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Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial Cultural 2008 (Grupo Contexto)
El viejo wéstern nunca muere, forastero: los mejores títulos – El asombrario – «Basilisco», de Jon Bilbao

Después de que Clint Eastwood encañonara a Gene Hackman en la sobresaliente Sin perdón (1992), más de uno predijo que el wéstern había alcanzado su tope. Igual que el bisonte americano, sus figuras arquetípicas, el tono épico y la violencia polvorienta estaban agotadas. Y es que, vistas ‘Centauros del desierto’ y ‘Por un puñado de dólares’, leído McCarthy y algún que otro pastiche sobre Billy el Niño o la banda de Ned Kelly, ¿le quedaba algo más por decir al género de los tipos duros y los duelos al sol? Lo cierto es que sí, y mucho. El wéstern no solo no ha desaparecido nunca del imaginario colectivo; cada día, novelas, relatos, películas, series, videojuegos e incluso artistas musicales lo redefinen y enriquecen, explorando nuevos límites más allá de la frontera. Cabalgamos junto a la editorial Impedimenta para hablar de todo ello, y de cómo Valdemar, Siruela, Anagrama, Hermida o Capitán Swing, entre otras muchas editoriales en castellano, se adentran en lo desconocido para traernos pepitas de oro en formato literario.

Impedimenta, llaneros editoriales

Pero, más allá de los bolsilibros, ¿se ha llegado a abordar el género de forma seria por los autores? ¿Se sigue escribiendo wéstern hoy en día? ¿Por qué caminos transitan las nuevas voces del Oeste literario? ‘El Asombrario’ ha tenido el placer de charlar de todo ello y mucho más con los responsables de la editorial madrileña Impedimenta: Enrique Redel y Pilar Adón. Lo cierto es que Impedimenta necesita pocas presentaciones; nacida en 2007 y asociada al Grupo Contexto, esta editorial independiente no ha dejado de acumular acierto tras acierto en su catálogo desde entonces, con autores variopintos de la talla de Natsume Sōseki, Penelope Fitzgerald, Eudora Welty o Stanislaw Lem, así como los más recientes Mircea Cărtărescu o Tatiana Țîbuleac. Por supuesto, también han publicado wéstern, y es que, como ellos mismos dicen, su misión es «recuperar clásicos incontestables», pero también «fabricar clásicos modernos», planteando, además, «un diálogo entre lo antiguo y lo nuevo». Están presentes en TwitterFacebook e Instagram.

Viejos y nuevos pistoleros

Anticipábamos que el mito fundacional de los Estados Unidos también se ha tratado con mayor extensión y profundidad por multitud de autores norteamericanos –y de todo el planeta– que, interpelados por el irresistible relato de frontera y supervivencia, han urdido auténticos clásicos de la literatura. No se puede dejar de hacer referencia a Warlock, novela imprescindible publicada por Oakley Hall hace más de medio siglo y recuperada por Galaxia Gutenberg en 2021, que, sin renunciar a la calidad literaria, contiene todo lo que podemos esperar de un wéstern de raza: un pueblo sin ley, jugadores de cartas, bandas de cuatreros y odios hasta la muerte. Terrible impacto causó también la publicación de la brutal Meridiano de sangre, de Cormac McCarthy (Literatura Random House, 2007), tanto por su uso contundente y seco del lenguaje como por el tratamiento explícito y sin concesiones de la violencia que, en muchos casos, debió de caracterizar a la época.

Justamente para eso, para rescatar clásicos del Oeste inéditos en castellano, Pilar Adón nos recuerda que la editorial Valdemar inauguró la colección Frontera en 2011; hasta la fecha, ha publicado una veintena de títulos que inspiraron películas insignes, entre los que se encuentran El árbol del ahorcado, de Dorothy M. Johnson (2013), El Virginiano, de Owen Wister (2018), Los que no perdonan, de Alan Le May (2018), o Sigue el viento libre, de Leigh Brackett (2019) –renombrada guionista, por cierto, de Río Bravo (1959) y El Imperio contraataca (1980).

Sin embargo, la acepción más literaria del género no se termina con lo tradicional; en pleno siglo XXI, el wéstern sigue creciendo, desbastándose y alumbrando obras que actualizan el cuento de frontera para –como quizás siempre estuvo destinado a lograr– convertirse en algo más grande y complejo. En esta nueva oleada de libros que se desmarcan de lo anterior se inscriben dos de los más recientes títulos publicados por Impedimenta, dos obras que revisitan el wéstern desde la perspectiva de personajes que están perdidos y, de una u otra manera, se encuentran a sí mismos en entornos salvajes que terminan por redefinirlos.

El ‘neo-wéstern’: ‘A lo lejos’ y ‘Basilisco’

Una de ellas es A lo lejos, del inclasificable Hernán Díaz (2020). El autor de este artículo asistió a la presentación de esta novela finalista del Pulitzer y el PEN/Faulkner en la librería Tipos Infames a principios del pasado año; allí, Díaz dejó claro que no solo había hecho una profunda reflexión acerca del cómo y el porqué de la historia, sino que también había cierta intención de atacar el corazón del género y darle otra perspectiva.

