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Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial Cultural 2008 (Grupo Contexto)
Kingsley Amis, un sir con solera

Los Cuentos completos del escritor londinense, publicados por primera vez reunidos en español, retratan a un escritor incisivo, misterioso y dotado con un fino humor

Si el muy británico The Times le guarda un lugar de honor en el top ten de los mejores narradores patrios posteriores a la Segunda Guerra Mundial será porque concurren motivos más que suficientes para catalogar a sir Kingsley Amis como uno de los vértices de la literatura inglesa de la segunda mitad del pasado siglo. Obras ya clásicas como Los viejos demonios (1986, premio Booker Prize) o Lucky Jim (1954, premio Somerset Maugham) dan fe de ello. Pero este integrante determinante de la generación de los Jóvenes Airados (“Angry Young Men”) es mucho más que un escritor de culto unánimemente admirado por generaciones de apasionados de la literatura inglesa del siglo XX o padre de Martin Amis, uno de los escritores británicos más venerados en la actualidad a nivel internacional.

Impedimenta publica ahora por primera vez en español y en un solo volumen, con traducción de Raquel Vicedo, los Cuentos completos de este londinense que pasó, sin etapa de transición previa, de una juventud comprometida con el estalinismo y de ser miembro del Partido Comunista a ser tildado de reaccionario y anticomunista tras oponerse frontalmente a la invasión soviética de Hungría en 1956.

Como no podía ser de otro modo, todos estos relatos cortos mantienen el estilo peculiar de un escritor para el que el sentido del humor era una bandera inexcusable con la que acometer un conjunto de historias plagadas de intrigas, amores desgraciados, misterios, horrores, vidas contempladas bajo el prisma de la sátira… Temáticas todas ellas unidas por el estilo peculiar de un ser dotado de una capacidad intelectual exquisita, que tuvo a amigos como él procedentes de una oprimida clase obrera que deseaba cambiar las cosas establecidas, y quería hacerlo cuanto antes y de forma contundente, sin amilanarse ante la moral imperante. Son los casos de coetáneos como Philip Larkin, Harold Pinter o Allan Sillitoe.

En definitiva, estos 24 relatos más un epílogo elaborados durante medio siglo de creación y recogidos aquí en orden cronológico de publicación muestran al Kingsley Amis más mordaz, incisivo, pero también al más misterioso y perfecto dominador de las técnicas narrativas. Resulta esclarecedor el relato en el que unos hombres confeccionan una máquina del tiempo para intentar averiguar a qué sabe la bebida en el futuro. Y es que el alcohol fue una de sus grandes etiquetas y también una de las losas que determinaron buena parte de su vida y también su decadencia como escritor.

Tras estudiar en Oxford y obtener cátedras en universidades como la de Swansea y Cambridge, Kingsley Amis comenzó su carrera literaria como poeta, pero fue el campo de la narrativa el que le sirvió para darse a conocer entre el gran público. No termina aquí su currículo, ya que ha cosechado también el género del ensayo, las memorias o la crítica literaria.

Su relación con las mujeres siempre ha sido otro de los apartados polémicos de su siempre sorprendente trayectoria. Casado en dos ocasiones y separado otras tantas, Amis padre no tenía al género femenino entre sus preferencias pero sí entre sus debilidades, e incluso fue pública y notoria su animadversión hacia las mujeres en líneas generales, lo que le valió incluso el rechazo de grupos feministas. Esta postura queda reflejada asimismo en algunas de las protagonistas de sus historias.

Tampoco en las relaciones familiares fue un dechado de virtudes. Su propio hijo, el también escritor Martin Amis, reconoce sin rubor que sólo ha leído una novela suya, y en Experiencia, su libro de memorias, cuenta al detalle el proceso de autodestrucción y decadencia que emprendió su padre en la etapa final de su vida. Hinchado por el alcohol, recibió el adiós definitivo y prematuro de su segunda esposa, la también escritora Elizabeth Jane Howard, harta de sus desplantes.

Kingsley se convirtió en aquello que tanto odiaba y que retrató con una sabiduría endiablada en los artículos recogidos en el libro Beberse el mundo (Malpaso, 2014), donde hace uso de su fina ironía para hacer un recorrido por las convergencias de la literatura con el universo de la bebida.

Por Natalio Blanco

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