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Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial Cultural 2008 (Grupo Contexto)
Edward Bulwer-Lytton: «La casa y el cerebro»

Qué pena no haber conocido esta novela para nuestra serie de terror de hace un par de semanas, porque la verdad es que habría encajado perfectamente, entre El castillo de Otranto y los Mitos de Cthulhu de Lovecraft, por ejemplo.

Pertenece, de hecho, a esa tradición tan honorable de la literatura de terror que es el “relato de casa encantada”. Y tiene un inconfundible olor a siglo XIX, a Poe, a Maupassant, a los relatos clásicos de fantasmas de un Dickens o de un Ambrose Bierce.

Resumir el argumento es un poco grautito, porque lo hemos visto repetido, con variaciones, en cientos de cuentos, novelas y películas: el narrador se entera de que en el mismo centro de Londres existe una casa encantada en el que nadie consigue pasar más de tres noches seguidas, porque se ven perseguidos por extrañas apariciones malignas. ¿Y qué hace nuestro intrépido narrador? Pues, naturalmente, se va a pasar una noche en la casa acompañado por un criado y un perro. Y las malignas apariciones, claro, aparecen.

Hay algo de entrañable en estos relatos de fantasmas del siglo XIX que intentan ser, al mismo tiempo, científicos e irracionales. Son tiempos en los que el magnetismo, el hipnotismo (o mesmerismo) y la telepatía podían ponerse en el mismo plano de realidad sin quedar en ridiculo (recuérdese El Horla de Maupassant o “El extraño caso del señor Valdemar” de Poe). Un escritor de terror del siglo XX probablemente no se preocuparía por explicar el origen ni los mecanismos “físicos” (con muchas comillas) en que se apoyan; de ahí que tenga un aire algo anticuado, o hasta ingenuo.

Pero, visto con la perspectiva del momento en que fue escrita, esta pequeña novella es sin duda una joya de su género, con una tensión constante casi desde la primera página hasta casi la última. Creo, la verdad, que esa especie de epílogo o coda que empieza en “Pero mi historia no acaba aquí”, que el propio autor suprimió en alguna de las ediciones, no contribuye al interés del conjunto, por ser demasiado explicativa; pero en cualquier caso no cabe duda de que, dentro de los cánones de “cuento de fantasmas”, este es un ejemplo muy acabado.

Nota curiosa sobre el autor: Edward Bulwer-Lytton es también el autor de la novela Paul Clifford, que empieza con la frase “It was a dark and stormy night”, convertida con el tiempo en un clásico de las peores primeras frases para empezar una novela, sobre todo si es de terror; y también a él le debemos la frase “The pen is mightier than the sword”, que aparece en su obra Richelieu; Or the Conspiracy. Ahí queda eso…

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