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Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial Cultural 2008 (Grupo Contexto)

Caso clínico, de Graeme Macrae Burnet – Total Noir

El género noir se caracteriza por producir ficciones en las que se habla de cómo los seres humanos nos hacemos daño unos a otros. Este daño puede ser de muy diversas formas: el asesinato, el robo, la estafa, o como vimos en La secta de los ángeles, de Andrea Camilleri, en forma de violencia sexual.

Pero la novela que hoy les traemos nos propone una forma más sibilina. ¿Es posible que alguien influya en otro ser humano para que este se quite la vida, se suicide? ¿Puede la actividad clínica de un psicoterapeuta llevar a un paciente hasta el suicidio?

Esta es la tesis que nos plantea Graeme Macrae Burnet en este Caso clínico, al relatarnos la historia del suicidio de Verónica, una mujer que resultó muerta al tirarse desde el paso elevado de Bridge Approach, en Camden, a la salida de una sesión con su terapeuta, Collins Braithwaite.

Para desentrañar el misterio la novela se desdobla en dos líneas argumentales. Por un lado se nos habla de la figura—ficticia—del psicoterapeuta Collins Braithwaite, del que conoceremos sus orígenes familiares y académicos, sus planteamientos un tanto heterodoxos sobre la salud mental y la terapia, y se nos da muestra de su singular actividad terapéutica. De paso se nos ofrece un fino documental de los planteamientos de la antipsiquiatría, un movimiento teórico y práctico, que pretendía revolucionar las anquilosadas estructuras de la clínica psiquiátrica del momento.

La otra línea argumental circula alrededor de la vida de la hermana pequeña de la suicida, a través de la cual sabremos de las circunstancias familiares de las dos hermanas, y además tendrá un singular encuentro con el psicoterapeuta, pues acude a la consulta del mismo con una identidad falsa, para investigar todo lo relacionado con la muerte de su hermana.

Ambas líneas argumentales se van alternando en el desarrollo de la narración, con continuas idas y vueltas en el tiempo, tanto por lo que se relata de ambos personajes, como por lo que va surgiendo en el transcurso de las sesiones de la hermana de la víctima.

En cuanto a la figura del terapeuta se nos da cuenta de sus antecedentes familiares y su infancia sobre la que llega a afirmar:

«Años más tarde, cuando vio a Hugh Edwards haciendo el papel de Piggy en la película El señor de las moscas, de Peter Brooks, comentaría que había tenido la impresión de estar observando a su yo de niño: «Un inadaptado sin remedio tratando de hacer entrar en razón a quienes no están interesados en la razón». Una autoevaluación muy poco favorecedora.»

Se relata su accidentada vida académica en Oxford, con estudios de filosofía y psicología, todo esto con unos hábitos excesivos y con un comportamiento social agresivo y displicente. Su carácter es descrito a través de su comportamiento en una tertulia televisiva….

«Tenía el aire de ser un hombre al que resultaría inútil resistirse. Hablaba con una autoridad cansina, como si le agotase tener que explicarse delante de sus inferiores.»

También se relata su obra teórica, muy influenciada por el movimiento antipsiquiátrico, que por su heterodoxia y su radicalidad en sus planteamientos, llevará a que se le considere….

«como el hombre más peligroso de Gran Bretaña» en relación con sus ideas sobre la psiquiatría.»
el comportamiento del doctor Braithwaite: era la personificación de lo peorcito de la Gran Bretaña moderna; sus libros estaban repletos de ideas terriblemente obscenas y exhibían la vertiente más ruin de la naturaleza humana.»

El gran tema que se dirimirá en esta narración será el del juego de las identidades, y cómo ha de ser afrontado y manejado esto en la realidad cotidiana. En cuanto a su vertiente como psicólogo y terapeuta se señala su «habilidad para calar a todo el mundo.» Todo esto envuelto en un carisma personal y profesional que le lleva a afirmar a una de sus pacientes….

«Collins Braithwaite podría conducirla a una en la dirección que él quisiera. Era aterrador y emocionante a la vez.»

Una fórmula que usa el novelista para describirnos al personaje del terapeuta, y de paso hablarnos de la época, es la de mostrarnos los libros que escribe Collins Braithwaite.

Empezará con una obra introductoria y muy rompedora, Mata a tu Yo, con el que consigue que se hable de él, y que le abrirá el camino de la notoriedad y el trabajo. Pero de la misma ya se nos advierte….

«da la impresión de ser la obra de una mente creativa pero desordenada que bregara por captar algo, pero que careciese de la paciencia o de la astucia para hacerlo.
Como sucede tan a menudo en la obra de Braithwaite, se trata del triunfo de la aseveración sobre la argumentación. A pocos les importaron las páginas precedentes cuando la conclusión estaba tan madura para garabatearla en la pared de un retrete.»

Pero este libro está muy en relación con los postulados de la antipsiquiatría del momento …. Comparte con esta un mismo recelo hacia las prácticas clínicas de la profesión médica preponderante, y da valor a la subjetividad del delirio del enfermo.

