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Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial Cultural 2008 (Grupo Contexto)
Entrevista a Anna Starobinets – El País – «Tienes que mirar», de Anna Starobinets

“Todos los países quieren gobernar sobre el cuerpo de la mujer”


En la pesadilla de Anna Starobinets habitan médicos sin empatía que invitan a una quincena de residentes a presenciar, sin pedir permiso, uno de sus peores momentos vitales; un sistema sanitario —el ruso— deshumanizado y acostumbrado a arrebatar la capacidad de elección a las mujeres, a tutelarlas; personas superadas ante la densa burocracia de herencia soviética; profesionales que, sin otras pautas, solo medicalizan el duelo de la pérdida de un hijo y tratan de hospitalizar a toda costa alas pacientes. También un esposo que la acompañara en el camino frente a la costumbre que mantiene “esas cosas” como territorio exclusivamente femenino y no de pareja y pese a que en las lúgubres clínicas ginecológicas publicas rusas no se suele admitir la presencia de hombres. “No vaya a ser que nos vean en un mal momento, se asusten y huyan, como suelen repetirnos hasta nuestras madres”, apunta certera Starobinets (Moscú, 42 años) en una cálida cafeteria moscovita.

Esta vez, la angustiosa historia que relata la reina rusa del terror en Tienes que mirar —publicado ahora en español por Impedimenta— no esta en su cabeza. Ni ha robado la trama del retazo de uno de sus sueños. Es su vida. La descriptiva, conmovedora y angustiosa memoria de una mujer que acude a una ecografía rutinaria y recibe la noticia de que el hijo que espera tiene una anomalía congénita grave y que no sobrevivirá. El relato de horror de una mujer que choca contra el rígido engranaje de salud ruso y tiene que viajar a Alemania para interrumpir el embarazo.

Periodista durante años, Starobinets es también una de las escritoras mas reconocidas de la Rusia moderna. Tienes que mirar es el primer texto literario de no ficción de la autora de poderosas obras de terror como Una edad difícil, Refugio 3/9 o El vivo (Nevsky Prospects), comparada habitualmente con Nikolai Gógol, con el Stephen King de los primeros tiempos o con la estadounidense Shirley Jackson.

Su libro biográfico, que pone ante el espejo a una sociedad acostumbrada a enterrar ciertos temas, causé un enorme escándalo en Rusia cuando se publicó, hace cinco años, recuerda la escritora mientras bebe un vino caliente con especias. No tanto por la decision, sino, sobre todo, por contarla. “Pensé que provocaría cierto debate social, pero no imaginé que fuera tan duro. Supuse que tendría algunos problemas con la comunidad médica debido a que pongo los nombres reales, porque si no, qué sentido de denuncia social tendría el libro. También esperé criticas de personas normales y de mujeres; pero no imaginaba la furia que se desencadeno”, cuenta encogiéndose de hombros.

A Anna Starobinets se la considera a la vez hija de Stephen King y Philip K. Dick, cuando quizá lo sea más de Liudmila Petrushévskaia y su adorado Nikolai Gógol, pues todo lo que toca, incluidas sus historias para niños, lo convierte en una feroz critica al comunismo. De ahi que sus libros infantiles hayan tenido problemas para publicarse en Rusia.

Son habituales en sus historias las hormigas —el cuento que da nombre a su primera colección, Una edad difícil, es ya un clásico del terror mundial—, y cualquier otro tipo de animal cuyo cerebro forme parte de una inteligencia colectiva. Su distopía El vivo plantea un mundo en el que los seres humanos son las células de un solo cuerpo, que es el de una humanidad cruel y maldita. Ambas fueron publicadas en España por la desaparecida Nevsky Prospects, así como Refugio 3/9 y La glandula de Ícaro.

