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Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial Cultural 2008 (Grupo Contexto)

Desierto, raíces y violencia: literatura entre Lorca y el wéstern – «Malaventura», de Fernando Navarro – La Lectura

  • Desamparo y orfandad articulan los 14 relatos de este impactante primer libro de Fernando Navarro, 14 historias que hunden sus raíces en el imaginario americano y la tradición andaluza

Cada línea de Malaventura, de Fernando Navarro (Granada, 1980), parece escrita en estado de gracia. Hasta la laudatio promocional de su contraportada es un texto conmovedor cuando explica el libro como un cruce entre el Romancero gitano de Federico García Lorca y la tradición de los wésterns. ¿No se dice siempre que la creatividad consiste en conectar dos ideas, dos conocimientos que parecían ajenos, y conseguir que encajen? ¿Cómo puede ser que a nadie se le hubiera ocurrido antes abordar esa combinación?

«Yo creo que lo primero que aprendí a recitar fue algo de Lorca en el colegio. Y después, en casa, algún diálogo de Centauros del desierto o de El bueno, el feo y el malo. La verdad es que llevo toda la vida dando la lata con El bueno, el feo y el malo», cuenta Navarro, guionista y escritor de películas y series como Verónica y Bajocero. Su primer libro, en resumen, es un conjunto de 14 relatos, casi estampas, en el que personajes completamente marginales tratan de sobrevivir en un desierto almeriense-granadino que no podría ser más solitario ni más hostil.

Hay dos maneras de leer Malaventura: la primera es como un documento casi etnográfico, al estilo del citado Romancero gitano. «Más que lo lírico, más que el lenguaje que no está en mi mano imitar, lo que saco de Lorca es su capacidad de surtirnos de personajes y de temas. El Romancero nos descubre de una manera casi posmoderna a personajes que antes no estaban en la literatura, del guardia civil al bandolero, la Soledad Montoya… Se podría pensar que son pícaros, pero son algo diferente porque el pícaro nunca es una víctima y estos personajes son… son pobrecicos», cuenta el escritor. Sus páginas están así llenas de guardias civiles melancólicos, forajidos legendarios y amantes trágicos, todos estúpidos y sabios a la vez.

LA PRECISIÓN DEL GUIONISTA

La conversación con Navarro pasa por la literatura pero tiende al cine, en la hipótesis de que, en su caso, uno explica a la otra. “Escribir guiones te obliga a ser muy preciso. Y creo que esa precisión está en este libro”. Pero Malaventura está bellamente escrita, ¿no? Navarro responde que gracias y cambia de tema, se refiere al pudor que siente por mostrarse ante el mundo con un texto más o menos íntimo. “Mis guiones los lee muy poca gente”

Y también están llenas de niños. «El niño me permite narrar la brutalidad desde la inocencia. El niño ve la violencia como un juego. Estoy pensando en J.G. Ballard, que de niño veía la guerra como una aventura, pero también en Dickens, en Huckleberry Finn… Son libros sobre hechos muy violentos vistos a través de los ojos de alguien que no entiende la diferencia entre un beso y un patada. La mirada del niño es limpia y a la vez amoral y también es tierna hasta en los momentos más tremendos», opina el autor.

La otra manera de leer Malaventura se desvela en su último relato, cuando el narrador introduce a su padre en ese paisaje y descubre a un hombre encantador y lleno de gracia pero dirigido a la autodestrucción, perdido en el submundo de la industria del cine almeriense de los años 70 y 80. Y, a partir de ese momento, la lectura etnográfica del libro de Navarro pesa menos. Todo lo que hay de retrato de una tierra y de un habla… Lo que importa es el sentido de intimidad que cobra el libro. «Para mí, la parte sociológica era menos importante que el estado de ánimo que quería transmitir… Un sentimiento de desamparo y orfandad. De eso es de lo que habla el libro».

Y aquí viene lo del wéstern. Navarro sostiene que las películas de vaqueros tratan justamente de eso, de la soledad. «La ausencia de raíces: los personajes vienen de no se sabe dónde, probablemente huyendo de algo que no sabemos qué es. Son siempre historias de huérfanos sin declarar. En realidad, no es sólo un tema que esté en los wéstern, está en todo el cine estadounidense, desde Taxi driver hasta París Texas. La pregunta que queda siempre sin responder es: ¿cuándo se quedaron solas en el mundo estas personas? ¿Qué pasado quieren resolver a través de una acción heroica en el presente?»

ay algo más de lo que merece la pena hablar sobre Malaventura: el lugar, que no sólo es fotogénico como lo son siempre los desiertos, sino que es angustioso por su claustrofobia. Los personajes de Navarro oyen hablar del más allá de su miserable comarca como del infierno. «El territorio parece protegerlos, pero en realidad es su condena. Hay algo de cueva, de manada, de comunidad muy cerrada. El territorio se parece al de Lovecraft o al de Twin Peaks, a ese pueblo que es una cosa casi orgánica que vigila a los personajes. En Cela también está esa idea». ¿No había algún cuento de Borges que contaba eso mismo?.

—Luis Alemany, La Lectura