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Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial Cultural 2008 (Grupo Contexto)

Claire Fuller: «Escribir me resulta duro, procrastino todo lo que puedo» – Abril – 12 de abril de 2023

La británica habla con ‘Abril’ sobre cómo nació su vocación por la escritura luego de dos hijos ya mayores, un divorcio, estudios de escultura en la Escuela de Arte, muchísimos años como codirectora de una agencia de marketing y una maestría en Escritura Creativa

Cuando habla sobre sus libros, Claire Fuller (Oxfordshire, 1967) todavía parece sorprendida ante el interés de los lectores en las distintas lenguas. Será porque si su irrupción en el universo literario no fue planificada, mucho menos imaginó que en unos pocos años habría dado forma a cinco novelas que obtuvieron reconocimiento, premios y están siendo traducidas a una veintena de idiomas.

Our Endless Numbered Days (2015), Swimming Lessons (2017), Bitter Orange (2018), Unstable Ground (Costa Novel Award 2021, preseleccionada para el Women’s Prize for Fiction 2021) y The Memory of Animals (2023) componen ya una obra sólida y meteórica, cultivada en el espacio de tan solo una decena de años.

Hace unas semanas, Fuller visitó Madrid para presentar el cuarto de sus títulos, Tierra inestable, publicado por la editorial Impedimenta a comienzos de 2023. La novela narra la historia de Jeanie y Julian, gemelos que en 2019, con cincuenta años, aún viven con su madre viuda en una situación de escasez voluntaria. Aislados de toda lógica burocrática y tecnológica, se mantienen mediante trabajos básicos, una huerta y una casita prestada.

A pocas páginas de comenzada la historia, cuando la madre muera, los hijos irán descubriendo diversos secretos guardados por ella, que desatarán preguntas inquietantes y desestabilizarán sus existencias. Con una trama original, personajes sumamente reales y destreza narrativa, la novela nos sumerge en este extraño vínculo familiar sobre el que queremos conocer más, lo que mantiene la tensión de la intriga de principio a final.

Afable, de fácil sonrisa y mirada atenta, la autora habló con Abril acerca de cómo nació su vocación por la escritura luego de dos hijos ya mayores, un divorcio, estudios de escultura en la Escuela de Arte, muchísimos años como codirectora de una agencia de marketing y una maestría en Escritura Creativa.

P. ¿De qué manera ocurrió ese desvío, algo repentino, hacia la escritura luego décadas en otras ocupaciones profesionales?

R. Con mi segundo marido, nos involucramos en las propuestas artísticas de Miranda July, artista norteamericana, quien lleva el programa Try to love you more, donde propone acciones artísticas públicas y en las que puede participar cualquiera. Ella las sube a su web que a su vez forma parte del Museo de Arte Moderno de San Francisco. Una de esas actividades fue por ejemplo que mi esposo irrumpiera en una ruta de cuatro carriles con un cartel en alto que decía “Conduzca menos, camine más”, yo le tomaba la foto y luego salíamos corriendo. La sensación de animarnos a hacer cosas totalmente fuera de nuestro orden diario me entusiasmó. Luego comencé a participar en unos concursos de relatos breves en la biblioteca local, había que leerlos en público. Yo ya tenía cuarenta años, mis primeros relatos fueron malísimos pero finalmente gané con uno, me pagaron nueve libras con ochenta y siete –se ríe ante este dato tan sin importancia pero a la vez simbólico– y comprendí que me daba satisfacción no tanto el acto de la escritura como el haber conseguido darle forma a una historia.

P. ¿Cómo llegó a publicar la primera novela?

R. Fue en aquella época que decidí hacer la maestría en Escritura Creativa en la Universidad de Winchester, mientras todavía trabajaba a tiempo completo y mis hijos me requerían. Durante ese curso escribí mi primera novela y aprendí mucho sobre el universo editorial. Así llegué rápidamente a una agente que enseguida se interesó por el libro, lo envió a Penguin Random House y lo contrataron al poco tiempo. Yo no podía creer que estuviera pasando todo eso. Como de todas formas el proceso es largo, mientras esperaba poder ver el libro impreso ya estaba escribiendo mi segunda novela. Entretanto, además, siempre fui muy lectora, en esos años leía compulsivamente, leo mucho todo el tiempo.

