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Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial Cultural 2008 (Grupo Contexto)
Una carrera por la campiña

'Trabajos de amor ensangrentados', de Edmund Crispin.

En el año 2011 la editorial Impedimenta publicó La juguetería errante y en 2012, El canto del cisne. Las dos novelas de Edmund Crispin tuvieron mucho éxito de crítica y público. Ahora nos llega Trabajos de amor ensangrentados, escrita en 1948. Todavía nos quedan manjares que degustar; al menos tres novelas con el profesor Gervase Fen como protagonista de la investigación.

Bruce Montgomery, verdadero nombre del autor, tuvo una magnífica educación en el John’s College de Oxford, donde se licenció en Lenguas Modernas. Publicó nueve novelas y dos colecciones de cuentos y se le considera un clásico de la narración detectivesca. Según afirma, le encantaba vaguear, nadar, fumar, mirar a los gatos y sentía debilidad por Shakespeare y por las óperas de Wagner y Strauss; por el contrario, le molestaban los perros, el psicoanálisis, el cine francés y algunas otras cosas. Murió de un ataque al corazón.

Una buena novela de detectives es un reto a la inteligencia, una propuesta para que ejercitemos nuestras capacidades de investigación. Claro está que el lector se puede dejar llevar y no plantearse ninguna hipótesis sobre los hechos pero esta pasividad no es lo normal. Vamos leyendo y vamos construyendo nuestra solución al misterio que se plantea, con mejor o peor suerte. Se trata de un juego, de entrar en el laberinto de las suposiciones, de las pistas, de los senderos que nos conducen a un muro de boj para que volvamos a empezar.

La primera y más importante característica de las novelas de Crispin es su calidad literaria. Su prosa es magnífica. Tiene una capacidad extraordinaria para coger al lector por las solapas de la atención y arrastrarlo, sin pausa, por las diferentes situaciones, espacios y personajes que configuran el universo representado en el texto, gracias a la narración en tercera persona. “El director dejó escapar un suspiro. Estaba dispuesto a reconocer que era un gesto lastimero y poco varonil, pero en aquel momento se sintió incapaz de reprimirse. Y esbozó una disculpa”.

Un pueblo pequeño, confortable, en el que las gentes tienen un buen nivel de renta, Castrevenford, allí no suele pasar nada. Un colegio en vísperas de la fiesta de entrega de premios y el profesor Fen, que ha sido invitado para participar en las ceremonias. Todo muy normal; quizás, demasiado calor. La víspera de los actos una chica, muy bella por cierto, que tenía un papel en la obra de teatro que se iba a representar, sufre una impresión muy fuerte, poco después, desaparece, quizás la hayan raptado. Para completar el panorama, que se hace tenebroso por momento, aparecen dos profesores asesinados.

La segunda característica es el equilibrio entre la narración de los hechos y las descripciones de los lugares; con especial interés al campo; sin olvidar, claro está, los interiores. Crispin transmite un noble sentimiento por la naturaleza, muy en la tradición anglosajona, tan distinta a la nuestra. Este equilibrio se articula como una alternancia que sirve de distensión en los momentos de mayor intensidad dramática. Un magnífico ejemplo es la escena de Fen con Brenda en el bosque. El asesino los tiene localizados, les va a disparar, no tienen escapatoria; todo ello, en medio de la floresta y con un final inesperado. El viejo perro, pero no, no desvelaré nada.

La tercera característica es el humor que sin tópico alguno se califica de británico y yo lo llamo cervantino. La novela está llena de detalles que salpican el texto y provocan leves y satisfechas sonrisas del lector. Son muestras de un ingenio poderoso. Los comentarios sobre la pesadez de los padres, las manías de los profesores, las rutinas del colegio, la psicología de los personajes.

La cuarta característica es el pulso narrativo. Hacia el final de la novela se produce una persecución en pos del Hispano-Suiza que conduce el asesino. En momento tan crítico el coche de Fen decide no continuar y se para. Se producen unos momentos que podemos calificar de cómicos mientras que la tragedia planea sobre la noche.

La quinta característica es la presencia de la cultura en un doble sentido; como guiño al lector y como elemento de la estructura. En este caso se recurre a un recurso de la tradición. En una casita isabelina, en la que vive una vieja alcohólica, al poner una cocina nueva, encuentran un paquete que contiene la miniatura de un caballero y unos papeles; unas cartas y lo que parece una comedia inédita de Shakespeare, un verdadero manjar para los investigadores. La sabia combinación de estos elementos y otros que puedo añadir crean un texto apasionante.

Por Antonio Garrido.

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