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Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial Cultural 2008 (Grupo Contexto)
Arnold Bennett: el elegido de Borges

Fue seleccionada por Jorge Luis Borges para su biblioteca personal y ahora es releída por distintas generaciones que la descubren como un tesoro perdido.

Seleccionada por Jorge Luis Borges para su biblioteca personal, la novela Enterrado en vida, de Arnold Bennett (1867-1934) posee una hilarante trama que pone en primer plano el tema del otro: cómo una situación inesperada convierte al protagonista en una persona totalmente distinta y lo difícil que resulta mantener contra viento y marea esa nueva identidad.

La novela Enterrado en vida, de ella se trata, plantea desde la primera hasta la última página un relato hilarante trama que pone en primer plano el tema del otro y, por supuesto, posiciona a su autor, Arnold Bennet, en el sitial de los grandes creadores europeos que frecuentaron la transición entre dos siglos.

La novela escrita con típico humor inglés trata de un reconocido pintor, Priam Farll, cuya obra centrada en pingüinos y policías, es valorada por todo el mundo, aunque él trate de evitar de todos modos el contacto con la gente por su extremada timidez. La muerte a raíz de una neumonía de su criado, Henry Leek, el único contacto real del pintor, desata una comedia de enredos, ya que por su cortedad se ve impelido a asumir la identidad del muerto, cuyo funeral tiene lugar en la Abadía de Westminster.

De la noche a la mañana, Farll abandona sus ropas habituales para mimetizarse en su rol de hombre gris, sin fama y de golpe sin fortuna; tampoco imagina que desde ese momento vivirá de sobresalto en sobresalto por su insólita decisión. Así es como aparece de la nada Alice Challice, una viuda que se carteaba con su criado y que al parecer le había prometido casamiento y Farll persiste en presentarse con esa identidad que no es la suya.

Aunque reprimido, su propio yo trata de asomarse a su vida con la nostalgia de sus pinturas, algo que es leído por la viuda como un simple pasatiempo y los enredos se multiplican en una trama llena de diálogos desopilantes.

Nacido en mayo de 1867 en Hanley (Inglaterra), el joven Arnold Bennet marchó a Londres donde se dedica al periodismo. Comenzó a escribir una novela por entregas que se convertiría en Grand Hotel Babylon (1902) y ya se consagra por completo a la literatura. Su primera novela A Man from the north (1898), es en gran medida autobiográfica; le siguió Anna of the Five Towns (1902), el primero de una serie de relatos centrado en la rutina diaria de la zona de los Potteries, área industrial de Staffordshire.

Entre 1903 y 1911, Bennett se instaló en París y durante esos años publicó la novela Enterrado en vida (1908) y la que sería su trabajo más aclamado Cuento de viejas, considerado una obra maestra. A continuación viajó a América donde fue recibido como lo fuera Dickens en su época y a su regreso siguió escribiendo obras como la serie publicada entre 1910 y 1918, formada por las novelas Los Clayhanger, Hilda Lessways, Estos dos y The Roll-Call.

En toda la novela, sobrevuela un espíritu de época, una lectura de la sociedad velada por la veta humorística que impregna toda la historia, escrita de un tirón en solo dos meses. Luego de permanecer años en el olvido, esta versión en castellano de la novela, traducida por Vicente Vera (Salamanca, 1855-1934), conserva el tono y los giros británicos del texto y tiene una presentación de Jesús J. Pelayo (Granada, 1969), quien recuerda la admiración que Borges sentía por el escritor: «Dijo de él que poseía “un estilo sereno, que pasaba inadvertido como el cristal”».

Y resume sobre la obra: «Es una deliciosa sátira tragicómica sobre la identidad y la inhibición, el significado y el valor del arte, el amor y el derecho a la intimidad. Pero por encima de todo, Enterrado en vida es un divertimento, un genial divertimento cuya lectura nos procura una felicidad auténtica y continuada».

En el postfacio, el editor de la novela y filólogo español Jorge C. Vales recuerda una controversia surgida a raíz de una columna periodística escrita por Bennet en 1932, donde habla de los defectos de la novela moderna, en relación a la obra de Virginia Woolf El cuarto de Jacob. Para Bennet, señala el editor, «vivimos en un mundo humano» y es ese mundo el que debe mostrarse en el acto literario. Una idea no compartida por Virginia Woolf: la escritora en una carta privada a su amiga lady Cecil le decía: «Me deprime el astuto realismo del señor Bennett».

«Hoy, un siglo después, los lectores pueden disfrutar del materialismo de Bennett en la misma medida que pueden zambullirse con placer en el inconsciente nebuloso y caótico que propone Woolf», reflexiona salomónico Vales.

Y destaca que Enterrado en vida «está teñido de un fantástico sentido del humor», además de aludir a las claves de la ideología estética del autor: «Los personajes grises, las ciudades anodinas, las casas vulgares, las vidas apacibles, el anonimato…. Y sobre todo, esa capacidad para describir de un modo único lo cotidiano y lo vulgar, y convertirlos en asuntos extraordinarios».

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