P. ¿Quiere decir que disfruta más la obra conseguida que el hecho de escribir?

R. Efectivamente, escribir me resulta duro, tiendo a procrastinar todo lo que puedo, hasta que de pronto me doy cuenta de que se me ha escurrido el día sin producir nada y me encierro casi a última hora para avanzar en algo. Sin embargo me gusta lo que va saliendo, lo que se va armando, y me encanta el momento de corregir o editar. Quizás por haber empezado a escribir tarde es que ahora voy rápido porque sé que tengo menos tiempo. De cualquier manera, la madurez es interesante, ayuda el hecho de tener esos años de experiencia “compostados”, son un material valioso a la hora de crear.

P. ¿Nota que el mundo editorial privilegia a los jóvenes?

R. Sí, mucho, y me enoja. Entiendo que haya premios, concursos, residencias que privilegien a las minorías (por nación, color de piel, género, limitaciones de cualquier tipo), pero que el recorte se haga por edad no lo comprendo. Gran cantidad de esos programas ponen como límite los treinta y cinco años para poder participar, como si los mayores no tuviéramos incluso más inconvenientes para dedicarle tiempo al arte o la escritura.

P. ¿Cómo sabe cuándo la escritura está casi concluida y hay que editar?

R. Por lo general, ahora que puedo dedicarme a esto exclusivamente, cada día repaso un fragmento de lo escrito el día anterior y trato de producir algo nuevo, aunque sea breve. Así me aseguro de que todo haya sido revisado al menos una vez y avanzo durante aproximadamente un año y medio, luego dedico unos seis meses a repasar todo para concluirlo. No suelo tener ningún plan en ningún aspecto narrativo, solo una idea o varias ideas que se combinan y me dejo llevar de forma más bien intuitiva, voy siguiendo a los personajes, la trama se va componiendo.

P. En el caso de Tierra inestable, publicada ahora en español, ¿de qué manera apareció esta historia tan original e inquietante sobre dos gemelos de cincuenta años que aún viven juntos con la madre como si fueran adolescentes?

R. Lo que disparó la historia fue una casa rodante que descubrió mi hijo en medio de un paraje desolado en la zona rural de Inglaterra, no demasiado lejos de donde vivimos. Me llevó a verla porque en mi familia saben cuánta intriga me despiertan las casas habitadas por otras personas, me encanta explorarlas, interpretar cómo habrán pasado ahí sus días. Fuimos a verla. Estaba destrozada, tenía los vidrios rotos, todo era desolador y caótico. Me puse a pensar quién podía haber vivido ahí y por qué, así empezó la historia. Me imaginé que era una mujer de mediana edad pero entonces tenía que inventar su pasado, las razones por los que había llegado hasta ese sitio, a vivir en semejante circunstancia. Lo próximo que visualicé fue una casita humilde donde aparecía una mujer mayor en el momento de morir y alguien que la encontraba, tenía que ser una madre y quien la encontraba era un hombre, su hijo, el gemelo de Jeanie, decidí. Así se puso en marcha.

P. ¿Inventó el nombre de la región donde transcurre, Inkbourne?

R. Sí, recorrí algunos pueblos y zonas de los alrededores para encontrar el paraje donde pudiera localizar la historia con el clima que yo presentía. Fui a Inkpen, en Berkshire, porque me parece un nombre muy literario pero descubrí que era un sitio demasiado pudiente para mis personajes. También fui a otro llamado Shalbourne, en la zona de Wiltshire, que se adaptaba mejor a lo que buscaba pero preferí inventar uno mío, Inkbourne, para darle nombre al lugar en el que iba instalándose la atmósfera de mi historia.

P. Jeanie y Julius son gemelos pero reciben una educación de vida diferente, ¿es por la diferencia de género?

R. Así es. Cuando muere la madre, Jeanie asume su lugar en la casa y en la huerta, se ocupa de atender al hermano que sale a trabajar, repite características del rol materno. Ella no recibió formación escolar, es analfabeta, pasó casi toda su vida encerrada en la casa con la madre. En ese sentido me interesó un dato que recogí de algún lado sobre una costumbre alemana (mi madre era alemana) según la cual las familias tenían un montón de hijos y procuraban que quedara la hija menor al cuidado de los padres, la criaban con ese fin. Mi Jeanie es un poco así, ella no lucha por tener una vida propia, carece de curiosidad con respecto al mundo externo hasta que muere la madre y entonces se ve obligada a salir, a actuar.

