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Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial Cultural 2008 (Grupo Contexto)
Travestismo intermedial – Levante – «Travesti de Mircea Cărtărescu», de Edmond Baudoin

Ya llevamos suficiente tiempo en este ansiado siglo XXI para habernos acostumbrado a la proliferación de términos que nos trajo la postmodernidad: intermedialidad, transmedia y otros conceptos del siglo pasado son moneda común en nuestros días, avivados por una transición digital que fagocita toda idea y la introduce en una pantalla. La tradicional adaptación de obras literarias al cómic, que los mayores del lugar asociarán con nostalgia a las Joyas Literarias Juveniles de Bruguera, deja de lado la discusión sobre la simplificación del mensaje y su minusvaloración asociada por desgracia al noveno arte para entrar, por fin, en otro ámbito de debate. La reflexión ya no es pesimista, sino que nace tanto de
las nuevas posibilidades que el lenguaje del cómic aporta como de la propia consideración de un medio ya aceptado por la sociedad. Es cierto que la introducción del audiovisual y lo digital parecen haber dejado esta traslación entre cómic y literatura en un pasado analógico que se nos antoja lejano, pero lo cierto es que esa naturaleza matérica y tangible nos recuerda que todos estos sesudos debates, en el fondo, siguen orbitando alrededor de la conocida máxima «traduttore, traditore». Porque el paso de un medio mantiene un poso de traición al original en tanto medio y mensaje se sigan equiparando, con el recuerdo (quizás con algo de tergiversación) de MacLuhan en el horizonte. Pero en el caso que nos ocupa, quizás esa traición es una vuelta a los orígenes: las letras no son más que la evolución de los dibujos y la narración escrita es una consecuencia de la narración dibujada, con lo que, como el gran maestro argentino José Muñoz decía, el cómic solo hace que reunir lo estuvo separado durante siglos.

Magistral adaptación de Lulu, quizá la novela más oscura, salvaje, inquietante, onírica, delirante e hipnotizante del rumano Mircea Cărtărescu,

Quizás por eso, obras literarias que parecen intraducibles a todos medios encuentran en la historieta un lugar natural
donde, más que la traducción, se ejercita una nueva mirada, una remediación en términos más actuales, que saca partido de las posibilidades simbólicas de un lenguaje que nace de nuestra naturaleza visual. Si hace poco elogiábamos el trabajo de Albert Monteys y Ryan North adaptando la compleja Matadero 5 de Kurt Vonnegut (Astiberri), hoy toca descubrirse ante la imponente labor que realiza el maestro Edmond Baudoin, inspirador de todo el movimiento de la Nouvelle Bande Dessinée, llevando a las viñetas la compleja y poliédrica Lulú de Mircea Cărtărescu en Travesti (Ed. Impedimenta). El original literario plantea de por sí una intrincada estructura de líneas temporales paralelas de un personaje en diferentes momentos de su vida. De Víctor conoceremos una juventud de descubrimiento y una madurez que busca con frustración cómo plasmar su relato de iniciación en literatura. Dos capas que Baudoin decide no adaptar directamente, sino añadiendo una más de lectura personal en la que se encuentra con el autor. El trazo orgánico y vivo del autor francés, que ya ha demostrado en sus obras su inmensa capacidad para el simbolismo gráfico y la metáfora visual, se libera totalmente en los muchos momentos oníricos que plagan el relato, rayanos en la pesadilla alucinada, donde se exprime el blanco y negro para obtener una expresividad angustiosa. Baudoin representa su interpretación desde lo visual, pero añadiendo pasajes literales, creando una ilusión: de alguna manera traviste su cómic de literatura, acercándose a la obra de Cărtărescu dando la mano a un lector que se convierte en compañero y cómplice de una experiencia lectora diferente. No hay traición en esta traducción, hay pasión por la exploración de un universo ajeno pero cercano: Simon, el protagonista de El viaje (Astiberri) podría ser quizás un trasunto de Víctor. O quizás es el propio Edmond Baudoin el que se traviste de Mircea Cartarescu, en un juego definitivo de espejos donde el lector decidirá si deja subyugarse en una lectura fascinante.

—Álvaro Pons, Levante.

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