Su segundo libro, Antiterapia, es una colección de casos compuesto por una serie de ensayos basados en las relaciones que había establecido con individuos atribulados. Pese a que disfraza los nombres de sus pacientes, la protagonista encuentra el caso de su hermana suicidada, y de ahí su intención de introducirse en el trabajo profesional del psicólogo.

Y, poco antes de su fallecimiento publica Mi Yo y otros extraños, donde habla de su vida, obra y gente que conoció, lo que le llevó a una contestación airada de sus colegas, pacientes y conocidos, pese a que lo único que quiere es ganar dinero, pues tiene claro que….

«A la gente le gusta leer sobre otra gente que esté más jodida que ella.»

Otra forma de hablarnos de los personajes y del misterio que les hace encontrarse, es el relato de las sesiones que mantienen el terapeuta y la protagonista. En ella se nos ofrecen datos personales muy importantes, así como se muestra los peculiares métodos y actitudes profesionales del protagonista.

Por un lado nos encontramos con un gran clínico, mostrándonos cómo el silencio es la mejor herramienta del terapeuta, desplegando en sus sesiones una gran capacidad para hacer aflorar emociones y recuerdos traumáticos muy primarios. Todo esto lo logra a través de técnicas, un tanto heterodoxas para la época, que pretenden movilizar al paciente, con resultados muy diversos.

La narración nos hace pensar en un profundo conocimiento por parte del autor de la cotidianeidad de la actividad psicoterapeútica, por ejemplo al relatarnos la relación de la protagonista con la recepcionista del psicólogo, o al desvelarnos los encuentros con el resto de pacientes. O ya en la propia terapia el manejo de temas como el control del tiempo y temática a trabajar, el dinero, o la  adulación.

En cuanto a los usos y costumbres de sus pacientes el terapeuta hace indicaciones veraces, a veces crueles sobre los mismos ….

«Es bastante habitual que los visitantes de clase media se presenten de este modo. Están ansiosos por causar una buena primera impresión; por distinguirse de los lunáticos babeantes que, en su imaginación, creen que frecuentan la gruta del loquero.
Los intelectuales son como las cabras, siempre tiran al monte, y, por tanto, son los más duros de roer. Se muestran tan ansiosos de impresionarle a uno con la interpretación personal de su estado que tienden a responderse a sí mismos mientras hablan.
Y todo ello para demostrar que están al mismo nivel que uno; que conocen a fondo sus propios problemas. Lo que es una tontería manifiesta. Si comprendieran su estado, para empezar, no estarían aquí.»

Pero las heterodoxas prácticas del protagonista, tanto en la consulta como fuera de ella,  desembocan en una situación, que una de sus amantes describe ….

«No tenía el menor sentido de la confidencialidad. Se regodeaba repitiendo los detalles más escabrosos de lo que le contaban arriba. Pero cuando empezó a celebrar en la planta de abajo sus sesiones, ella se dio cuenta de que aquello no era más que un circo. Era grotesco.»

El gran tema teórico y vital que recorre toda la narración es el cuestionamiento del yo único. Todo el devenir personal y profesional del terapeuta protagonista gira alrededor de intentar dar una respuesta contraria a lo establecido. Plantea dejar el yo que no sirve para crear otro: el problema es cómo lograr eso. Y veremos cómo la aplicación en su vida y en su trabajo como terapeuta puede degenerar en situaciones como poco inquietantes.

En toda esta argumentación sobrevuela la figura del psiquiatra escocés R.D. Laing, que  publicó El yo dividido, y que marcó la concepción teórica y práctica de lo que se ha dado en llamar el movimiento antipsiquiátrico.

La idea nodal que recorre esta novela y los acontecimientos que provoca, se sintetiza en este comentario a una escena del Rey Lear de Shakespeare….

«Su deseo es liberar al demente, pero la idea del «yo verdadero» es la camisa de fuerza que nos mantiene a todos nosotros en el manicomio. Solo existen identidades, y ese querer retroceder a un supuesto estado de identidad verdadera anclado en la infancia es la fuente misma de los problemas que describe. El camino de la liberación radica en aceptar que somos haces de identidades […]. Elevar una de estas identidades por encima de las demás supone establecer una falsa jerarquía que es el origen de lo que se denomina «enfermedad mental».

La otra gran línea argumental la constituye las peripecias de la hermana de la mujer suicidada. Esta es una joven inquieta, pizpireta, que no se considera especialmente inteligente—sobre todo en comparación con la muerta—, pero que llena de vida el relato. Pues, tras leer en un libro del terapeuta las circunstancias del tratamiento de su hermana, afirma rotundamente ….

«verán, estoy convencida de que el doctor Braithwaite mató a mi hermana, a Veronica. No me refiero a que la asesinara en el sentido literal de la palabra, sino que, a pesar de todo, él es tan responsable de su muerte como si la hubiese estrangulado con sus propias manos.»

