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Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial Cultural 2008 (Grupo Contexto)
John Fowles. Naturaleza interior

Fowles no hace de la naturaleza un lugar en el que recrearse, sino que la transforma en un lugar en el que ser. Ser uno con los árboles. Ser el propio árbol.

John Fowles, profesor y escritor inglés, refleja en este El árbol, bellamente editado por Impedimenta, la importancia que la naturaleza ha tenido en su vida y en su modo de vivirla. Escrito de manera biográfica, con numerosos apuntes de experiencias que tuvo a lo largo de su niñez, destaca en él la relación que el autor mantuvo con su padre, así como también aquellos árboles que habitaban en su jardín, que se trasladaría a lo largo de su vida. En muchos aspectos, la infancia de Fowles apuntaba hacia su destino vocacional; un eco hacia aquello que consideraría importante para tomar conciencia e inspiración.

Si algo destaca en el libro es esa profunda filosofía de la naturaleza que a ratos nos acerca a las coordenadas de otros naturalistas como pudieron ser Thoreau o Whitman, por mucho que en Fowles la visión de ese entorno natural sea más clara y amena. Y es que su amor por la naturaleza resulta en cada paso y etapa vital; la naturaleza no se enseña, se nace ya con ese incipiente amor. Además, para acercarnos a ella hace falta gozar de una disposición artística, de una válvula que nos permita hallar una percepción total de aquello que es y de lo que nos puede ofrecer en todo su amplio sentido.

Fowles nos habla del arte y de su importancia en el ser humano. Es más, leyéndole podemos notar de qué manera traslada la concepción que tiene del arte a la concepción misma que tiene de la naturaleza. A esa metáfora profunda en la que el bosque, el paisaje, se entremezcla con la visión artística y literaria para la que se siente tan predispuesto. Una especie de objeción, un mirar hacia adentro y hacia afuera nos detalla la principal fuente de inspiración del libro, que es la creación. Para Fowles, la creación artística y la creación natural de los seres vivos tienden a equipararse, pese a que una esté destinada a ser y la otra esté destinada a sernos útil y didáctica. Así, el autor hace un estudio completo de ello a través de ejemplos y nos muestra como las más diversas civilizaciones han utilizado el bosque como elemento clave para el entendimiento de su folklore, sus cuentos e historias vividas.

El árbol es, prácticamente, una constatación de lo que es la historia de la naturaleza en todos sus sentidos, tanto poéticos y artísticos como histórica y antropológicamente. Un claro y extenso tratado de la vida, tanto de la natural como de aquellas experiencias que Fowles recogió a lo largo de su existencia. De hecho, cabe pensar que este es, en sí mismo, una especie en extinción, pues poca gente admira la naturaleza con esa intensidad, de una manera instintiva, tan salvaje que da hasta miedo. Alguien para quien pasear por los bosques es como respirar, a quien la ciudad no le inspira y los viajes se le hacen vacíos; que solo en la naturaleza halla la profundidad de su ser más completo. Visto así, ¿deberíamos volver a pensar en nuestra relación con la naturaleza? Al fin y al cabo, siempre ha estado ahí, no sólo para disfrutarla, sino para contemplarla. Fowles no hace de la naturaleza un lugar en el que recrearse, sino que la transforma en un lugar en el que ser. Ser uno con los árboles. Ser el propio árbol. Como bien dice, jamás podremos entender la naturaleza o la vida misma por medio de otra persona u otro árbol. Solo seremos árbol cuando empecemos a considerar que la naturaleza no está fuera de nosotros; no solo está en la tierra, en las flores, en la hierba o en el cielo, sino que también se halla dentro de nosotros. En nuestro corazón, en la mente y en el alma. Solo así nos hallaremos completos ante la vida que nos es dada.

Por Francisca Pageo

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