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Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial Cultural 2008 (Grupo Contexto)
«Huck Finn: la novela gráfica», de Olivia Vieweg

«Olivia Vieweg ha conseguido plasmar la idea que ya creara Mark Twain en una sociedad como la nuestra, sin que por ello el argumento se descompense y pierda su vigor.»

Uno nunca sabe muy bien cómo hacer frente a la adaptación de un clásico. Puede llevarse por caminos que lo lleven a proporcionarnos una nueva visión de lo que ya conocemos, observando pequeños detalles que lo conviertan en una lectura diferente, o por el contrario puede convertirse en una prueba fallida en la que el original tenga demasiado peso y acaba lastrando la experiencia que se nos había prometido desde el principio. Con este planteamiento, uno puede pensar que, encontrarse con Huck Finn suponga un proyecto arriesgado –y en gran parte lo es– al mismo tiempo que una manera de reencontrarnos de alguna forma con todos aquellos personajes que ya conocíamos, pero por amplificado, como si hubieran dado un salto en el tiempo y hoy, en pleno siglo XXI la historia pudiera ser la misma y ninguno de nosotros nos extrañaríamos. Pero más allá de las formas de ver una lectura, esta lectura en concreto, de lo que hay que hablar es de la oportunidad que, una vez más, la editorial Impedimenta ha conseguido trasladar a una novela gráfica que, tras una colección soberbia, se encuentra esta adaptación de una de las obras más conocidas de Mark Twain. ¿Empezamos?

Hablar de novelas gráficas tiene algo de dificultad en cuanto a la forma de tratar la construcción de una obra. ¿Se empieza por la forma en la que está dibujada? ¿Lo mejor que puede hacerse es ceñirse al argumento, al texto, o por el contrario crear una opinión sobre la combinación entre imagen y letra? Siempre que me decido a hablar de este tipo de obras, lo hago desde una perspectiva más cercana a la historia que al dibujo por una simple cuestión: más allá del apartado estético, poco puedo decir de él ya que soy un ignorante en la materia. Por ello, simplemente diré que la experiencia que suscitan los dibujos en Huck Finn es de ese tipo de momentos en los que el dinamismo y la falta de color hacen que entremos mucho mejor en la historia que se nos plantea. Y a eso vamos, ¿qué hay en la historia? Todos entendemos que nos vamos a encontrar con la vida de un huérfano que ve cómo su vida se convierte en una huida constante, tanto de la vida como de la propia humanidad, ya que éstas lo único que le han hecho ha sido joderle la inocencia que a un niño se le presupone. Y en el fondo, con una contextualización temporal y geográfica, eso es lo que aparece en las páginas más significativas de esta historia. Y podríais pensar que si sólo es eso, ¿para qué íbamos a leerlo? Pero esa pregunta interna sería la equivocada porque ahí radica precisamente su fortaleza.

Olivia Vieweg ha conseguido plasmar la idea que ya creara Mark Twain en una sociedad como la nuestra, sin que por ello el argumento se descompense y pierda su vigor –de ahí que, como siempre se presupone, los clásicos nos hablen de temas tan universales que es imposible que se pierdan por mucho que el tiempo pase-, y convierta la experiencia Huck Finn en una auténtica forma de observar cómo las historias pueden cambiar de época, pueden convertirse en calles con nombres diferentes, en ciudades donde los idiomas sean casi ininteligibles, pero siguen haciendo una radiografía exacta de lo que nos sucede. Porque en realidad lo que al final se consigue es que la realidad caiga tan fuerte, tan a plomo, tan directa, que poco importa que haya adaptaciones, que nos inventemos versiones de una misma historia, porque lo importante, lo verdaderamente importante, es que observemos lo que se nos dice desde el principio de esta obra:

Las personas que intenten encontrar un motivo en esta historia será procesadas. Las personas que intenten encontrar una moraleja será desterradas. Las personas que intenten descubrir una trama serán fusiladas.

Y vosotros, ¿qué vais a hacer entonces?

Por Sergio Sancor

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