Starobinets, que cobró 50 dólares por su primera colección de relatos —que dio la vuelta al mundo en 2005, cuando ella tenia tan solo 27 años, y no llegó a nuestro país hasta 2012—, vivió alejada de los clásicos contemporáneos durante su adolescencia —el Telón de Acero solo lo cruzaban, en sus palabras, “autores muertos”, como Edgar Allan Poe o H. G. Wells—, pero sin embargo construyo una ficción que nada tenia que envidiarles.

Es raro pensar que se la comparaba con el estadounidense Stephen King antes de que hubiese leído a Stephen King, pero así fue.

En la actualidad, la que fue también la primera guionista rusa de Disney, es un referente mundial del fantástico que lo único que hace dice, es exactamente lo que hizo Gógol: mezclar el lado mas oscuro del folclore y el cuento de hadas con “el horror de estar ahí dentro”, siendo ese dentro la, al parecer, interminable, muerta en vida, Unión Soviética.

La reina del terror ruso relata su calvario en los hospitales de su país

“Pensé que el libro le daría algún sentido a la muerte de mi hijo”

No fueron pocos los colegas que la acusaron de querer “sacar partido” de su dolor, de capitalizarlo. De que Tienes que mirar no era literatura. También recibió comentarios durísimos, impulsados por un patriotismo malentendido, por describir los problemas del sistema sanitario del país en un libro que abordó, por primera vez en ruso, las emergencias obstétricas, la pérdida de un hijo, las consecuencias, la recuperación, los problemas familiares, el debate moral y ético. “Me acusaron de estar llena de odio hacia Rusia, de insultar a nuestros médicos. Aquí hay un dicho que remarca que no se debe airear la basura fuera de casa, y para algunos eso fue lo que hice al exponer públicamente un tema que es una vergüenza para mi país”, señala.

Prohibido llorar

Starobinets se vio envuelta en una tormenta mediática. Perdió amistades. Todo, dice, por romper el silencio. “En Rusia hay una idea muy espartana, afianzada desde los tiempos soviéticos, que marca que debes callar ante el dolor, porque solo así, siendo fuerte, sobrevives. Si lloras, si muestras tus sentimientos, significa que no te respetas, que eres débil. Así puede que tengan compasión hacia ti, quizá te ayuden, pero nunca te respetaran”, comenta.

“Si hay algún problema obstétrico, la capacidad de la mujer de decidir sobre su maternidad casi se esfuma”, remarca Starobinets, que explica que, como le sucedió a ella, el sistema de salud ruso prácticamente no concibe otra opción que la de interrumpir un embarazo en caso de anomalías fetales graves y, pese a eso, impone todo un peregrinaje de trabas a las mujeres. “Es como en todos los países: un intento de gobernar sobre el cuerpo de la mujer. En algunos países tratan de arrancarle el derecho a decidir obligándola a seguir con el embarazo. En Rusia, la presión es para que lo interrumpa si el hijo que espera tiene problemas”, asegura.

Starobinets terminó pidiendo dinero a familiares y amigos y viajó Berlin para abortar. Allí recibió una atención humanizada y un comienzo de asesoramiento para el duelo. Algo, señala, inconcebible en Rusia. La escritora tampoco hallé un solo libro en lengua rusa para ayudarla a navegar por las etapas que afrontaba. Por eso, cuando todo pas6 y se había asentado, decidió contar su propia historia para ayudar a cambiar las cosas. “Pensé que ya que tenia las herramientas, la métrica para hacerlo, quizá era mi deber social escribir lo que me había pasado. También, que eso le daría algún sentido a la muerte de mi hijo…”, cuenta.

Con su prosa, impregnada de cierto humor negro, Starobinets también logré ciertos cambios en Rusia. Su libro, que agoté la primera edición en un mes, terminó abriendo un melón en la comunidad médica, una de las clínicas que menciona impuso una formación especifica a sus profesionales sanitarios, se hablé del duelo, de la empatía, de los grupos de apoyo, de la opción de la mujer para interrumpir el embarazo o para continuarlo, de la elección y de la necesidad de respaldo en cualquier paso del camino.

—María Sahuquillo, El País.

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