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Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial Cultural 2008 (Grupo Contexto)

‘Tierra inestable’: los estratos de la vida en los márgenes – La Lectura – 2 julio de 2023

Un parto múltiple diferido es aquel en el que, sea de forma natural o por criterio médico, los bebés nacen con días de diferencia. Eso les ocurrió a los protagonistas de esta Tierra inestable, y esa asincronía parece acompañarlos durante toda su infancia y también en su vida adulta. La muerte de su madre, Dot, parte muy responsable de la falta de simultaneidad en el desarrollo vital de sus dos hijos, altera ese atávico reparto de papeles e irrumpe con un espíritu casi gatopardiano en unas vidas que, de repente, anhelan que algo sea distinto, aunque la esperanza sea, realmente, la de que todo siga igual.

El retrato que Claire Fuller (Oxfordshire, 1967) hace de la vida de los mellizos Jeanie y Julius Seeder en una zona rural del centro de Wiltshire (el condado donde está ubicado Stonehenge, y no parece una decisión absolutamente caprichosa viendo la importancia de lo arqueológico, de los yacimientos, en su historia y la de su madre) tiene algo, en la historia pero también en el tono, que parece más estadounidense que inglés. Aun con el Brexit de fondo, hay en los dos hermanos y en su forma de vida una soledad radical, una desvinculación del mundo moderno (mucho más acusada en el caso de Jeanie, quien, además, apenas aprendió a deletrear), una marginalidad de ese aparato administrativo del «estado social» que sabe que existen pero no sabe qué hacer con ellos y por el que les cuesta dejarse ayudar, una autosuficiencia que parece más propia de otras latitudes.

El psicólogo ruso Lev Vygotsky planteó que el desarrollo de los humanos únicamente puede explicarse en términos de interacción social y que ese desarrollo se produce a partir de la interiorización de instrumentos, como el juego o el lenguaje, que nos transmite el grupo al que pertenecemos. Puede que existan sistemas innatos, explicables a partir de la biología, pero sólo lo social, entremezclado con la naturaleza, nos ayuda a evolucionar y a percibir las emociones.

¿Cómo lo ha hecho, entonces, Jeanie, con una socialización muy básica, analfabeta funcional que sólo intuye las letras? La vinculación familiar con el folk y sus instrumentos típicos, que le ha permitido desarrollar un nuevo lenguaje, aprender a tocar instrumentos y a cantar, parece dar la razón al ruso, pues algo externo y simbólico, como la música, ha sido interiorizado por la mujer a lo largo de las décadas, aunque sea para relacionarse con un mundo que no entiende. Porque, como indica el Diccionario Oxford de la Música, la «música folclórica», esa que es «lo que la gente canta», es «vista como la expresión auténtica de una forma de vida ahora pasada o a punto de desaparecer (o en algunos casos, para ser preservada o revivida)». Exactamente lo que les ocurre a Jeanie y Julius, enfrentados, a ritmo de folk, al final de sus puntos de referencia vitales, buscando su sitio en un territorio que desaparece bajo sus pies.

Si el relato viene apuntalado por una serie de acontecimientos que se van diseminando en la novela (la muerte del padre, cómo se acentúa la precariedad económica familiar desde entonces, la enfermedad de Jeanie, el aislamiento de su vivienda), los desencadenantes de la historia se acumulan en unas pocas semanas, hasta un desenlace que tiene algo de Deus ex machina y que fuerza un abrupto final cuasi feliz. Aun así, Fuller despliega un oficio que permite ver evolucionar a los personajes de los dos hermanos, y sobre todo de Jeanie, a quien vemos desarrollar emociones y, sobre todo, habilidades psicológicas mucho más sofisticadas de lo que se podría prever. Llama la atención cómo una mujer apartada de los demás por su «corazón débil» es, al final, capaz de avanzar por los siempre extraños caminos de la amistad, y de esos conceptos tan devaluados por la jerga política y la autoayuda, la resiliencia y la asertividad.

Se suele decir de los hermanos mellizos que la vinculación indiscutible de la gestación común se atempera por el hecho de su individualidad genética. Tierra inestable nos enfrenta al momento en que, sin desearlo, dos personas se ven obligadas a ocupar su propio espacio de forma repentina, un espacio lleno de secretos enterrados por el tiempo, la pobreza, el miedo y la culpa, estratos geológicos de unas vidas vividas casi al margen de la sociedad.

—Carmen de Pascual, La Lectura, 2 julio de 2023