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Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial Cultural 2008 (Grupo Contexto)
Catarsis – «Los extraños», de Jon Bilbao – Cultura, suplemento de La Nueva España

Jon Bilbao demuestra en “Los extraños” su capacidad para generar narraciones brillantes con economía de recursos.

Si se mira bien, el título de la nueva novela de Jon Bilbao (Ribadesella, 1972) podría servir para definir en perspectiva toda la obra del escritor asturiano. En sus textos nunca he dejado de ver una reflexión implícita, una alusión más o menos velada a la carga de extrañeza que hay en las relaciones entre seres humanos; a lo raro que es todo, si se piensa bien. Desarrollar la escritura en un ámbito así sitúa a Bilbao en una zona casi siempre fronteriza con las literaturas de género, pero sin llegar, obviamente, a cruzar la línea que separa, por poner un ejemplo, la literatura fantástica de la literatura a secas. Para el autor de “Bajo el influjo del cometa” todo son recursos, despensa a la que acudir. Si algo caracteriza la obra de Jon Bilbao, y para bien, es el desinterés por una supuesta pureza literaria (si es que tal cosa pudiese existir).

Los misterios
de un relato
también están
en cómo
se presentan

En “Los extraños” el lector que quiera certezas, seguridades, se va a dar con un palmo en las narices. Si a la hora de la verdad casi todo es extraño y nadie conoce a nadie, ¿por qué el lector iba a ser un privilegiado? Una pareja vive extrañada la una del otro en una casona de Ribadesella; entre ellos algo no acaba de ir bien, lo sabemos o intuimos por la carga atmosférica (algo en lo que Bilbao es un maestro); y mientras alejan o acercan extrañezas, reciben la visita de un pariente lejano del chico. El pariente viene acompañado de una mujer. El anfitrión dice no recordar haber coincidido nunca con el primo y ahí la extrañeza promete ensancharse, que es como decir la novela, pero Bilbao, que maneja la paradoja como pocos, dilata la historia a base de escaquear información y evidencias. Resulta imprescindible fijarse en los detalles que se describen, en las insinuaciones. Los misterios de un relato no sólo están en los misterios en sí, sino en cómo se presentan. Leyendo “Los extraños”, además de preguntarse uno qué diablos está pasando, también puede admirarse de cómo consigue la escritura generar tantas preguntas.

La novela que aquí me atañe y la obra en general de Jon Bilbao se reconoce punto por punto en una conocida tesis del cuento de Ricardo Piglia en la que afirma que en todo relato se cuentan al menos dos historias. No es cuestión de contabilizar ahora el número de historias que aguardan en los recovecos de “Los extraños”, pero no será difícil para el lector reconocer en sus páginas la tesis de Piglia. Se sirve la novela de un episodio como la supuesta aparición de unas luces ajenas que enseguida son tomadas por ovnis, con el consiguiente reclamo para una horda de ufólogos que alterarán la vida del pueblo. El recurso de las luces voladoras podría interpretarse en una lectura superficial como el sabido macguffin de Hitchcock: ese elemento de suspense que empuja a los personajes a través de la trama, pero que no guarda especial relación con la misma. No es el caso: creo que la aparición de los ovnis juega un papel clave. Más que de un macguffin cabría hablar de una catarsis. Es de las pocas cosas de las que estoy casi seguro. Casi.

—FERNANDO MENÉNDEZ, La Nueva España


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