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Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial Cultural 2008 (Grupo Contexto)
La RDA, en viñetas

Ambos, igual que la dibujante, Kitty Kahane (1960), y su marido diseñador y responsable del color, Dominique Kahane, nacieron en Berlín Oriental y allí seguían cuando el 9 de noviembre de 1989 cayó el Muro. Lahl era un niño que ya había visto cómo un dí…

Ambos, igual que la dibujante, Kitty Kahane (1960), y su marido diseñador y responsable del color, Dominique Kahane, nacieron en Berlín Oriental y allí seguían cuando el 9 de noviembre de 1989 cayó el Muro. Lahl era un niño que ya había visto cómo un día su amigo Benjamin dejó de ir a clase y desapareció –«habían cruzado al Oeste»– y que con seis años se desmayó, literalmente, de la impresión. «Fue la primera vez que entré en una de las tiendas del Este donde vendían cosas del Oeste y vi todo lo bonito que yo no tenía», cuenta el guionista, que esta semana ha visitado Barcelona acompañado de Dominique Kahane.

Espiados por la Stasi

A través de un ficticio periodista estadounidense bregado en Tiananmén, Arenas movedizas intercala la caída del régimen comunista con la historia de los berlineses del Este. El miedo a ser detenido, los interrogatorios y encarcelamientos, la presión para delatar a familiares y amigos, la certeza de ser espiado por la Stasi… Y, tras caer el Muro, cuando fue posible consultar los informes que la policía secreta tenía sobre cada uno, el dilema entre querer saber la verdad o no. «Un conocido mío sabía que la Stasi le había vigilado -explica Lahl-. Y no quiso ver los archivos sobre él porque no quería saber quién le espió, por si hubiese sido un amigo o un familiar. No quería arriesgarse a que eso destruyera su vida y sus amistades. En cambio hay quien se sintió aliviado al saber quién le traicionó».

Kahane, de familia judía, cuyo padre se escondió en Francia durante la guerra y luego vivió en Berlín Este, y cuya tía y abuelos sobrevivieron en Alemania al Holocausto, pero quedaron en Berlín Oeste, denuncia: «Al caer el Muro hubo una histeria colectiva de buscar y perseguir a los informadores de la Stasi, en cambio, eso no se hizo con los informadores de las SS y los nazis».

Kahane tenía 12 años cuando vio en 1961 cómo «un día, de repente aparecieron tanques y soldados y empezaron a construir el Muro». «No entendíamos qué hacían ni por qué ya no podíamos cruzar por allí. Hasta entonces íbamos a Berlín Oeste en tranvía y jugábamos al balón en aquella ciudad surrealista dividida en cuatro sectores». Ya adulto, la Stasi le pidió que colaborara con ellos. «No quise, aunque eran muy insistentes. Los agentes que buscaban informadores también estaban muy presionados. En realidad -desmitifica- mucha gente dijo que no, igual que yo, y no pasó nada. Pero también mucha gente pudo haber dicho que no y en cambio colaboró».

«Pero no todos delataron –añade Lahl–. A la madre de un amigo la presionaron para delatar a una amiga, así que fue a verla y se lo contó. Decidieron que les pasaría informes inocuos. El problema lo tuvo cuando al caer el Muro constaba en los archivos como delatora». Su cara se ensombrece al hablar del documental que prepara. «Es sobre una chica de 18 años que intentó cruzar al Oeste por amor. El novio logró saltar el Muro pero a ella, cuando le quedaba un metro para llegar a lo más alto, un disparo la mató». Vidas en el Este.

Por Anna Abella

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