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Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial Cultural 2008 (Grupo Contexto)
Reseña: «El Gabinete de los Ocultistas», de Armin Öhri – El enano rabioso

El novelista alpino Armin Öhri nos retrotrae a la Prusia del siglo XIX con El gabinete de los ocultistas. El segundo caso de Julius Bentheim.

Si hay algo que en estos últimos años ha marcado el devenir del mercado literario, ha sido la popularización del noir escandinavo, género de pautas perfectamente reconocibles que ha generado la dependencia del “más de los mismo”, con la consiguiente devaluación creativa que acompaña a esta clase de corrientes definidas por la industria.

Como siempre ocurre en estos casos, en la tara se encuentra la virtud. En este caso en concreto, representada por Armin Öhri, peculiar novelista de un pueblo de Liechtenstein que, tras habernos dejado de una pieza con La musa oscura, regresa con otro libro todoterreno, en el que las características de la kriminalroman son potenciadas al cubo por medio de una escritura que fluye como terciopelo negro. Y es que sólo por las emociones que Öhri transmite a través de su estilo delicioso de escritura ya está más que justificada la sesión de espiritismo narrativo que nos propone para esta nueva aventura para Julius Bentheim, a quien ya conocimos en su anterior novela.

El contexto adoptado por Öhri nos traslada a la Prusia de 1865, entorno aristocrático ideal donde poder empujar la acción por medio de una serie de muertes atribuidas a una maldición. A partir de esta semilla, la acción va extendiéndose y plegándose con la naturalidad de las historias escritas con la intención de atrapar al lector en una red de significantes argumentales reconocibles, a los que el escritor de Liechtenstein suma la inflexión de la elegancia y el sustrato de la autoría personal. Porque, por encima de todo, esta fabulosa variante de la novela criminal supone un soplo de aire fresco dentro de la lectura de entretenimiento. Una que es enaltecida hasta el cum laude por un autor del que ya esperábamos mucho, pero que, aún por encima, se ha marcado una pequeña obra maestra del género.

—Marcos Gendre, El enano rabioso.

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