Para desenmascarar al terapeuta acude a pedir tratamiento, asumiendo otra identidad, y veremos lo que va encontrando de sí misma y del terapeuta, pues en un momento admite los grandes miedos que la atenazan.

Esto no es óbice para que nos regale con escenas muy divertidas, tanto en la consulta—no se pierdan la primera sesión, y sus prolegómenos—que tiene con  el doctor Braithwaite, como fuera de ella, que dan una gran viveza al contenido dramático de la narración.

El autor, a través de la vida y obra de su protagonista, nos hace un detallado y valiente retrato de la Inglaterra de su época ….

«Tenía la sensación de que algo empezaba a cambiar en Gran Bretaña, que la cultura ya no estaba tan subyugada por las ideas tradicionales; que el sistema de clases perdía rigidez; en resumen, que al humilde pero brillante muchacho del norte con ideas por encima de su clase le había llegado su momento. Sin embargo, el ambiente de agitación que hallara en Londres no había llegado todavía a Oxford»

Y nos muestra el éxito que tuvo entre una juventud que anhelaba aires de cambio en la Gran Bretaña de los años sesenta …

«son, en realidad, los vanguardistas de una nueva forma de ser. A esta nueva forma de ser la describe como «schizophrening». A medida que fue avanzando la década, este concepto se convertiría en una idea muy en armonía con el espíritu de sé-quienquieras-ser de la época, y en nada de tiempo todo estudiante y filósofo de bar llevaría un ejemplar de Mata a tu Yo en el bolsillo.»

Los personajes que aparecen en esta novela son una mezcla de ficción y realidad, pues en la narración aparecerán figuras reales de la talla del filósofo Isaiah Berlin, el gran psicoanalista Donald Winnicott, siendo muy especial el papel del actor Dirk Bogarde, o de Derek van den Bogaerde, la persona que estaba tras el actor. Son muy interesantes las reflexiones de Paul McCartney, que a punto de grabar su famoso álbum Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band, y muy en la línea de las tesis del protagonista, escribiría lo siguiente:

«Pensé: no seamos nosotros mismos. Desarrollemos cada uno un alter ego para no tener que proyectar una imagen que ya conocemos. Nos sentiríamos mucho más libres. Lo que de verdad sería interesante es asumir las identidades de los miembros de una banda diferente… Todos esos sonidos no estarían brotando de nosotros, no serían los Beatles, sería esa otra banda, y de esa forma podríamos diluir nuestras identidades en ella.»

Pero el gran personaje real que aparece a lo largo de la novela es el psiquiatra británico R.D. Laing, un auténtico enfant terrible del movimiento conocido como «antipsiquiatría» de la década de los sesenta y setenta. Pues siempre se le ha reconocido como una persona con ideas audaces y con el coraje para llevarlas a la práctica. Tengamos en cuenta que en esos años afirmaba ….

«Empezaba a sospechar que la insulina y el electrochoque, por no hablar de la lobotomía y el ambiente de una unidad psiquiátrica en su totalidad, eran formas de destruir a las personas y de volver loca a la gente»

En cuanto a la fórmula literaria elegida por el autor, este vuelve a usar el recurso de unos cuadernos que le son entregados de forma casi anónima, y que constituyen el diario de la protagonista, en el que cuenta las vicisitudes de su vida y los encuentros con el terapeuta protagonista. Esto se une a otros documentos presuntamente encontrados por el propio autor, por el interés que ya tenía por la vida y obra de este peculiar terapeuta. Nos recuerda lo que ya vimos en una anterior novela, Un plan sangriento y en las explicaciones que nos dio a Total Noir, por el uso de este recurso literario.

Crear a un personaje de ficción para hablar de un tema o una época, es un ardid literario ya clásico, sobre todo en la literatura anglosajona. Recordemos la gran saga de Harry Flashman de George Macdonald Fraser. Más específicamente en el campo del noir ya hablamos de este recurso en Cameos noir en Hollywood o en Stalin noir. Novelas negras durante el estalinismo, en los que vimos numerosos ejemplos del uso de personajes ficticios para mostrar escenarios, temas y personajes reales.

El uso de malas prácticas en el mundo psiquiátrico y psicoterapeútico ya tiene tradición en el noir, y simplemente recordaremos la figura del doctor Hannibal Lecter, ese simpático psiquiatra con gustos caníbales de Thomas Harris, o la magnífica novela de la escritora israelí Batya Gur, El asesinato del sábado por la mañanaUn caso psicoanalítico, en el que veremos cómo puede aflorar lo criminal en medio de un grupo de psicoanalistas ortodoxos.

Con todo lo dicho, no podemos dejar de recomendar este gran libro, que resulta una novela subyugante, por su estilo, por los personajes que desarrolla, y el espléndido fresco que nos da de una época social e intelectual.

Y, como no podía ser menos, sobre todo tras escuchar a  Paul McCartney, aquí les dejamos con la obertura de ese gran disco Sgt Pepper’s Lonely Hearts Club Band, que nos habla de los solitarios y del circo de las identidades 

—Jose María Sánchez Pardo, Total Noir, 20 de mayo de 2022