Enrique Redel entiende que es ahí donde reside su atractivo: «Por definición, el wéstern tiene un fuerte componente fundacional, basado en mitos como el de la frontera y la doctrina del destino manifiesto, netamente estadounidenses. La historia del país apenas abarca 250 años y, hasta la invención de este género, carecía de sus propios cantares de gesta, que narrasen cómo se fue forjando la nación. Como en todo relato fundacional, hay un fuerte contenido de idealización –muy eurocéntrico, si se quiere– en el que los buenos siempre son los mismos –el blanco conquistador–, y los odiosos y malvados son todos los demás –los nativos, los emigrantes que no triunfaron o se quedaron por el camino, y las antiguas potencias que ocupaban el territorio–. La virtud de estos wésterns de nuevo cuño –como el de Hernán Díaz– es que ponen voz a esos a los que nadie se la había dado antes, y que, paradójicamente, fueron los verdaderos protagonistas de la historia. En este sentido, A lo lejos desmitifica, nos pone los pies en el suelo y nos cuenta una historia de extrañamientos, de silencios, muy poco evidente, casi posmoderna. La historia de Hernán nos deja ver ese retrato del otro lado, del lado secreto o negligido, que lo emparenta casi más con las crónicas españolas de Indias que con el wéstern más autocomplaciente y prototípico. Eso fue lo que nos sedujo en primer lugar. También el tono comedido, la fuerza hipnótica de las descripciones y la extrema solidez dramática del protagonista, Håkan».

El segundo neo-wéstern publicado por Impedimenta es Basilisco, de Jon Bilbao (2020). En esta ocasión, el talento de un maestro del relato corto español, de influencias norteamericanas, se pone al servicio de una novela que ahonda en las raíces ideológicas del género. «El caso de Bilbao es completamente diferente al de Díaz», nos cuenta Enrique, «pero igual de efectivo y rico, sino más». Le preguntamos si el estilo conciso, seco e impactante de Bilbao es la herramienta definitiva para abordar el wéstern con éxito. ¿Debe contarse el Salvaje Oeste siguiendo la estela de McCarthy? Enrique nos explica: «Si Hernán parte de una historia intimista, casi nórdica, y la ambienta en los escenarios propios de la conquista del Oeste, casi hurtándose a todos sus tópicos, Jon rinde un homenaje expreso a los mitos literarios y cinematográficos del wéstern clásico, al strong silent type, a las grandes llanuras, al personaje de una pieza, a las historias míticas del Oeste, adoptando en muchos casos sus giros, y asumiendo conscientemente sus figuras. Hay que decir, no obstante, que lo que hace que la novela explote es la sabia combinación de ese relato escuchado –un recurso literario valiosísimo– con la narración de las cuitas de un ingeniero en constante crisis matrimonial y creativa, que, de hecho, ya conocemos de otros libros de Jon, y cuya vida se entremezcla, hasta casi confundirse, con la del Basilisco del título, el protagonista de una historia wéstern de tintes tarantinianos, que también bebe mucho del propio McCarthy, ciertamente. Un relato que a Jon Bilbao le encaja perfectamente por su estilo, muy poderoso, y muy deudor de los grandes narradores clásicos norteamericanos».

Un terreno muy fértil y poco explotado

La presencia de novelas como A lo lejos y Basilisco reafirma la vigencia de un género que goza de una vitalidad espléndida y que, cada vez más, se libera de viejas ataduras; no obstante, Díaz y Bilbao no están solos, ni mucho menos, en esta reinvención del wéstern. De hecho, Pilar nos confirma que estamos ante uno de los grandes «terrenos fértiles» –y poco explotados– de la literatura. «Son muchas las lecturas que pueden extraerse del wéstern. Muchísimas. Jóvenes audaces, hombres esforzados y emprendedores, mujeres que lo observan todo con los ojos muy abiertos, indios que atacan y huyen en momentos de una violencia extrema, que rara vez se ve en las películas. En los libros se habla de supervivencia, de los ritos de comunión con la naturaleza, del concepto sagrado del entorno, las montañas y los ríos, la lucha diaria por la subsistencia. Héroes y villanos. Lo glorioso y lo legendario. La idea de un personaje que se aparta voluntariamente de la civilización y que ha de sobrevivir en una naturaleza que no siempre es amable –como ocurre en la novela El trampero, de Vardis Fischer (Valdemar, 2012), en la que se basó Las aventuras de Jeremiah Johnson (1972), de Sidney Pollack– resultaba tan atractiva entonces como ahora. Las novelas actuales hablan del asombro ante la belleza de la naturaleza y sus singularidades, y casi son manuales sobre las costumbres de los animales, la descripción de las plantas y cómo habitar en medio de una naturaleza que sólo admite la supervivencia».

—Miguel Garrido de Vega, El asombrario.

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