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Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial Cultural 2008 (Grupo Contexto)
Un Dickens posmoderno – El Correo – «Terranautas», de T. C. Boyle

T. C. Boyle es el autor de ‘Los terranautas’, la historia de un grupo de ocho personas que viven en una burbuja, y que llega ahora a las librerías en castellano.

Cada mes, T.C. Boyle escribe un texto para sus seguidores en su página web y redes sociales. Es evidente que, en los últimos post, el protagonista absoluto es el virus, cómo lo ha trastocado todo, cómo le ha mantenido, como a millones de personas de todo el mundo, encerrado en su casa, viendo venir… lo que sea que venga. Desde marzo, nada de aviones para ir a dar clases, entrevistas y charlas o hacer presentaciones de las muchas traducciones de sus libros; nada de la vida social que siempre había conocido –las reuniones, las copas en los bares, la gente–, más allá de su esposa, y la familia de una de sus hijas, que vive en la puerta de al lado en Montecito, California. Este hombre con pinta de rokero tiene más de 70 años y se sabe dentro del grupo de riesgo, así que prefiere no arriesgar. Son «los tiempos más raros» por los que ha pasado, reconoce.

Y eso que, con las novelas que escribe, se podría pensar que ha vivido lo suyo y que se las sabe todas. Como si ya hubiera estado allí. Para muestra, esta. Hace cuatro años publicaba en inglés ‘Los terranautas’ (que la editorial Impedimenta acaba de editar en castellano). El núcleo: un grupo de ocho hombres y mujeres se encierra durante dos años, de forma voluntaria, bajo una especie de burbuja que reproduce distintos hábitats de la Tierra. El objetivo: experimentar la vida en ese entorno controlado, del que nada sale y en el que nada entra, por si en un futuro hubiera que desarrollar este tipo de lugares para perpetuar la raza humana. El resultado: hay que leerlo. El autor se define como pesimista sin remedio, pero mientras alimenta sus pesimismos no repara en momentos divertidos. Son los que surgen al analizar a los humanos, con todas sus miserias. Y cómo tratan al planeta que, de momento y tiene pinta de que por mucho tiempo, es el único en el que pueden realizarse. Los humanos podemos tener muy buena voluntad, parece decir, pero en el fondo… lo echamos todo a perder, criaturitas.

No es la primera vez que trata el tema, ni será la última, claro –Boyle anuncia ya nuevos libros, que están esperando a que pase lo peor de la crisis sanitaria para ver la luz–. El gran tema es esa ley de la selva y cómo los bajos instintos, los comportamientos movidos por el egoísmo puro y duro (que puede vestirse de muchas maneras bonitas) son lo que hay. Una cosa lleva a la otra, esto es, a buscar otras maneras de vivir y otros entornos –también ha tratado esto en sus novelas– y a fallar a menudo; no es raro que sus personajes aspiren a otro mundo, a otra realidad, y tampoco que por el camino quede expuesto el coste social, ecológico y mental de la manera en que organizamos las cosas.

Cambio de nombre

Casi una treintena de libros lleva ya en el currículum Thomas John Boyle (Peekskill, Nueva York, 1948), que en la adolescencia cambió ese corriente John por un rarísimo Coraghessan encontrado en alguna de las ramas más antiguas del árbol genealógico. Se licenció en Inglés e Historia por la Universidad de Nueva York en Postdam, y se especializó en Literatura del siglo XIX en el Taller de Escritores de la Universidad de Iowa en el que tuvo por maestros a John Cheever y John Irving; fue allí donde terminó su primer libro de relatos en los setenta. Lo comparan con Charles Dickens, y también con Garcia Márquez, Flannery ’Connor y Raymond Carver, que fue amigo suyo.

En ‘Música acuática’, el primero de sus libros que Impedimenta publicó en castellano, ya estaban esos temas de fondo en la narración de las aventuras del explorador escocés Mungo Park, el que siguió el curso del río Níger. Cuentan que aquello no tuvo nada que envidiar a ‘El corazón de las tinieblas’. Otro rasgo que se repite en su narrativa es seleccionar a personajes reales, como en este caso, para sus ficciones. En ‘Drop City’ cogió el nombre de una comuna de artistas contraculturales, en ‘Riven Rock’ siguió los pasos de los reales McCormick para reflejar, entre otras cosas, los problemas mentales y su tratamiento en la primera mitad del siglo XX, y en ‘Las mujeres’ narra la vida de Frank Lloyd Wright. Y, por cierto, Boyle vive en una casa que diseñó este arquitecto.

Con ‘El fin del mundo’ (1987), una saga de varias familias a lo largo de tres siglos, ganó en 1988 el Premio Pen/Faulkner de Novela. En 1999, el Pen/Malamud por un volumen de relatos. ‘The Tortilla Curtain’ fue Prix Médicis Étranger a la mejor novela publicada en Francia en 1997.

—Elena Sierra, El Correo.

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