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Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial Cultural 2008 (Grupo Contexto)
Balzac: filosofía y elegancia – El vuelo de la lechuza – «Tratado de la vida elegante», de Honoré de Balzac

El Tratado de la vida elegante vio la luz por primera vez en 1830, dando comienzo a una serie –incompleta– que Balzac denominaría “Patología de la vida social”. Fue publicado en el semanario La Mode, dirigido por Émile de Girardin (uno de los creadores del periodismo francés moderno). En la nota que la editorial Impedimenta introduce en esta elegante edición (que incluye muy bellas ilustraciones de dibujantes ingleses), se nos dice que el dandismo “prefiguraría el Romanticismo literario de signo decadentista, y supondría una auténtica revolución social y cultural en la Europa de principios del siglo XIX, alcanzado su culmen en Charles Baudelaire“.

Balzac rondaba los treinta años cuando escribía el Tratado de la vida elegante y la Fisiología del matrimonio (publicado en 1829 a nombre de “Un joven soltero”); el autor se erige en esta última obra mencionada como un doctor en artes y ciencias conyugales, elaborando un curioso estudio de la casuística marital, ofreciendo a la vez ingeniosos consejos a los maridos sobre la manera en la que han de conducirse para lograr la armonía en su casa. ¿El objetivo? Evitar el “peligro del minotauro”, es decir, del amante, el salteador de los matrimonios –más si cabe cuando la mujer en cuestión es joven y bella–.

Un pueblo de ricos es un sueño político imposible de realizar. Una nación se compone necesariamente de personas que producen y personas que consumen. ¿Cómo es que quien siembra, planta, riega y cosecha es precisamente el que menos come?

Balzac. Tratado de la vida elegante, Cap. Primero, III

Balzac divide la sociedad en tres grupos: los trabajadores, los que piensan y los que no hacen nada, que a su vez arrojan como resultado tres tipos de vida: la del hombre ocupado, la del artista y la del hombre elegante. La del primero es una vida que no conoce variantes, en la que se trabaja “con los diez dedos” y se abdica de todo destino: los hombres trabajadores quedan convertidos en medios “semejantes a máquinas de vapor, […] producen todos ellos de la misma manera y no tienen nada de individual. El hombre-instrumento es una especie de cero social”. Su existencia consiste en tener “algo de pan en la alacena”, y su elegancia queda reducida a la posesión de “cuatro andrajos metidos en un arcón”. Por eso el trabajador no tiene tiempo para pensar, pues su vida es movimiento continuo, sempiterno, “en la que los pensamientos todavía no son ni libres ni ampliamente fecundos”. Por su parte, el artista es una “excepción en todo”: su único trabajo consiste en la ociosidad, trabajo que es a la vez descanso; además, “él es siempre la expresión de un gran pensamiento y como tal domina la sociedad”. Por último, damos con la vida del hombre elegante, de la que Balzac se ocupa en esta breve obra: “la elegancia trabajada es a la auténtica elegancia lo que una peluca es al pelo”.

El vestido es como un barniz: lo hace resaltar todo. La indumentaria fue inventada más para destacar los atractivos corporales que para ocultar imperfecciones. De donde se deduce este corolario natural: todo lo que una indumentaria trata de ocultar, disimular, aumentar y agrandar más de lo que la naturaleza o la moda ordena o quiere, siempre quedará como algo vicioso.

Balzac. Tratado de la vida elegante, , Cap. Quinto, I

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