hay algo más digno y más humano que la creación de la belleza con pequeñas cosas que no se ven?

Escrito por José Pazó.

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