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Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial Cultural 2008 (Grupo Contexto)
«La casa y el cerebro. Un relato victoriano de fantasmas»

Hay libros que nace con vocación de ceniza y otros que poseen el don de la perpetuidad y la recurrencia a través del tiempo. Este es el caso de «La casa y el cerebro», libro al que ya se refirió Lovecraft como uno de los mejores relatos de casas encantadas jamás escritos.

Como en La casa tomada de Cortázar, las presencias fantasmagóricas toman cuerpo para tocar e infundir el miedo. La diferencia con Cortázar es que, en este caso, las presencias no son tan misteriosas. Los fantasmas que crea Edward Bulwer-Lytton (Londres, 1803-1873) son entes que no dudan en dar miedo, en llevar al límite a aquel que traspase la frontera que crea la puerta de acceso a la mansión.

Contado en primera persona, Lytton deja traslucir la literatura gótica de la Inglaterra victoriana, enfrentando el racionalismo con lo fantástico, creando así una estructura narrativa que inclina al lector continuamente en una u otra dirección.

¿Qué ocurrió en esta casa de la que todos huyen despavoridos? ¿Qué fuerza encierra una habitación aparentemente vacía? Un relato estremecedor de un inglés decimonónico con visos de ser un eterno, donde la eternidad se convierte en pesadilla.

Al binomio cerebro/terror hay que unir el de las presencias inexplicables. Un ser humano, el dueño de la casa, que pervive a través de los siglos y que recuerda a Vlad Tepes en muchos sentidos. Una de esas historias que se quedan ancladas en nuestro imaginario nocturno y regresa una y otra vez para mantenernos despiertos por temor a que una mano de humo nos coja por los tobillos y nos hunda en la oscuridad y el silencio gélido. Una historia de la que Lafcadio Hearn ya dijo que era “la mejor historia de fantasmas de la lengua inglesa”.

Por Carmen Moreno.

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