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Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial Cultural 2008 (Grupo Contexto)
Lucía en la urbe

«No hay mayor maldad que la inocencia y en el texto todo parece de una inocencia absoluta. Reír, claro que sí, todo lo que se pueda y más. Reír y sonreír que es mucho más difícil. El lector tiene garantizada esta felicidad durante más de trescientas páginas.»

Cuando los teóricos nos ponemos estupendos somos capaces de todo, especialmente a la hora de usar un lenguaje incomprensible que pretende ser científico cuando las humanidades no son ciencias y a mucha honra. A la hora de hacer la clasificación de los elementos que articulan los textos narrativos existen unas etiquetas bastante clásicas, una de ellas es la que define una novela como de personaje.

E. F. Benson, del que ya he dado noticias en otras ocasiones, es el creador de un personaje que discurre por varias novelas. Se trata de Emmeline Lucas, más conocida como Lucía. Ella y Elizabeth Mapp forman una pareja de personajes de extraordinario éxito literario. Una curiosidad del autor, ahora que va dominando esa estupidez de que la juventud cronológica es lo único que vale. Las novelas de la serie las escribió Benson en una edad avanzada, lo que muestra que la calidad no tiene carné de identidad. Impedimenta nos regala Lucía en Londres.

La novela de personaje es aquella cuya estructura gira entorno a él, lo que exige que poseerá una personalidad
definida, unos rasgos de carácter que lo convierten en el centro de la atención, recibe el foco de los hechos
narrados y es el protagonista indiscutible. Las acciones de los personajes se proyectan en el eje narrativo y
vuelven como si rebotaran en una pared de cristal; claro está que con cierta deformación, como en los espejos
de feria. Esta deformación tiene su origen en el humor y la ironía, las dos claves del texto.

Mientras más leo, mientras más conozco los mecanismos del texto, más me convenzo de que escribir como lo
hace Benson es lo más difícil. El autor se puede enfrentar a la historia con toda la seriedad del mundo, nos
puede transmitir las muchas desventuras que nos acosan, puede dar fe de la decadencia y de las maldades. Todo
eso está muy bien pero crear una atmósfera donde el lector tiene que poner mucho de su capacidad de asombro es un plus que los dos elementos señalados arriba crean cuando la dosis es sabia. La sátira, la elegantem crítica de las costumbres de una comunidad rural como es Riseholme tiene un valor universal desde su particularismo, basta trasladarse a Londres. Esta trasposición de tipos y de conductas es la clave. Dos mundos
tan diferentes y tan iguales al mismo tiempo. Lucía es una mujer desbordante, rápida, mentirosa, dictatorial,
caprichosa, imprevisible, que se niega a crecer. No es muy culta pero no le importa, no le falta ingenio para salir airosa de situaciones complicadas.

Con el desarrollo de un personaje de estas características sería suficiente para una buena historia pero Benson llega más lejos, mucho más lejos. Su crítica al arte moderno, a cierto tipo demúsica, al esnobismo como forma de ser y de estar adquieren perfiles deliciosamente crueles. No hay mayor maldad que la inocencia y en el texto todo parece de una inocencia absoluta. Reír, claro que sí, todo lo que se pueda y más. Reír y sonreír que es mucho más difícil. El lector tiene garantizada esta felicidad durante más de trescientas páginas.

En una novela que se estructura desde el humor y la ironía hay necesariamente dos niveles cuanto menos. La superficie y la intención. Se me dirá que estos niveles existen en muchos tipos de textos pero en estos mucho más; de lo contrario no tendrían ninguna efectividad. Pepino, marido de Lucía, tiene una anciana tía en Londres que está internada desde hace mucho. Fallece y de pronto la pareja se ve agraciada con una herencia nada desdeñable en lo económico y, sobre todo, con una estupenda casa en un barrio muy apetecible de la urbe: magníficos muebles y hasta un retrato de Sargent de la difunta a la que hacía mucho tiempo que no veían.

¡A la conquista de Londres! El pueblecito en el que reina se le ha quedado pequeño y Lucía se lanza a mayores empresas. Es una trepa que produce admiración en las trepas. ¿Cómo conseguir ser invitada y presentada en los mejores ambientes? ¿Cómo fingir amistades que no se tienen? Todo esto con un museo por medio, comunicaciones con el más allá, sesiones de música, hasta una infidelidad; infinidad de situaciones. Lucía desprecia a su pueblo y este toma cumplida venganza. La carrera londinense va viento en popa pero, de pronto. No, no insista el lector, mis labios están sellados.

Por Antonio Garrido.

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