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Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial Cultural 2008 (Grupo Contexto)

La obsesión vulpina de un alienista nipón – «La mujer zorro y el doctor Shimamura», de Christine Wunnicke – Aki Monogatari

Un neurólogo dedicado a investigar posesiones del espíritu del zorro en provincias remotas del Japón Meiji, la eclosión de la ciencia racional en Europa, una estancia de estudios en el Viejo Continente, las barreras del idioma… una ocurrente odisea plasmada con ingenio por Christine Wunnicke en la premiada La mujer zorro y el doctor Shimamura, ahora a nuestro alcance gracias a la Editorial Impedimenta.

La autora

Nacida en Múnich en 1966, la escritora alemana Christine Wunnicke se formó en lingüística y psicología en Berlín y Glasgow. Su dilatada producción literaria cuenta con obras de diversos géneros, como el teatro, la biografía o la narrativa, además de dedicarse a la traducción. La trayectoria de Wunnicke ha sido reconocida con varios premios literarios, galardones que cosecha desde 1998 y entre los que destacaremos algunos de ellos. El ruiseñor del zar, que retrata la vida del castrato Filippo Balatri, recibió el Premio Estatal de Literatura de Baviera (2002). En 2008, a Wunnicke le fue otorgado el Premio Tukan por Serenidad. Dos de sus obras, Katie (2017) y La mujer zorro y el doctor Shimamura (2015), resultaron nominadas al Premio Alemán del Libro, siendo la segunda, que nos ocupa, agraciada con el Premio Franz Hessel en 2017. En 2020 concedieron a Wunnicke el Premio de Literatura de Múnich por sus obras completas. El mismo año, su última publicación, la novela La dama de la mano pintada recibió el Premio de Literatura Wilhelm Raabe y quedó entre los finalistas del Premio Alemán del Libro. En las obras de Wunnicke es habitual encontrarnos con personajes reales que moldea a medida para sus creaciones literarias, circunstancia, como veremos, también presente en La mujer zorro y el doctor Shimamura, que abordamos a continuación. 

La obra

Tomando como base para su protagonista principal al auténtico doctor Shimamura Shunichi (1862-1923), formado en la Escuela de Medicina de la Universidad Imperial de Tokio, Wunnicke construye de manera totalmente libre la biografía ficticia del neurólogo japonés como hilo conductor de esta sorprendente e ingeniosa novela, en la que también se hallan presentes otras eminencias médicas reales de la época. La historia arranca en 1891 con la misión encomendada a Shimamura de partir a la región de Shimane para estudiar, junto con su ayudante y bajo un calor insufrible, los casos de posesión del espíritu del zorro que supuestamente aquejan a las mujeres del lugar. Perseguidos por niños, lugareños y por las aborrecibles vasijas, individuos que gustosamente se ofrecen como receptáculos para albergar el espíritu del zorro, el escepticismo del doctor Shimamura ante semejantes casos de posesión poco científica y más vinculada al folclore popular y a patologías que nada tienen que ver con el apoderamiento espiritual finalmente queda vencido cuando conoce a Kiyo, una bella muchacha cuyos síntomas escapan a toda lógica racional.

—Ahora que ha explorado la morralla a satisfacción, va a recibir a nuestra damisela —dijo el director del hospital de Matsue cuando Shimamura iba a despedirse—. Tenga, querido colega. Un mapa nuevo. Aquí… —el director señaló un enorme signo de zorro de color sangre rodeado de un halo de rayos que adornaba un lugar remoto de los acantilados—… aquí ha de encontrar a la bendita hija del pescadero. Nuestra celebridad. Su recompensa. La princesa vulpina de Shimane.

El revelador hallazgo de la joven, no obstante, quedará ensombrecido por un fatídico e inesperado acontecimiento que transmutará tanto la salud como el carácter del médico a partir de ese momento. Tras el suceso, Shimamura será enviado por su mentor Hajime Sakaki a Europa para completar su formación. Así, el doctor visitará París, Berlín y Viena, capitales donde coincidirá con la flor y nata de la neurología y ciencia médica de la época: Henri-Étienne Beaunis, Alfred Binet, Jean-Martin Charcot, Georges Gilles de la Tourette, Joseph Babinski, Josef Breuer… ¡Hasta el mismísimo Sigmund Freud llega a conocer el caso del doctor Shimamura!

El auténtico doctor Shimamura. Fuente: Wikipedia.

En La mujer zorro y el doctor Shimamura, Wunnicke hace gala de una soberbia genialidad al adaptar personajes reales a una propuesta literaria que nada tiene de ortodoxa y en donde pone de relieve el contraste cultural entre Oriente y Occidente al final de la época decimonónica que se abría a la modernidad del nuevo siglo (contraste que, aún hoy, todavía persiste). Asimismo, el relato también aborda la disparidad entre las creencias folclóricas de la cultura popular y el análisis científico racional, desprovisto de superstición y tan alejado de todo lo que pueda ser tildado de sobrenatural. Todo ello, sazonado por las barreras lingüísticas del idioma, será expuesto desde la perspectiva de un alienista nipón de carácter amable y salud endeble, que se muestra proclive al olvido y a meterse en situaciones incómodas, sumergido en la extraña Europa, que no termina de comprender su proceder y que incluso lo hará objeto de mofa y de sus investigaciones, infravalorado a los ojos de la prepotencia científica occidental de la época.

—No creo que, de facto, in natura, in persona, in animale, haya un zorro o varios en mi cuerpo —explicó el japonés—, pero desde entonces, subsiste la sensación de que mi interior no me pertenece solo a mí.

Wunnicke aborda estos temas con un sarcasmo mordaz, capaz de arrancarnos una sincera sonrisa, describiendo con una narrativa ingeniosa y plagada de situaciones surrealistas hechos que quedan inmersos en el equívoco y que siembran en el lector la duda de si pertenecen a lo real o a lo sobrenatural. La narración, que oscila entre el presente y el pasado de Shimamura, pues intercala su estancia europea cuando aún era joven con el ocaso del doctor, rodeado de las cuatro mujeres presentes en su vida (su esposa, su madre y su suegra, más la criada de nombre indefinido), nos reserva más de un giro inesperado, lo que acrecienta, aún más si cabe, su originalidad y frescura. Os invitamos, pues, a adentraros sin dilación en el mundo vulpino del doctor Shimamura Shunichi, un insólito periplo, hilarante y adictivo a partes iguales.

—Shibuya Stage, Aki Monogatari