cabecera 1080x140
Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial Cultural 2008 (Grupo Contexto)
«Damas en bicicleta», de la Señorita F. J. Erskine

Bienvenidos al más completo y exhaustivo manual ciclista para damas victorianas dispuestas a lanzarse al desafiante mundo de las dos ruedas.

Suena a prehistoria ¿verdad? Pues hace poco más de un siglo que la señorita F.J. Erskine revolucionaba la estrecha mente inglesa atreviéndose a recomendar los viajes en bicicleta a mujeres como nuevo método de emancipación, libertad y acercamiento a la igualdad entre clases y género. Eso sí, no eran precisamente estos los términos usados para mostrar sus inquietudes. Más bien eran recomendaciones soterradas y sutiles para satisfacer la buena imagen de la sociedad victoriana y sus normas imperantes. Precisamente aquí, queridos lectores, es donde Damas en bicicleta encierra en pleno siglo XXI la mayor riqueza literaria y social que hacen única esta lectura transgresora de 1897.

El manual contempla los aspectos esenciales para el estudiado hábito de montar en bicicleta. Ni mucho menos considerado deporte femenino o esencial para la buena salud física de la mujer: “¡Ciclismo con moderación!” Todo ello desarrollado en capítulos en los que su experta autora nos escribe como si de una conversación banal, pero excelentemente documentada se tratase. De hecho, cuando leemos, no parece que se esté dirigiendo a un lector, sino a una amiga a la que da consejos con la mayor de las confianzas y buena disposición. El capítulo en el que se recoge el atuendo adecuado para que una dama decorosa practique la marcha en bicicleta de forma más acertada es especialmente destacable: “Corsés revestidos de lana para proteger las partes vitales del frío.” O la llegada de la falda-pantalón para mayor comodidad de la ciclista. Parecen simples observaciones desapercibidas, que no obstante, enmascaran grandes avances sociales. Es curioso ver cómo cada vez que aparece un comentario algo más trascendente que favorece el papel revolucionario de la bicicleta en la mujer, seguidamente, nos encontramos con otro que modera al anterior. Para mí, un claro ejemplo de no extralimitarse en aquello que parece un avance explícito y que puede dificultar la buena marcha de éste. Es inevitable que parezca casi humorístico: el óptimo cambio del poni por la bicicleta, o dejar patente el beneplácito de la Reina Victoria siendo ella misma una de sus usuarias. Es evidente el equilibrio mostrado en el lenguaje de nuestra experta ciclista, con inteligencia y, a veces, desafiando a su propio tiempo.

Completa información sobre marcas, precios, mantenimiento de la bicicleta de un modo arrollador que a las neófitas de la época, como mínimo, llamaría la atención. Desde luego un manual alentador de una nueva actividad femenina que se atreve a justificar como necesidad para ellas el disfrute al aire libre al igual que muchas ya empiezan a trabajar fuera del hogar. Una reivindicación en toda regla que contrarresta con la obligada presencia del hombre como juez en gymkhanas femeninas donde “su palabra se convertirá en ley”. O la importancia de ir acompañada para la “salvaguardia contra las molestias ocasionadas por vagabundos.” No perdemos de vista la época y la capacidad para ofrecer una visión transgresora sin desfavorecer lo debido ni parecer aquello que realmente las mujeres podían ser: “Si está nerviosa, que se tire de la bicicleta y cruce andando.” Al menos incluían el whisky como reconstituyente…

Impedimenta nos trae una curiosa novedad clásica difícil de olvidar y de no recordar con una sonrisa entre amable y reflexiva, una muestra de la incipiente manera femenina de buscar la libertad y explorar el mundo desde una perspectiva individual, con las menos ataduras posibles. Probablemente Damas en bicicleta y la Señorita F.J. Erskine contribuyeron con un gran alarde de inteligencia a dar un paso más en esa nueva visión de la mujer del futuro que tendrían en sus mentes. Nada más y nada menos que la bicicleta como intrumento liberador femenino:

«Siempre que veo una mujer pasar a mi lado en bicicleta, me detengo mirándola llena de regocijo. Es la imagen de la libertad, de la mujer sin límites.» Susan B. Anthony

Por Mercedes Suero

Scroll Up