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Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial Cultural 2008 (Grupo Contexto)
Como un alacrán en las entrañas

A dos por tres saco aquí y en otros sitios las perversiones literarias del mercado. No nos enteramos más de lo que los grandes grupos editoriales quieren que nos enteremos.

Pero hay que escarbar en la sombra de las librerías, pasar de los montones que están a la entrada y oler como huelen los libros memorables. Les cuento uno: Kokoro. Las multinacionales lo acaparan todo. Menos esas pequeñas maravillas que tienen su razón de ser en el rigor de su catálogo y en la inaudita belleza de sus ediciones. La editorial Impedimenta lleva años destacando en los escaparates por esas dos razones. Y leer lo que publica (lo último: Los políglotas, una enorme novela de William Gerhardie) es un gozo que podemos compartir con otros empeños de parecida vocación, unos empeños que hoy le plantan cara a la basura que los poderosos meten con calzador entre las lavadoras, los caquis de Cotino y el carpacho de salmón en las grandes superficies comerciales.

No conocía a Natsume Soseki. Un japonés que vivió los tiempos convulsos de la era Meiji, allá por los mediados del siglo XIX. Es Kokoro su obra cumbre. Ya se sabe que una obra cumbre en literatura es la que se mete en las entrañas del tiempo que le toca vivir y se retuerce como si un alacrán les estuviera picoteando el alma a la historia y a sus protagonistas. Hace cien años que fue publicada por primera vez, después de que apareciera por entregas en un diario de Tokyo. Y para celebrar ese aniversario, Impedimenta la saca siguiendo esa línea que les contaba antes de la belleza por fuera y la escritura. Los viejos y los nuevos tiempos. La iniciación en el saber, los rifirrafes entre lo de antes y lo que se avecina, el amor y las traiciones. Ya les digo que no sabía nada de Natsume Soseki. Ahora sé que es uno de los padres (tal vez el padre) de la literatura japonesa contemporánea. Por eso pongo ese descubrimiento en este primer Fahrenheit de la nueva temporada. Ojalá les guste Kokoro como a mí me ha gustado. Ojalá.

Por Alfons Cervera

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