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Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial Cultural 2008 (Grupo Contexto)
Alta graduación

Impedimenta edita por primera vez en castellano sus 'Cuentos completos'

Es más difícil encontrar a un inglés abstemio que a un español ecuánime, que ya es decir, pero es que Kingsley Amis, el padre de Martin Amis, se lo bebió todo. La bebida estuvo en sus libros con la misma profusión que en su vida. No disimulaba, se jactaba. O se resignaba sardónicamente. El año pasado se publicó en España ‘Sobrebeber’ (Malpaso), ingenioso título que une la bebida con la supervivencia, agregación de tres librillos de Amis sobre su fiel relación con el alcohol: reflexiones, consejos prácticos, recetas de combinados. Kingsley Amis fue fiel al alcohol y a la literatura, pero no a las mujeres ni a las ideas.

Kingsley Amis, uno de los más grandes novelistas británicos del siglo XX, estuvo en las filas de los Jóvenes Airados (Angry Young Men), el movimiento literario que sacudió a la sociedad inglesa a mediados de los años 50. Fueron novelistas, dramaturgos, poetas y, a renglón seguido, cineastas (el Free Cinema) que, descontentos con la acartonada, estratificada y convencional estructura social, económica y cultural de su país tras la posguerra, entraron en acción como elefantes en cacharrería, anticipando movimientos artísticos renovadores que se dieron en toda Europa sólo unos años después.

John Osborne y su pieza teatral ‘Mirando hacia atrás con ira’ (1956) fueron el pistoletazo oficial de salida. Dos años antes, Amis había ganado el Premio Somerset Maugham -que mucho después ganaría su hijo Martin- con ‘La suerte de Jim’ (podemos leerla en Destino), una incisiva, iconoclasta y satírica novela sobre el mundo académico que había pergeñado con sus experiencias -y sus lingotazos- como profesor de la universidad de Swansea, en la que permanecería, milagrosamente, entre 1949 y 1961.

Kingsley Amis nació al sur de Londres en 1922. Su padre se dedicaba a la fabricación y venta de mostaza. Tras sus estudios colegiales, consiguió entrar en Oxford con una beca y allí conoció al también escritor Philip Larkin, compinche de veladas con tragos, poemas, chicas y jazz, su gran amigo de por vida. Fue movilizado -Normandía, Bélgica- durante la Segunda Guerra Mundial, y consiguió salir indemne y regresar a Oxford para terminar sus estudios de Lengua Inglesa.

Amis, como otros colegas, se afilió al Partido Comunista y permaneció en él hasta la invasión de Hungría por la Unión Soviética. Después, derivando y derivando, pasó por votar al Partido Laborista y terminó siendo un conservador furibundo y polémico en sus irrupciones públicas, como cuando firmó un texto de apoyo al gobierno norteamericano a cuenta de la Guerra de Vietnam.

Se inició literariamente en la poesía, que nunca abandonaría como creador de primera y como antólogo de referencia, pero, a partir de La suerte de Jim, consiguió, uno tras otro, buenos éxitos con sus novelas, cultivando géneros muy variados -que incluyen el misterio, el horror y la ciencia-ficción- y dejando siempre el sello de un uso magistral del lenguaje y de una mordacidad crítica agudísima.

Sus ‘Cuentos completos‘, que ahora edita Impedimenta por primera vez en castellano, sirven, a modo de menú largo y estrecho, para hacerse una perfecta idea de la variedad de temas, registros e intereses de Kingsley Amis, que también escribió ensayos, programas para la radio y la televisión, estudios eruditos sobre Jane Austen y Rudyard Kipling, memorias, artículos de opinión y críticas literarias y de jazz.

Un todoterreno. Profesor también en las universidades de Princeton -breve estancia como visitante en USA- y en Cambridge -paso fugaz-, Kingsley Amis -un pozo de sorpresas- escribió dos ensayos sobre el personaje de James Bond. Gran admirador de su creador, Ian Fleming, se prestó a escribir, tras la muerte de éste y bajo seudónimo, una novela (Colonel Sun) que continuara la saga y que, sin llegar a ser adaptada al cine, proporcionó ingredientes argumentales a películas posteriores de la serie.

Su vida personal, mientras tanto, siempre estuvo marcada por las consecuencias de su afición desmedida y jovial al alcohol y por su condición de adúltero en serie. Se casó en 1948 con Hilary Bardwell y tuvo tres hijos: Philip, Martin y Sally. Hilary estaba al tanto de sus constantes devaneos, pero no pudo aguantar más cuando descubrió los cuernos que Kingsley le ponía con la guapísima y exitosa novelista Elizabeth Jane Howard (antes actriz y modelo), con la que se lió, vaya por Dios, en un congreso sobre sexo y literatura.

Amis se casó con Elizabeth en 1965, el mismo año en el que se divorció de Hilary. No tuvieron hijos, y su matrimonio se prolongó, no sin dificultades, hasta su ruptura en 1983.

Kingsley Amis no fue un padre lo que se dice modelo. Martin Amis cuenta en su novela ‘Experiencia’ (Anagrama) muchas cosas relacionadas con su difícil, triste y conflictiva relación con un padre escapista, desinteresado, aturdido por el alcohol -¡no todo era jovialidad!- y depredador de faldas. Sally, la hermana pequeña de Martin, se inició muy pronto en las drogas y en el alcoholismo, tuvo una vida sexual promiscua y catastrófica, pasó por estar tirada como una mendiga en la calle y acabó muriendo de forma penosa, a los 46 años, en 2000.

Pero ese golpe no lo recibió Kingsley Amis. El autor de novelas tan extraordinarias como ‘El hombre verde’ (1969) y ‘Los viejos demonios’ (1986) había muerto en 1995.

Se da la circunstancia, poco habitual, de que Kingsley Amis, todavía muy activo como escritor, aunque solo y muy deteriorado físicamente, fue acogido en sus últimos años por Hilary, su primera esposa, y por su tercer marido. Un accidente cerebrovascular y una caída apagaron su vida, con el título de Caballero del imperio Británico en el bolsillo, a los 73 años.

Por Manuel Hidalgo

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