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Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial Cultural 2008 (Grupo Contexto)
Los diarios de Adán y Eva

Mark Twain fulminó toda su fortuna –la que le proporcionó su fama literaria– durante sus últimos años, hasta quedar en bancarrota. Esa infortunada situación le llevó a descuidar su buen humor y caer en un pesimismo que sus posteriores obras reflejaron con claridad.

Sin embargo, antes de sumirse en ese pozo de amargura, aún destilaba cierto sentido de la comedia y la parodia. He aquí un buen ejemplo de ello. Los diarios de Adán y Eva acercan al público lector hacia una reinterpretación muy particular –e imagino que en la época en la que fueron publicados debieron levantar ampollas en el seno de ciertas doctrinas religiosas– e hilarante. Mark Twain, además, sin tapujos, se regodea en estereotipos de inclinación machista que, en la época, seguro estaban mejor vistos que en la actualidad. En Adán y Eva, primer hombre y primera mujer respectivamente y según las Sagradas Escrituras, aúna los rasgos del ser humano de una manera generalizada. Adán es el hombre que simboliza a todos y Eva lo es, así mismo, para todas las de su sexo. En ellos, Mark Twain descarga con ironía y burla los defectos y virtudes de la especie humana, las complejidades de la pareja, los hijos, la familia… La vida. En unas pocas páginas, nos desvela con humor las particularidades de una vida que podría ser aquella, la de su tiempo o la de cualquiera de nuestra era. Todo ello regado con las ilustraciones de Sara Morante, que embellecen el conjunto con sobriedad, aportándole más color a la magia cómica que derrocha Twain. Una lectura que apenas dura. Un entremés entretenido que proporciona aliño a esos momentos de tedio y sopor estival.

Por Maxi Sabela Tornés

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