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Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial Cultural 2008 (Grupo Contexto)
Lucía, eres única

La novela de personaje es aquella cuya estructura gira en torno a él, lo que exige que poseerá una personalidad definida, unos rasgos de carácter que lo convierten en el centro de la atención, recibe el foco de los hechos narrados y es el protagonista i…

La novela de personaje es aquella cuya estructura gira en torno a él, lo que exige que poseerá una personalidad definida, unos rasgos de carácter que lo convierten en el centro de la atención, recibe el foco de los hechos narrados y es el protagonista indiscutible. Las acciones de los personjaes se proyectan en el eje narrativo y vuelven como si rebotaran en una pered de cristal; claro está que con cierta deformación, como en los espejos de feria. Esta deformación tiene su origen en el humor y la ironía, las dos claves del texto.

Mientras más leo, mientras más conozco los mecanismos del texto, mas me convenzo de que escribir como lo hace Benson es lo más difícil. El autor se puede enfrentar a la historia con toda la seriedad del mundo, nos puede transmitir las muchas desventuras que nos acosan, puede dar fe de la decadencia y de las maldades. Todo eso está muy bien pero crear una armósfera donde el lentor tiene que poner mucho de su capacidad de asombreo es un plus que los dos elementos señalados arriba crean cuando la dosis es sabia. La sátira, la elegante crítica de las costumbres de una comunidad rural como es Risehom tiene un valor universal desde su particularismo, basta trasladarse a Londres. Esta trasposición de tipos y de conductas es la clave. Dos mundos tan diferentes y tan iguales al mismo tiempo.
Lucía es una mujer desbordarte, rápida, mentirosa, dictatorial, caprichosa, dictatorial, caprichosa, imprevisible, que se niega a crecer como se comprueba por ese lenguaje entre falso italiano y falsa niñita que emplea con su rendido servidos gEorgie Pilson. No es muy culta pero no le importa, no le falta ingenio para salir airosa de situaciones complicadas como cuando se equivoca con un director de orquesta…

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Por Antonio Garrido

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