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Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial Cultural 2008 (Grupo Contexto)
Los cuentos de Kingsley Amis: como trabajar en vacaciones

A lo largo de 50 años, el autor británico escribió, además de novelas y poesía, relatos extraordinarios que ahora se publican en español

Kingsley Amis (1922-1995) renunció a dar clases en Cambridge en 1963 porque no le dejaban ni tiempo ni ganas de escribir. Lucky Jim, su primera novela, es de 1954. La que lo identificó con los Angry Young Men, movimiento de escritores de clase obrera en el Reino Unido de los 50. Pero el londinense Amis, hijo de un empleado, fue con una beca a Oxford (donde conoció a Philip Larkin). Trabajó de profesor visitante en Princeton. Y en 1961 consiguió una plaza en Cambridge. A los dos años abandonó. «Después de tres tutorías en un día no me veía capaz más que de poner el gramófono.»

En toda su vida publicó 24 novelas. Entre ellas, algunas de ciencia ficción y una secuela de James Bond, cuentos, más de una docena de colecciones de poesía, crítica literaria, crítica de restaurantes, panfletos políticos, unas memorias y tres libros sobre la bebida. «Escribía sobre beber para aprovechar alguna de las horas que le dedicaba», dijo Martin Amis después de la muerte de su padre.

Cuentos completos recopila la prosa breve de Kingsley Amis por primera vez en castellano (Collected Short Stories apareció en 1978). 24 relatos. Los cuentos son para el británico, en comparación con las novelas, «como trabajar en vacaciones». «De repente, uno pasa de hacer malabares con veinte bolos a la vez a que le den permiso para usar sólo dos.» Pese a las diferencias, creía que los relatos podían ser novelas condensadas.

Moralista cómico en la tradición de Henry Fielding, Charles Dickens o Evelyn Waugh, es posible que Amis no se acerque a Rudyard Kipling en los cuentos, pero a lo largo de 50 años le salen relatos cortos extraordinarios, ingeniosos, satíricos, divertidos. Considerando el género como menor y no demasiado apreciado por los lectores, el propio Kingsley Amis cree que «los escritores de relatos necesitan otro Kipling que restaure su imagen».

En Cuentos completos hay toda clase de géneros. Desde la ciencia ficción al misterio pasando por el horror, una parodia de Sherlock Holmes, el ejército o el mundo del espionaje. Memorable es el relato en el que el padre de Elizabeth Barrett Browning intenta evitar su matrimonio con el poeta Robert Browning (sobre todo por las razones y por el desenlace).

Tiene gracia que Kingsley tirara Dinero, la novela de Martin, a la basura en el momento en que este apareció como personaje secundario. «Según él, eso era marear al lector. Pero no le di muchas vueltas. Además, mi padre tenía un gusto terrible para la narrativa.» Tiene gracia porque el relato «¿Quién o qué era?» juega consigo mismo como personaje literario. Metaliterario.

Arma una especie de crossover con su novela El hombre verde (1963), cuyos personajes retoma. Casi hace un ejercicio flaubertiano. Es verdad que Flaubert nunca escribió «Madame Bovary soy yo», pero podría haberlo dicho. Kingsley también podría haber dicho «El hombre verde soy yo». El relato, además, tiene muchos puntos en común con La guerra de los mundos, de Welles, porque había quien creía que los acontecimientos fantásticos que el escritor cuenta le habían pasado de verdad.

«El clarete de 2003», relato escrito en 1958 que mezcla la bebida y la ciencia ficción, resulta desternillante. Unos hombres crean una máquina del tiempo para intentar averiguar a qué sabe la bebida en el futuro. Los señoritos beben cerveza y la clase trabajadora, el mejor vino: «Esto es un Château La Bouygue de 2003, de uva recolectada antes de la phylloxera, por supuesto. Eso sí, ligero y libre, no rico en asociación, pero con completa garantía de honestidad; instrumental, mientras que los de 2001 son sinfónicos; la delicadeza de un Braque más que la audacia de un Matisse… No tienes el nivel suficiente para venir aquí, amigo. Mejor será que te vayas a uno de esos pubs con tus compañeros de clase alta».

Kingsley Amis es tan bueno en la prosa corta como en la larga. De hecho, sus mejores piezas breves podrían ser las cartas (aunque esto es una querencia personal). The Letters of Kingsley Amis también merecen una traducción. Ahí está toda la sátira, el humor, el ingenio, las observaciones cáusticas y el pesimismo sombrío que lo asocia con Swift o Céline. Y todo eso está asimismo en los cuentos.

El padre de Kingsley Amis trabajaba en las oficinas de Colman’s, la mostaza. La literatura de Kingsley Amis es como la mostaza inglesa, mucho más fuerte y picante que las francesas o alemanas. Amis tuvo tres hijos, entre ellos, Martin, con su primera mujer, Hillary Anne Bardwell. Se divorció en 1965. Su matrimonio con la novelista Elizabeth Jane Howard duró 18 años y acabó en 1983. Entonces se fue a vivir con su primera mujer y el tercer marido de esta.

Por Rosa Belmonte

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