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Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial Cultural 2008 (Grupo Contexto)
Relato de alienación – El Correo – «La deseada», de Maryse Condé

Maryse Condé, ganadora del Nobel alternativo de 2018, publica ‘La Deseada

Maryse Condé oyó a uno de sus hermanos hablar de alienación y pensó que aquello era una enfermedad venérea, como la gonorrea o algo así. Pero eso fue hace mucho tiempo. Eso fue cuando era solo una niña, una de las hijas de una familia de funcionarios caribeños de la isla de Guadalupe, colonia francesa (todavía). Nadie habría dicho entonces, ni ella misma para empezar, que aquello que resultó no ser enfermedad venérea (aunque es posible que tenga algo de enfermedad contagiosa) acabaría siendo tema fundamental en toda su obra literaria. Bueno, nadie habría dicho siquiera que escribiría, porque de hecho una vez dijo en voz alta que era lo que quería hacer con su vida y alguien le respondió que eso no era para gente como ellos. Aquí hay miga, así que vayamos por partes.

Pese a todo, escribió -pasados ya los cuarenta, cuando ya era una profesora de Universidad y tenía cuatro hijos, había visto mucho mundo y ya se había sentido expulsada de mucho también-, y el resultado es una obra que en 2018 la convirtió en merecedora del llamado Premio Nobel Alternativo, una idea promovida por colectivos relacionados con los libros cuando el galardón oficial se canceló debido a parte de la porquería enredada en su engranaje (la parte sobre acoso sexual, un tema que por cierto también está muy presente en las historias de Condé).

Si estar alienado es tratar de ser lo que no se es porque no se ama la cultura, la raíz, la tradición propias, las novelas de esta autora francófona -que beben mucho de su memoria- tratan de alienación, no hay duda. Y de abuso, de clase, de raza, de género. Y de buscarse, aunque no es seguro que al final de todo una vaya a encontrarse… o no al menos tal y como esperaba.

Un asidero

La Deseada, que es el último título que ha publicado en español Impedimenta (la editorial que se ha propuesto dar a conocer aquí la obra de esta mujer especializada en literatura francófona, que no francesa, y que defiende la independencia de su isla), habla de todo esto a través de las vidas de tres mujeres de la misma familia; abuela, madre e hija viven circunstancias muy distintas, pero el origen es solo uno. Son tres mujeres pobres y negras en una isla del Caribe en la que cualquiera puede someterlas, empezando por los hombres de su casa. La abuela siempre permanecerá allí, mientras que la madre emigra pronto a la Metrópoli para labrarse un futuro diferente -intentando olvidar todo el pasado-. Y la última descendiente está completamente perdida, le faltan casi todas las piezas de su historia, no hay más que versiones opuestas, vaga de las Antillas a Europa y luego a Estados Unidos y vuelta buscándose… Y va topándose con otros muchos personajes en una situación similar. Necesitados de guía, de razones, de grandes objetivos para superar las miserias de su día a día.

África puede ser uno de esos asideros, lo es para algunos. De África llevaron, en algún momento, a sus ancestros al Caribe. A África vuelven algunos de sus personajes en busca de respuestas y de impulso, como la propia Condé hizo durante años. Casada con un actor guineano, del que conserva el apellido pese a haberse divorciado de él y haberse casado con quien es su traductor al inglés, allá que fue. Pero los idiomas, las costumbres, las comidas, las creencias… todo era diferente. Puede que allí estuvieran las raíces ancestrales de su familia, pero el choque era tremendo. Y no era fácil pertenecer siendo de otro sitio.

Ahora vive en la Provenza francesa. Al país que sus padres tenían en un altar llegó para estudiar en la adolescencia. Al contrario que sus progenitores, convencidos de ser los ‘Supernegros’ -los burgueses de entre los suyos- e ignorantes de la discriminación que los rodeaba hasta que pusieron los pies en Francia, Condé supo pronto qué lugar ocupaba en la sociedad. Jugaba con una niña blanca en el parque y de repente la empezó a tratar como a una criada, a darle órdenes y a atizarla. Alegría. La chavalita solo reproducía la rutina de la isla, pero aquello se le quedó grabado a la futura escritora, que lo contaba en ‘Corazón que ríe, corazón que llora’, un volumen de memorias publicado en 1999 en francés. Otras de sus novelas son ‘La vida sin maquillaje’, ‘Yo, Tituba, la bruja negra de Salem’, ‘Segu’, ‘La Migration des coeurs’ y ‘Hérémakhonon’, su debut en 1976.

—Elena Sierra, El Correo.

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