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Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial Cultural 2008 (Grupo Contexto)
Reseña: «Travesti de Mircea Cărtărescu», de Edmond Baudin – Anika Entre Libros

«Trabajo en un libro de Mircea Cărtărescu, “Lulu” en la edición francesa y en la española, “Travesti” en la rumana. Me gusta más el título de “Travesti”. Cuando escribes, no puedes dejar de traicionar la verdad, de travestirla. Y yo traiciono una traición». Esta es una de las primeras frases que encontramos en este “Travesti”, la adaptación al cómic que Edmond Baudoin ha hecho de la novela corta “Lulu”, de Mircea Cărtărescu. Con pocas frases, Baudoin hace una declaración de intenciones que le permite incorporarse en el tejido del relato. Acepta el juego de miradas que el propio Cărtărescu plantea en la obra, que es a su vez un juego de conceptos y lenguaje, una idea que nos recuerda que la voz que narra, sea con palabras o con el trazo, no ofrece la verdad, esa idea estática y rígida que a veces queremos congelar en mayúsculas, sino una posibilidad, un viaje, un transitar por los recuerdos y los puntos de vista, por la realidad y la ficción, por los sueños, las obsesiones y los miedos. Baudoin se convierte, durante unas páginas, en narrador y en observador de su propia obra, de su propio proceso creativo, cuestionándose lo que hace, preguntándose cómo plasmar lo que ha sido plasmado, dónde situar la mirada, cómo atrapar en ilustraciones el trayecto íntimo y complejo que se escribió el autor en su momento. Y eso nos sirve a nosotros como introducción, una introducción que en el fondo es un diálogo con el autor y la novela, con el joven Víctor y el adulto, con las imágenes y los sueños.

La novela que escribió Cărtărescu es un juego de dualidades, onírico y creativo. Hay dos Víctor: el joven que observa a sus compañeros desde una extraña distancia, y que sueña con escribir un día la Gran Obra; y el Víctor adulto, un hombre que sigue soñando con escribir esa gran novela, pero que parece dispuesto a recorrer el complejo laberinto de su mente y sus recuerdos para descubrir y perseguir su quimera. Una quimera que tiene nombre propio: Lulu. Un nombre que irá apareciendo, como lo harán otros elementos, otras figuras recurrentes que se entrelazan y tejen una telaraña que bascula entre el presente y el pasado, entre lo soñado y lo evocado, entre las imágenes construidos y los recuerdos que se ocultan en un recoveco laberíntico del cerebro.

Las ilustraciones de Baudoin son un cuadro perfecto que saben captar no solo lo que la voz narrativa dice, sino lo que intuimos más allá. Plasman el pensamiento, dan forma a lo que imaginamos, a lo que imagina Víctor; son una representación de la belleza y de la angustia, de los rostros anónimos y de los que se repiten, de los universos oníricos que golpean la mente del adolescente y del adulto, del lector y del creador que intenta capturar en una imagen todo lo que palpita en las palabras. «Siempre he vivido y escrito para ti, Víctor, mi doble enquistado bajo el agua congelada del espejo», leemos en algún momento, y observamos el diálogo en las frases y en el estanque, en la hoja que cae, en el silencio que parece haber al otro lado, en la mirada que construye Baudoin a través de Cărtărescu.

En “Travesti” hay linealidad y no la hay, porque en ocasiones parece un relato dentro de otro relato en el que se mezclan las palabras y las imágenes, donde la imaginación, la reflexión y el acto narrativo se dan la mano, donde lo simbólico se desprende de lo narrado y lo soñado para ahondar en el recuerdo y en la reescritura que hacemos desde el presente o desde otro lugar, desde otro lenguaje. De esta manera afloran arañas gigantes, flores y retretes, valles y música que nos golpea a ritmo de viñeta, con unas ilustraciones donde las formas se concentran y se difuminan, se duplican, creando un eco condensado de lo que las palabras tejen. Es una historia que explora la dualidad, los sueños, el proceso creativo; la necesidad de observar el exterior, pero también el interior, de adentrarse en el centro del ser, de lo profundo; perderse por el laberinto, por los pasillos del que sabe observar sus entrañas y las luces y sombras que habitan en el exterior, al otro lado del espejo, o a este lado. Y, por supuesto, la búsqueda de Lulu, persona, personaje, hilo conductor, túnel excavado en el cráneo de quien habla, y que conecta con el pasado; un nombre que sirve de punto de unión o de partida, de vínculo, de excusa, de razón.

Baudoin muestra una magnífica capacidad de condensar a través de las imágenes la pesadilla de Víctor y el mundo que transita. A través de los cuadros en blanco y negro deambulamos entre metamorfosis, arañas y laberintos; entre sexo y deseo, entre obsesión, locura y sueño, y nos encontramos con una literatura que habla de literatura y que se busca y se encuentra; una literatura que alimenta las figuras y una ilustración que alimenta y da vida a las palabras.

En definitiva, una brillante adaptación gráfica que nos permite comprobar, de nuevo, el fascinante universo de Mircea Cărtărescu y el increíble diálogo que establece su mundo con la imaginación gráfica de Baudoin.

—Inés Macpherson, Anika Entre Libros.

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