P. ¿Resultó difícil, siendo escritora, ponerse en la piel de una analfabeta?

R. Fue muy difícil, todo el tiempo tenía que recordarme a mí misma que ella no sabía leer o escribir, entonces tenía que plantearme cómo se hace esto o lo otro sin esas capacidades, por ejemplo leer la etiqueta de un producto en el supermercado o salir a buscar trabajo. A partir de esta novela entré en contacto y empecé a colaborar con una fundación solidaria británica, Read Easy, que se ocupa de ayudar a los adultos iletrados. A partir de entonces, me convertí en la “madrina” del área de Winchester y contribuyo como voluntaria en la tarea de enseñar a leer a la gente, es muy estimulante.

 P. Las escenas en las que Jeanie literalmente pasa hambre y roba comida son impresionantes, ¿provienen de alguna experiencia directa?

R. Tuve que pensar qué haría si fuera ella y sintiera hambre real, algo que por fortuna nunca me tocó. Lo que hice fue intentar experimentarlo de distintas maneras, como ir a un supermercado con ocho libras y decidir qué compra uno cuando solo tiene eso por todo concepto. O ir a la cafetería del hospital público y mirar con los ojos del personaje lo que ve allí, por ejemplo, las bandejas con los restos de comida de otras personas, que entonces ella come y se lleva porque no tiene otra manera de alimentarse.

P. Esta familia vive completamente alejada de la tecnología, ¿eso los hace más libres o los acerca a la naturaleza?

R. Lo que quise es hacerles todo más difícil, porque con internet cualquier asunto se resuelve rápido, es inmediato. En cambio sin recursos tecnológicos ¿cómo consigue uno trabajo, cómo se accede a los servicios de cualquier tipo, cómo se vive hoy la vida sin el orden de lo virtual? Quise que eso funcionara como un impedimento frente a sus problemas.

P. La música es un alivio para estos personajes. ¿Se inspiró en alguna música en particular?

R. Sí, en la de mi hijo, Henry Ailing, un guitarrista acústico. Él trabajaba y tocaba su guitarra en el cuarto vecino al mío mientras yo estaba escribiendo, se acercaba a compartir impresiones sobre el tipo de música o las letras de los temas que estaba componiendo. Escribe y toca música folclórica, así que las letras de las canciones que aparecen en la novela son suyas. Me parecía adecuado que Jeanie y Julius fueran músicos folclóricos también, porque si ella no podía leer ni escribir, me interesaba que el público se sintiera muy atraído por su música. Es por eso que, de los dos, ella es la más hábil en ese sentido. Me daba cuenta de que estaba ante unas vidas desoladas, quería iluminarlas con la alegría o el placer de la música.

P. Dirige un club de lectura y participa de un club de escritura, ¿influyen estas actividades en su escritura? Dicen que a Jane Austen le servía mucho leer sus textos a su familia.

R. El club de lectura no me modifica porque justamente veo cómo un mismo libro puede ser amado y odiado por distintas personas. Pero el taller de escritura sí. Mis compañeros son mis primeros lectores y presto atención a sus devoluciones si lo que dicen coincide en parte con mi criterio o mi lógica. A veces pasa que asumen una cierta intención de mi parte que no tuve, lo interpretan de un modo que yo no había considerado, lo que me permite jugar con esa suposición ajena: si pensaron esto, puedo continuar en esa línea de especulación para cautivar más al lector y llevarlo en determinada dirección.

P. Hay autores que escriben para hurgar más en las profundidades de su propia experiencia, en asuntos de su biografía, mientras que otros escriben para entender vidas ajenas, a las que nunca llegarían si no fuera por la literatura, ¿cuál diría que es su caso?

R. La segunda, totalmente. Por supuesto que mi propia vida está en el fondo de todo lo que pienso y escribo, pero no tengo el menor interés en que eso figure de algún modo protagónico o autobiográfico, para nada. Me interesan las vidas de los otros, las que nunca conocería si no fuera como lectora o escritora. Porque además, sin querer, todos nos ponemos a juzgar sobre la vida de los demás de un modo un poco simplista: pensamos ¿por qué vive en la calle, por qué se droga, por qué no lo deja? Y esa es justamente la dificultad, estar en ese lugar y padecer ciertas situaciones, a veces más allá de nuestra voluntad. Ver con sus ojos, sentir con sus cuerpos solo es posible ingresando en esos universos a través de la literatura.

—Mariana Sández, Abril, 12 de abril de 2023