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Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial Cultural 2008 (Grupo Contexto)
La belleza que inspira la inminencia de la muerte

El escritor japonés Natsume Soseki narra de forma intimista la historia de la intensa amistad entre un joven estudiante, ávido de nuevas experiencias, y un anciano hastiado de la vida.

Quizás no supiera, mientras escribía su novela, que le quedaban dos años de vida, pero debía sentir cercana la presencia de la muerte. la úlcera de estómago que sufría entonces, y que acabó matándolo, se encargaba de recordarle la brevedad del tiempo. Pero la muerte habita en sus palabras, envuelve la narración como un velo delicado, una brisa tenue, sutil, pero a la vez inmanente al relato y a sus protagonistas. Quizás si sabía que se moría; la cuestión era cuándo.

Natsume Soseki publicó Kokoro por entregas en el periódico japonés Asahi Shinbun, entre abril y agosto de 1914. dos años antes moría el último emperador de la dinastía Meiji, un acontecimiento que convulsionó a la sociedad japonesa, que se sintió huérfana frente al incierto porvenir, y que influyó en gran medida en el ánimo de los intelectuales de ese país, imbuidos por el rico legado de esos gobernantes, pero igualmente fascinados por la nueva etapa que se iniciaba en esos momentos. un sentimiento que se vio reflejado en sus obras, de las que esta novela representa un ejemplo claro.

Soseki ya era un reputado escritor cuando Kokoro apareció como novela, pero esta obra supuso el espaldarazo definitivo para consolidarlo como uno de los referentes de las letras en Japón. ahora se cumplen cien años del feliz alumbramiento, y la editorial Impedimenta ha publicado una nueva y lujosa edición traducida por Yoko Ogihara y Fernando Cordobés, con la que se rinde merecido homenaje a uno de los escritores más interesantes de la literatura universal.

Soseki despliega en Kokoro todo su genio para construir un relato fascinante, bello y terrible a la vez, con personajes rotundos llenos de vida, que se mueven por ambientes descritos con minuciosidad carente de artificio, pero capaz de estimular los sentidos, y envueltos en una atmósfera que llena de vida las inertes páginas del libro, embriagando al lector con los aromas, sonidos y colores que componen esta sobrecogedora sinfonía a la amistad y al amor.

El escritor japonés narra la historia de una amistad tan intensa como peculiar. un joven estudiante se siente extrañamente atraído por un anciano, al que ve un día en la playa de una villa balneario donde pasa unos días de descanso. tras abordarle mientras se dan un baño, entablan una relación cada vez más íntima cimentada sobre la curiosidad que le despierta al joven la compleja personalidad del anciano, al que llama Sensei, y el secreto origen de su misantropía.

La relación se ve interrumpida cuando el narrador ha de volver a su casa familiar, para atender a su padre enfermo. al cabo de un tiempo recibe una larga carta de su amigo en la que, tras confesarle su terrible secreto, anuncia su decisión de suicidarse.

El joven narrador se convierte así en el último y fallido recurso de Sensei por redimir la culpa que le atormenta: alguien que le entienda y le devuelva la ilusión de vivir, mientras que el protagonista logra su objetivo a cambio de un precio demasiado alto. en ese oculto deseo mutuo habita el sentido de la irónica confrontación entre la curiosidad juvenil y la desolación provecta.

Soseki ofrece así su personal impresión sobre el fin de la dinastía Meiji, y expresa sus temores ante la nueva etapa. el relato se convierte así en una maravillosa metáfora sobre la muerte de lo viejo y la eclosión de lo nuevo. el joven narrador representa un futuro que no sabe si podrá renunciar a la experiencia del pasado, mientras que sensei y su padre significan ese pasado amenazado de desaparecer en el torbellino de los nuevos tiempos que se avecinaban. Pura incertidumbre.

Soseki enfrenta a sus personajes con la muerte como gran catalizadora del paso del tiempo y la evolución social, mostrándoles así la vulnerabilidad de la existencia. Kokoro narra en ese sentido un viaje de iniciación, en el que la pérdida es el preámbulo necesario para una nueva experiencia. Pero ello no ha de llevar consigo un desprecio de lo perdido, sino todo lo contrario.

Soseki resuelve ese dilema con otra bella metáfora, de la que se sirve para reivindicar la conveniencia del recuerdo. Los que sobreviven han de administrar el legado de los que perecen. la herencia familiar, de la que Sensei advierte con énfasis a su joven amigo para que deje ese asunto arreglado antes de la muerte de su padre, los secretos que éste le confía y que habrá de mantener a buen recaudo, y los restos de un naufragio sentimental, la bella esposa de Sensei, que el protagonista deberá cuidar en ausencia de su maestro. la pesada carga de la vida.

Narrada con una sencillez extraordinaria, esta novela es una de esas experiencias literarias que dejan huella. una indiscutible obra maestra al alcance de la mano que no debe faltar en una buena biblioteca.

Por A.J.U.

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