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Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial Cultural 2008 (Grupo Contexto)
Libros de la semana – «El profesor A. Dońda», de Stanisław Lem – Mercurio

El profesor A. Dońda de Stanisław Lem (Impedimenta)

El escritor polaco Stanisław Lem (1921–2006) es una de las grandes eminencias de la ciencia ficción, aunque su producción literaria también ha transitado por el ensayo filosófico, la crítica literaria, la novela policiaca o la futurología. Sus libros se han traducido a más de cincuenta idiomas y acumulan más de cuarenta y cinco millones de ejemplares vendidos. Autor de la magnífica Solaris, y de cosas tan prestigiosas como La voz del amo, CiberíadaMáscaraLa investigaciónDiarios de las estrellasAstronautasEl Invencible o Congreso de futurología. El mismo que también despreciaba la ciencia ficción americana, con la excepción de Philip K. Dick, por considerarla «mal elaborada, mal escrita y más interesada en ganar dinero que en la creación de ideas propias o nuevas formas literarias». En el caso de El profesor A. Dońda. De las memorias de Ijon Tichy nos encontramos con una novelette en forma de descacharrante sátira política y apocalíptica. Un gran ejemplo de lo hábil que era el literato cuando se lanzaba a trastear con el humor. El profesor A. Dońda es un libro que gracias a la editorial Impedimenta se edita por primera vez en castellano, con una traducción directa del polaco a cargo de Abel Murcia y Katarzyna Mołoniewicz. En un mundo postapocalíptico, un caballero llamado Ijon Tichy graba sus memorias sobre tablillas de arcilla frente a la cueva donde se ha instalado, tras ser desalojado de un búnker de artillería por un gorila que gustaba de juguetear con las granadas del refugio militar. El profesor A. Dońda se atreve a arrancar así, en medio de un holocausto tecnológico, sin el profesor del título a la vista y con un narrador torpón preguntándose si la escritura cuneiforme sería más adecuada para inmortalizar la crónica sobre cómo el mundo entero se fue al garete. Rememorando los meses previos a la hecatombe, Tichy relata las correrías junto a su colega Affidavit Dońda, científico considerado un bufón por sus contemporáneos, en busca de la tecnología con la que demostrar una teoría revolucionaria. Un periplo accidentado que los lleva a visitar países que han nacionalizado la corrupción y disponen en sus bancos de préstamos para sobornos, navegar ríos repletos de cocodrilos impertinentes, hacerse pasar por chamanes para obtener la financiación de proyectos científicos o lidiar con un cuerpo de policía que «que encerraba a todo el mundo sin ningún tipo de investigación o interrogatorio, porque la justicia partía de la idea de que, fuera como fuera, todos eran culpables y no valía la pena establecer la gravedad de los delitos». Lem se desbarra con gracia en un cuento apocalíptico donde hay equívocos fúnebres que provocan el envasado de un cadáver en noventa latas de conservas distintas, ordenadores de cuatrocientos noventa millones de bits (en 1973 aquello sonaba inabarcable) utilizados para programar magia, un universo diminuto bautizado cosmocoso y comunidades que descubren lo bonito de ayuntar en masa: «Europa, fuente permanente de innovación, proporcionó un nuevo modelo de conducta, que fue el sexo grupal en las parejas abiertas. Lo que en el Viejo Mundo constituía un juego vacío de los sentidos, en un país todavía en bruto supuso un apoyo a las necesidades básicas de la vida». La de Dońda es una comedia jocosa que entre tanta guasa y chascarillo contiene en su desenlace una reflexión maravillosa por parte de un profesor construido a base de equívocos: «No valorábamos, querido, el papel histórico del error como Categoría Fundamental de la Existencia».

—Diego Cuevas, Mercurio

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