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Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial Cultural 2008 (Grupo Contexto)
Reseña: «El Invencible», de Stanislaw Lem – No Es País Para Frikis

Este 2021 es un año importante en el calendario de los amantes de la literatura de ciencia ficción, pues se conmemora, ni más ni menos, que el centenario del nacimiento de Stanislaw Lem: uno de los escritores más prodigiosos que nutren la excelsa literatura de ciencia ficción. Para todos aquellos que aún no lo hayan hecho, abrir cualquier de sus libros se convierte en una auténtica aventura donde se aúna la imaginación más prodigiosa, una sutil (y a veces no tanto, recordemos, por ejemplo El diario de las estrellas) ironía, una capacidad filosófica inmensa y un amor infinito por este género. Si bien es un lugar común señalar que una de sus obras cumbres es Solaris, no deja de ser cierto que el libro que hoy tenemos entre manos, El Invencible, está muy cerca de dicha obra, tanto en pretensiones como en logros.

El Invencible nos lleva de viaje en dicha nave hasta Regis III, un planeta aparentemente deshabitado y desértico en el que, poco tiempo antes, El Cóndor, otra nave espacial, desapareció de manera abrupta y sin dejar pistas de lo sucedido ni de su ubicación. Una vez lleguen a destino, comenzará no sólo la búsqueda de sus desaparecidos compañeros sino que dará inicio un diálogo con el planeta en el que las pocas respuestas que vayan encontrando darán lugar a innumerables preguntas. Y, aunque el origen de la misión es tratar de esclarecer la situación del El Cóndor, pronto seremos conscientes que lo que Lem nos ofrece es un puzle en el que no existe una única solución, en el caso de haberla.

Lem está dotado de una increíble inteligencia e imaginación para proponer al lector un viaje a las estrellas, sí, pero también un viaje hacia quiénes somos y cómo actuamos ante lo desconocido. Regis III no es sólo un paisaje por el que pulula la tripulación de El Invencible, sino que se trata de un personaje más: uno especialmente fascinante, como aquel Solaris, en el que cada hábitat que descubrimos, cada elemento que se vislumbra da pie a innumerables teorías y posibilidades. La obra hace una descripción pormenorizada del planeta a lo largo de las páginas, pero lejos del tedio, cada párrafo en el que se nos narra la geografía del planeta es un nuevo matiz que enriquece el complejo dibujo de Regis III y que hace asomar la portentosa capacidad del escritor para dotar de vida a algo aparentemente inanimado. De manera sutil pero contundente, Lem reflexiona sobre el concepto de otredad de una forma fascinante: el ser humano, en su afán colonialista, desdibuja y redibuja a su antojo la idea del «otro» con una facilidad pasmosa que queda reflejada en esta obra con una elegancia incomparable.

El Invencible hace gala, como ya he dicho, de una imaginación desbordante: Lem detalla con precisión milimétrica la tecnología que llevan a bordo de la nave, el aterrizaje sobre un planeta extraño, la geografía del planeta, las diferentes comunidades que se crean dentro de la expedición. Su minuciosidad es capaz de dibujar en la imaginación del lector un cuadro completo y detallista de todo lo que envuelve a El Invencible y a Regis III y nos hace sentir extrañamente cercanos a ellos, pero absolutamente incapaces de comprender el misterio. La novela camina con ritmo trepidante hacia uno de los finales más desasosegantes y sorprendentes del género, en un ejercicio que deja extenuado y extasiado al lector. Como podéis imaginar, El Invencible es una lectura obligatoria dentro del género de la ciencia ficción, como cualquier otra obra de Stanislaw Lem: no sobra una palabra, ni una coma en esta inmensa obra que es capaz de dejar un incómodo poso en el lector. Creedme cuando os digo que tras el viaje a Regis III nada volverá a ser lo mismo.

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