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Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial Cultural 2008 (Grupo Contexto)
“Los diarios de Adán y Eva”, de Mark Twain

Dos años pasaron entre la publicación de Extractos del diario de Adán (Extracts from Adam’s Diary, 1904) y Diario de Eva (Eve’s Diary: Translated from the Original Ms., 1906), y aunque su autor quiso verlos editados juntos en un volumen no fue hasta después de su muerte que eso ocurrió.

La editorial Impedimenta nos presenta en una magnífica edición Los diarios de Adán y Eva con una cuidada traducción de Gabriela Bustelo y con unas impresionantes ilustraciones de Sara Morante que nada tienen que envidiar a las ilustraciones de Lester Ralph para la edición original editada por Harper & Brothers.

En muy pocas ocasiones la literatura ha ofrecido un escritor tan ingenioso y con tanto encanto como Mark Twain. Cualquiera de sus obras, ya sea una novela, un libro de viajes o un ensayo, es una fiesta para los sentidos, la demostración más patente de que el entretenimiento y la profundidad no son incompatibles en el mundo de la literatura, y conservan intacto el ingenio de su humor incombustible, basado en contrapuntos irónicos que retratan el candor de las ingenuidades más primitivas.

Los temas bíblicos de la creación del mundo y del hombre obsesionaron a Mark Twain durante toda su vida de escritor. Es constante la referencia en sus relatos, cartas y anotaciones a trabajos que estaba desarrollando, o proyectos que planeaba, con la intención de reunirlos en una magna obra dedicada a los escritos bíblicos. Mark Twain conocía muy bien la Biblia, como lo demuestra la gran influencia que tuvo en toda su obra, pero en estos relatos sobre el Antiguo Testamento encontramos también las huellas de su propia vida: El diario de Adán y Eva se convierte en un tierno y emocionado recuerdo de su mujer, Olivia Langdon, que había muerto un año antes de su redacción. En todos estos relatos está presente, como factor unificador, el vigoroso humor de Mark Twain, con su estilo sencillo, directo, ácido e irreverente, y la misma actitud franca y vital en defensa del ser humano cuyas debilidades y pretensiones ridiculiza.

Quiero terminar esta reseña con el epitafio que Adán escribió para la tumba de Eva:

“Donde quiera que ella estuviera, allí se hallaba el Paraíso”.

Por Guillermo Lorén

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