cabecera 1080x140
Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial Cultural 2008 (Grupo Contexto)
Reseña: «Los viejos creyentes», de Vasili Peskov – ACEPrensa

En 1978, un piloto ruso sobrevolaba la taiga siberiana, miles de kilómetros de montañas y bosques deshabitados. De pronto, una cortina de humo que procedía de la chimenea de una solitaria isba, cercana a un río, llamó su atención. El piloto formaba parte de una misión de geólogos que iba a explorar aquellas olvidadas tierras. A los pocos días, se dirigieron a esa casa y se encontraron con cinco miembros de una familia de “viejos creyentes” que vivían aislados en esa zona inhóspita desde 1944.

La curiosa noticia se extendió rápidamente y llegó a oídos de Vasili Peskov (1930-2013), periodista de Pravda, que se interesó por aquella gente. En 1982 viajó a Siberia, a Jakasia, al curso alto del río Abakán, el más cercano a la casa de la familia Lykov. Viajó durante doce años seguidos para compartir sus peripecias y escribir sobre ellos a unos lectores que estaban ávidos de noticias. El libro recoge las crónicas que escribió durante esos años.

Hasta 1982, los geólogos tuvieron esporádicos encuentros con los miembros de la familia Lykov: el padre, Karp Ósipovich, y cuatro de sus hijos. Su mujer, Akulina, había fallecido en 1961. Los geólogos, que trataron con mucho respeto a la familia, procuraron ayudarles en todo lo que pudieron, pues de manera milagrosa los Lykov habían sobrevivido durante décadas en unas condiciones casi primitivas. Cuando llegó Peskov, se encontró con que solo vivían el padre y la hermana menor, Agafia, que había nacido en 1943.

Los “viejos creyentes” son una secta religiosa cuyo origen se remonta al siglo XVII, cuando el zar Alejo y el Patriarca Nikon –y después, con más violencia, Pedro el Grande– aplicaron una reforma ortodoxa en la liturgia, los libros sagrados y las tradiciones que provocó un cisma. Los que no aceptaron aquellas medidas fueron perseguidos y tuvieron que huir a lugares recónditos para mantener su estilo de vida, que ellos consideraban el auténtico cristianismo. Las dramáticas circunstancias del siglo XX, con la llegada de la revolución rusa, las colectivizaciones forzadas y la Segunda Guerra Mundial, llevó a la familia Lykov a ocultarse todavía más de la civilización.

“No nos está permitido vivir en el mundo”. Esta es la idea que repite Agafia y que mejor define su concepción de la vida y de la religión. Sin embargo, el respeto que mostraron los geólogos y Peskov transformó a estos anacoretas.

El lema de Peskov, “Ayudar con todo lo imprescindible sin obligar a nada”, permitió conocer con detalle cómo vivieron tantos años ocultos los Lykov, una radical experiencia antropológica que pudo sostenerse por su rocosa y singular manera de vivir la fe.

—Ángel Amador, ACEPrensa.

Scroll Up